Se me hace pensar que aquellas personas que fueron llamadas a realizar grandes acontecimientos, solos o acompañados, pueden explicarse solamente dentro de los límites de su tiempo.
Creo que luego, en el después, nuestra imaginación y lo que nos han dicho los historiadores, nos hacen dotar a esas figuras, algunas inmortales, con cualidades que tal vez, en su momento, jamás hayan demostrado.
Claro, a la vez, muchos de estos grandes personajes, puede que hayan sido ignorados por sus contemporáneos, algo que me permite pensar en el tremendo destino que les ha tocado: por un lado, ignorados en su tiempo y por el otro, sus existencias, tergiversadas, o mal interpretadas, o lo que es peor, inventadas a través de extrañas fantasías que la posteridad fue acumulando en el tránsito temporal.
Partiendo de ese sentir, entonces, puedo pensar que la tradición, algo supuestamente estático, se sostiene por la suma de fantasías, modificaciones o errores que se van acumulando en el futuro de aquellos acontecimientos, o de aquellos personajes.
¿Será que así se engendra la imagen y el mito?
Si se considera que el mito es una historia o un relato nacido como una expresión vinculada a lo sagrado (o a lo importante de una época) y luego, al pasar el tiempo, comenzó a tratarse como una “verdad ficcional” vinculado a la creencia, se puede decir entonces que lo dicho anteriormente, se emparenta con el mito.
¿Cuándo la fantasía se habrá hecho colectiva? ¿En qué momento del tránsito de la especie humana en el planeta se habrá comenzado a pensar y mencionar las cosas que no se ven, pero que se “dicen” y se las da por verdaderas?
Tal vez el arte esté más cerca de las certezas para contar los hechos,
Tomemos por ejemplo, lo que acontecía en España y lo que hacía Francisco Goya:
En 1808, la invasión de España por las tropas napoleónicas colocó al artista en una situación delicada, ya que mantuvo su puesto de pintor de corte con José Bonaparte. Pese a todo, no se privó de plasmar los horrores de la guerra en obras como El 2 de mayo y Los fusilamientos del 3 de mayo, que reflejan los dramáticos acontecimientos de aquellas fechas en Madrid. Además, en los sesenta y seis grabados de Los desastres de la guerra (1810-1814), dio testimonio de las atrocidades cometidas por los dos bandos y acentuó visualmente la crueldad de la guerra como protesta contra ella lanzada a la posteridad.
Cada historiador, da su versión de los hechos.
Pero Goya pintó eso que está ahí, eso que duele, que da testimonio y que así ocurrió.
Luego él mismo, se verá inmerso en el mundo de la imaginación colectiva, de la fantasía de hechos sobre su existencia.
Unos dicen que murió loco, otros que sufrió la recaída de una misteriosa enfermedad que en 1792 lo había dejado completamente sordo. Ello, unido a su nueva vida en soledad en la Quinta del Sordo, casa solariega que había comprado poco antes, debió de contribuir a la exacerbación imaginativa de que el artista dio muestras en la decoración de su nueva vivienda: catorce murales de gran tamaño con predominio de los tonos marrones, grises y negros, sobre temas macabros y terroríficos.
Y esta maravilla:
“Habiéndose llevado a cabo la exhumación y reconocimiento de los restos mortales del insigne pintor Don Francisco de Goya con las debidas formalidades, observamos que abierta la tumba nos encontramos en presencia de dos cajas, una de las cuales estaba forrada de zinc, y la otra de madera sencilla sin ninguna placa ni inscripción exterior, y ambas de igual longitud, por lo que procedieron a abrirse ambas. En la que estaba forrada de zinc se encontraron los huesos completos de una persona, y en la otra estaban todos los huesos de un cuerpo humano, excepción hecha de la cabeza que faltaba por completo, lo que no dejó de sorprendernos grandemente a todos los allí presentes. Y precisamente todo induce a creer que los huesos encerrados en esta última caja son los de Goya por ser los huesos de las tibias mucho mayores que los contenidos en la caja de zinc y además por haberse encontrado en ella restos de un tejido de seda de color marrón, que deben ser los del gorro conque se presume fue enterrado Goya, así como por estando más próxima de la entrada del caveau debió ser la última que en él se colocó. No habiéndose encontrado en la caja de madera traza alguna de que hubiere sido abierta ni la mandíbula inferior ni diente alguno, todo induce á creer que á Goya lo enterrarían decapitado, bien por un médico o por algún amador furibundo de notabilidades.”
O sea, que también lo decapitaron.
Entonces: Hoy, años después, hablar de lo acontecido durante los fusilamientos, con el horror que eso implica, sólo la imaginación nos lleva a una narración. Y esto, no es una certeza de lo que allí aconteció, como tampoco todo lo que se diga sobre la decapitación o no, de ese inmenso creador que fue Don Francisco de Goya y Lucientes.
