Ahora, cuando se cumplen 40 años desde “aquel año”,
recuerdo esa época, a pesar del tiempo ya transcurrido, con notoria claridad,
amén, por supuesto, de algunos detalles que ya se han ido; pero la estructura,
el armazón de aquellos años, están en mí: la memoria, el recuerdo, los afectos,
las pérdidas y lo que implicaba ser un militante que esperanzaba en cambiar el
destino de lo que consideraba una ignominia, un oprobio, un horror sistematizado
por los poderosos que siempre han pretendido quedarse con todo, a costa del
otro todo que es el pueblo.
Aquel y aquellos años, dominaban la conciencia popular. Se
militara o no en algún partido político, sindicato u organización armada, había
una sensación de militancia que se respiraba en todos lados. Liberación o dependencia, decíamos y
escribíamos en las paredes de Buenos Aires. Sabíamos que había un pueblo de
dolientes, desheredados de futuro. Incluido el nuestro, claro.
En el ambiente, había olor a Primavera, que tapaba el otro
olor de la podredumbre, al que nos tenían acostumbrados desde casi siempre los
“dueños del poder”, porque esos tipos son más insignificantes que las personas
que ellos consideran insignificantes.
Más había dolor, muertes, traiciones y estaban aquellos que
apostaban a consolidar el poder de los poderosos, aprovechando confusiones,
desinformaciones y todo lo que se hace para que así sea.
Hubo elecciones. Cámpora, el candidato del Frente Popular,
fue votado por casi seis millones de ciudadanos y quien le seguía, Ricardo
Balbín, dos millones y medio.
O sea, que estaba bien claro lo que el pueblo quería y
pedía.
El 25 de Mayo, el dictador Lanusse le entrega la Banda
Presidencial al Presidente Héctor Cámpora.
Y qué acontece. En el Ministerio de Bienestar Social, se
estaba gestando lo que sería luego la masacre de los argentinos. Allí comenzó a
tomar fuerza la llamada Triple A (Asociación Anticomunista Argentina) que
serían las fuerzas parapoliciales que se encargarían de asesinar a militantes
de izquierda, a militantes del campo de la cultura y a todo aquel que intentara
de algún modo, proponer una ideología que no fuese la que ese grupo quería
imponer a sangre y fuego: una ideología de la más recalcitrante derecha, que
desembocaría en el golpe militar del ’76, con lo que ya todos sabemos operó en
Argentina, aunque, con conexiones en distintos países de América del Sur, que,
por mandato del imperio, debían imponer un plan económico neoliberal y detener
todos los intentos revolucionarios.
El Gobierno de Héctor Cámpora duró 45 días y él tuvo que
exiliarse, luego, en la Embajada de México.
Ahí comenzó otra historia.
Treinta años después, o sea en el 2003, pasada la tremenda
crisis de los años 2000-2001-2002 cuando quedaron 39 muertos asesinados en las
calles por la represión policial; el pueblo salió a las calles a decir
un basta profundo.
De La Rúa, último presidente constitucional, había huido en
un helicóptero, de la Casa de Gobierno.
Luego de ese acontecimiento, hubo cinco presidentes en una
o dos semanas y finalmente, se hizo cargo de la presidencia Duhalde, hasta las
elecciones que, con apenas el 22% de los votos, ya que el adversario inmediato
no se presentó a la segunda vuelta, obtuvo la Presidencia, Néstor Kirchner.
Desde su gobierno comenzó a proponer y a gestionar de
manera tal, que mostraba, decididamente, un cambio de paradigma, un nuevo
Modelo de país, con una economía que ya no decidían las grandes corporaciones,
los grandes grupos económicos, sino que estaba supeditada a la política, algo
que no se había visto en años y años. O sea, instaló una Política Económica.
Pero… como siempre ese pero nefasto. Los grupos económicos,
comenzaron su tarea de limado, de escarbado para que se desmoronaran los cimientos
que se estaban construyendo.
Pero… también hay otro pero. Esos grandes grupos, no
tuvieron en cuenta o evaluaron mal sus intervenciones, pues la gestión de
Kirchner comenzó a prender en el pueblo, comenzaron a acercarse al fuego del
cambio miles y miles de compatriotas de distinta extracción ideológica y así se
fue construyendo lo que hoy es otra militancia, otras ganas, otras alegrías.
Y este fervor, convertido en fuerza, mantiene a raya a los
indeseables que, como otrora, pretendern desestabilizar, perturbar y frenar esta
alborada transformadora.
La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, ha sido
elegida en segundo mandato, con el 55% de los votos, a 20 puntos de su
adversario más inmediato.
Siento, 40 años después, que ingresamos en una zona de reparación
histórica y duradera.
© Helios Buira
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