sábado, 19 de enero de 2013

LA BÚSQUEDA. LA NOVELA Y FERNANDA.

60

Pasados unos cuantos días de dolores, recuerdos, nostalgias, me levanté de la cama, me vestí, fui a la cocina, preparé unos mates, me senté en el banquito y mientras sorbía la infusión, cavilaba sobre la cuestión de la novela, si tenía sentido insistir, si en verdad no era un acto egocéntrico, o una competencia con mis amigos escritores, sobre todo después de que aquel infeliz me dijera: “Vos sos escultor, ¿cómo vas a escribir una novela?” cuando hice el comentario en casa  de Marcelo Caruso, sobre que tenía ganas de hacerlo y le respondí que muchos artistas cultivaron al menos, dos disciplinas diferentes; podría mencionar a Kokochka, a Günter Grass y a tantos otros. “¿Té comparás?” me dijo el infeliz y respondí que no, que solamente era un ejemplo, que hay artistas a los que con una sola manera expresiva no les alcanza para decir lo que quieren decir. Y agregué cuál es la diferencia que hay entre un cóncavo y un convexo de una escultura, o el grave y el agudo de la música, contrastes que hacen al ritmo de la obra, a la composición, al equilibrio y si en una novela no sucede lo mismo.
Todo esto cavilaba mientras sorbía el mate y Schumann acompañaba desde la Radio Clásica. Me levanté de un salto, dejé todo como estaba, tomé la carpeta con los borradores y fui a un bar para leer, para seguir anotando. A la vez, decidí llamar a Fernanda para que viniese y así, contarle lo que estaba proyectando.
Vino. Pedimos cortados, ella algo sorprendida por mi llamada apresurada. Le conté que estaba intentando escribir una novela, le dije que tenía los borradores en la carpeta y que necesitaba leérselos para que me diese una opinión. Me miró con ojos y cejas de asombro, tomó el cortado y sonriendo algo tímida, dijo que ella no sabía si en verdad podía ayudarme con palabras, porque creía que no estaba preparada. Vamos… le respondí. He leído tu libro de cuentos, sé sobre lo que estás escribiendo, Fernanda.
Creo en ella, en su talento de escritora. Comencé a leer en voz alta; escuchaba con atención y cada vez que yo detenía la lectura, podía observar en su rostro gestos de aprobación. Esto me agradaba y me permitía continuar. En un momento di por terminada la lectura. Un breve silencio de su parte.
-Helios. Me agrada, me emociona.
-Uy, gracias… dije.
Le comenté cuál era el proyecto, aclarándole justamente, el nudo de mis indecisiones; no sabía cómo darle orden a todo eso que tenía anotado.
Sonrió y en voz baja, suavemente como es su manera de hablar, dijo que sentía como que se lo estaba contando a alguien, que siguiera de esa manera, pero que a la vez podía verlo también como un diario de anotaciones, en el que yo contaba todo eso que podía contar.
Respondí que tal vez, la manera, sería una narración hacia alguien, pero por momentos, con característica de diario. Me interesaba y me agradaba. Hice aclaración que me sería muy difícil, pero iría en pos de esa construcción.
Pedí otros cortados antes de despedirnos, mientras hablamos de otras cosas, le pregunté por Fernando, me dijo que no estaba bien, que la última escultura que hizo lo dejó mal, quedó como vacío. Dije que le escribiría y cuando lo viera, le diera un fuerte abrazo, lento y apretado desde mí.
Volví al taller, preparé nuevamente mis mates, busqué entre los discos La Pasión según San Mateo, preparé el clima, encendí un sahumerio cerré los ojos y escuché esa belleza cósmica durante tres horas.

El encuentro con Fernanda me dejó inquieto, perturbado, porque pensándolo bien, agregaba otro interrogante a los que ya me acompañaban y en cantidades numerosas.
¿Cómo encarar ahora la posibilidad de narrar esto como si se lo contara a alguien, o escribirlo como si fuese un diario personal, con varios capítulos bocetados y el proyecto de la búsqueda del narrador bastante avanzado? Se me hacía casi imposible modificar la estructura de lo que ya había concebido. Pensé en dejar todo por un tiempo, como hago con las esculturas, para que madurara por sí misma, pero esto no seducía a mis ganas de escribir. Claro que no es cuestión de ganas, solamente.
Dejé.

© Helios Buira

No hay comentarios:

Publicar un comentario