Es tiempo de Bicentenarios desde que se fundó la Patria.
Le toca ahora, a lo que fue la Asamblea de 1813.
Año importantísimo para la liberación.
Como sabemos, hay historiadores de un lado y del otro, o
sea, que no es fácil obtener objetividad, pues incluso los hechos o son
tergiversados, o vistos con diferentes cristales y pareciera ser que lo bi, es
un estigma en nuestro derrotero histórico.
¿Seremos bipolares los argentinos?
Dicen que la independencia de Venezuela, en 1811, influyó
decididamente en el Río de la Plata. De tal manera que la Logia Lautaro, que
fue el alma del tiempo que se inauguraba, acogió la idea de un pronunciamiento
por la emancipación con entusiasmo, al igual que la Sociedad Patriótica,
reorganizada por Monteagudo.
Así las cosas, el programa de la Asamblea a reunirse quedó
sintetizado en dos palabras: independencia
y constitución.
Hoy, doscientos años después, Argentina, Venezuela y los
países integrantes de la América del Sur, intentan una vez más, desprenderse de
otro dominio, de otra opresión, de otro imperio.
Y al igual que entonces, contra quienes, desde adentro, le
hacen el juego a un enemigo poderoso, atentando contra los intereses, contra lo
que nos pertenece, contra lo que es nuestro:
La Independencia, la Constitución. Y la Libertad, claro es.
Los primeros pasos de la Asamblea muestran con claridad una
fuerte tendencia a obviar el nombre de Fernando VII, a proclamar la
Independencia y a dictar una Constitución. Pero la caída de Napoleón, las
derrotas de Vilcapugio y Ayohuma y el retorno de Fernando VII al trono de
España los hizo retroceder en sus impulsos. Ante esto, surgieron dos grupos
dentro de la Logia Lautaro:
El General José de San Martín nucleó a un sector reducido
de diputados que lucharon por la proclamación de la Independencia y por la
redacción de una Constitución.
El General Carlos de Alvear, que agrupó en torno suyo a un
número mayor de diputados, quienes en vista de los sucesos prefirieron
postergar todo lo referente a la Independencia y la Constitución.
O sea, que comenzábamos a ser dos partes. Unos queriendo y
otros postergando.
- La Asamblea: se proclama soberana,
- Delega funciones ejecutivas en el
Triunvirato y en su juramento desaparece la fidelidad a Fernando VII,
- Ordena la acuñación de la primera
moneda patria (en plata y oro) y su sello será adoptado luego como Escudo
Nacional,
- Declara la independencia de toda
autoridad eclesiástica fuera del territorio,
- Dispone la abolición de tormentos y la
libertad de prensa,
- Dispone la libertad de vientres, lo
que significaba la libertad para todos los hijos de esclavos nacidos en el
territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata a partir del 31 de
enero de 1813,
- Dispone la extinción del tributo, de
la mita, el yanaconazgo y toda forma de servicio personal, que afectaba
sobre todo a los indios,
- Dispone la supresión de títulos y signos de nobleza y la eliminación de los mayorazgos
Todo esto, revolucionario.
La pregunta que me hago, es qué nos pasa a los argentinos,
que 200 años después, seguimos debatiendo casi las mismas cosas, aunque
algunas, con distinto nombre.
Y esos enemigos internos que siempre, pero siempre,
prefieren lo otro, lo que no es nuestro, lo que los de afuera dictan.
La Asamblea General Constituyente se reunió el 9 de enero
de 1813.
200 años después, o sea el 9 de enero del 2013, llegará al puerto de Mar del Plata, la
Fragata Libertad, luego de un intento de piratería organizado por lo que se dio
en llamar fondos buitres, pero, como corresponde a esta nueva época por la que
estamos transitando los argentinos, a esta Energía Sudamericana, Ella vuelve,
haciendo honor a su nombre. Vuelve Libre.
Así comienza este año 2013.
Buen Augurio.
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