Pero sí lo es su pintura.
© Helios Buira
Creo que luego, en el después, nuestra imaginación y lo que nos han dicho los historiadores, nos hacen dotar a esas figuras, algunas inmortales, con cualidades que tal vez, en su momento, jamás hayan demostrado.
Claro, a la vez, muchos de estos grandes personajes, puede que hayan sido ignorados por sus contemporáneos, algo que me permite pensar en el tremendo destino que les ha tocado: por un lado, ignorados en su tiempo y por el otro, sus existencias, tergiversadas, o mal interpretadas, o lo que es peor, inventadas a través de extrañas fantasías que la posteridad fue acumulando en el tránsito temporal.
Partiendo de ese sentir, entonces, puedo pensar que la tradición, algo supuestamente estático, se sostiene por la suma de fantasías, modificaciones o errores que se van acumulando en el futuro de aquellos acontecimientos, o de aquellos personajes.
¿Será que así se engendra la imagen y el mito?
Si se considera que el mito es una historia o un relato nacido como una expresión vinculada a lo sagrado (o a lo importante de una época) y luego, al pasar el tiempo, comenzó a tratarse como una “verdad ficcional” vinculado a la creencia, se puede decir entonces que lo dicho anteriormente, se emparenta con el mito.
¿Cuándo la fantasía se habrá hecho colectiva? ¿En qué momento del tránsito de la especie humana en el planeta se habrá comenzado a pensar y mencionar las cosas que no se ven, pero que se “dicen” y se las da por verdaderas?
Tal vez el arte esté más cerca de las certezas para contar los hechos,
Tomemos por ejemplo, lo que acontecía en España y lo que hacía Francisco Goya:
En 1808, la invasión de España por las tropas napoleónicas colocó al artista en una situación delicada, ya que mantuvo su puesto de pintor de corte con José Bonaparte. Pese a todo, no se privó de plasmar los horrores de la guerra en obras como El 2 de mayo y Los fusilamientos del 3 de mayo, que reflejan los dramáticos acontecimientos de aquellas fechas en Madrid. Además, en los sesenta y seis grabados de Los desastres de la guerra (1810-1814), dio testimonio de las atrocidades cometidas por los dos bandos y acentuó visualmente la crueldad de la guerra como protesta contra ella lanzada a la posteridad.
Cada historiador, da su versión de los hechos.
Pero Goya pintó eso que está ahí, eso que duele, que da testimonio y que así ocurrió.
Luego él mismo, se verá inmerso en el mundo de la imaginación colectiva, de la fantasía de hechos sobre su existencia.
Unos dicen que murió loco, otros que sufrió la recaída de una misteriosa enfermedad que en 1792 lo había dejado completamente sordo. Ello, unido a su nueva vida en soledad en la Quinta del Sordo, casa solariega que había comprado poco antes, debió de contribuir a la exacerbación imaginativa de que el artista dio muestras en la decoración de su nueva vivienda: catorce murales de gran tamaño con predominio de los tonos marrones, grises y negros, sobre temas macabros y terroríficos.
Y esta maravilla:
“Habiéndose llevado a cabo la exhumación y reconocimiento de los restos mortales del insigne pintor Don Francisco de Goya con las debidas formalidades, observamos que abierta la tumba nos encontramos en presencia de dos cajas, una de las cuales estaba forrada de zinc, y la otra de madera sencilla sin ninguna placa ni inscripción exterior, y ambas de igual longitud, por lo que procedieron a abrirse ambas. En la que estaba forrada de zinc se encontraron los huesos completos de una persona, y en la otra estaban todos los huesos de un cuerpo humano, excepción hecha de la cabeza que faltaba por completo, lo que no dejó de sorprendernos grandemente a todos los allí presentes. Y precisamente todo induce a creer que los huesos encerrados en esta última caja son los de Goya por ser los huesos de las tibias mucho mayores que los contenidos en la caja de zinc y además por haberse encontrado en ella restos de un tejido de seda de color marrón, que deben ser los del gorro conque se presume fue enterrado Goya, así como por estando más próxima de la entrada del caveau debió ser la última que en él se colocó. No habiéndose encontrado en la caja de madera traza alguna de que hubiere sido abierta ni la mandíbula inferior ni diente alguno, todo induce á creer que á Goya lo enterrarían decapitado, bien por un médico o por algún amador furibundo de notabilidades.”
O sea, que también lo decapitaron.
Entonces: Hoy, años después, hablar de lo acontecido durante los fusilamientos, con el horror que eso implica, sólo la imaginación nos lleva a una narración. Y esto, no es una certeza de lo que allí aconteció, como tampoco todo lo que se diga sobre la decapitación o no, de ese inmenso creador que fue Don Francisco de Goya y Lucientes.
Pero sí lo es su pintura.
© Helios Buira
No hay comentarios:
Publicar un comentario