He sido testigo
de muchas expresiones, algunas por momentos dirigidas a mí, pero en los años
que he trabajado en el Centro Cultural Recoleta, a quienes allí exponían sus
obras, escuché cómo les declamaban cumplidos que, seguramente, por ello, el artista, se sentía
desalentado porque todo ese decir a su persona o a su obra, era de una
liviandad fenomenal. Claro, quienes ofrecían los halagos, creían que se trataba
de lo más profundo que se le puede decir a un artista cuando expone sus obras.
Todo, dicho en
un marco de sonrisas, movimientos de manos y cabezas que acompañaban las
certeras frases, a la vez que la acostumbrada copita del brindis.
Esto me
recuerda a un texto de Luis Gruss, cuando escribió una breve nota para opinar
sobre una de mis muestras, que decía: “Para los que están cansados de recorrer
galerías de arte donde sirven buen vino y saladitos -cualquier cosa menos arte
en serio, cualquier cosa menos esfuerzo- la propuesta es simple: llegarse hasta
el Centro Cultural Recoleta, y ver los bocetos y las esculturas de un señor
barbudo llamado Helios Buira.”
Y seguía Gruss
hablando sobre mí, pero ese no es el tema que quiero exponer aquí; utilizo su
texto, para reforzar lo dicho en el comienzo.
La cuestión es
que, estando presente en la inauguración de uno de los artistas serios y de
buena obra, ingresa una amiga y le dice: “¡Qué bien se te ve, me gusta cómo estás
vestido!” (juro que fue así) La cara del artista, tenía una sonrisa parecida a
la de La Gioconda, que nunca se sabe bien cuál es su significado, pero yo pude
apreciar que desde sus ojos salían rayos destructores hacia el centro del los
de su amiga.
En otra
muestra, también durante el día inaugural, esta vez, una pintora que exponía
sus trabajos y la amiga que le dice: “¡Qué bien te sienta ese vestido,
fulanita. Hace juego con algunos de tus cuadros!” El vestido era de color
amarronado, o sepia, o tabaco y sí, algunas de sus pinturas estaban compuestas
por una paleta cálida con algunos tierras, pues su temática se relaciona con lo
americano y la artista consideró esos colores para expresar su sentir.
Otros halagos
“¡Qué inteligente es tu amiga!” También… “Me encantan los marcos de tus obras”
Y el mejor, fue éste: “Aquella pintura, la que tiene el fondo verde, quedaría
bien en mi living, haría juego con las cortinas” Aquí fui testigo de que luego
de esa frase, la mujer que la pronunció, le dijo al artista que se la compraba.
Juro, recontrajuro que él le dijo: “Por qué no te vas a la mierda”. La mujer se
retiró ofendida. Puedo suponer que la amistad quedó trunca.
Podemos
apreciar, también, que esos elogios, son dichos en el mismo tono y con los
mismos gestos, a cuanto artista se encuentran por el camino.
El hombre, es
un ser inquieto, que en sus búsquedas, quiere conocer. Necesita explicarse las
cosas; quizás, porque sabe de su finitud y de esta manera, tal vez, mitigue la
angustia cósmica que lo abarca. Busca explicaciones de sí y del mundo que lo
rodea.
El artista
espeja esa búsqueda.
Desde el
misterio del arte, es que el artista se explica a sí mismo y explica el mundo a
través de lo que el hombre de las cavernas hacía por medio de la magia; por
ello, he dicho en algún momento: “El arte, ante todo, magia”.
¿Es irracional
la magia? No. Porque si el cavernícola se explicó los acontecimientos y el
mundo que lo rodeaba atravesado por ella, quiere decir, que desde allá venimos
y de no haber sido así, hoy no estaríamos sobre el planeta.
El artista,
como aquellos magos, es también una gran fuente de conocimientos. Y las
ciencias, son los diferentes caminos para llegar a ese conocer, a ese saber.
Primero, estuvo
el arte. Después vino todo lo demás.
Claro, al ir
degradándose el lenguaje, las palabras comenzaron a ser cada vez más débiles,
así como la capacidad de sentir y de asombrarse ante las obras de los artistas.
Por ello, al
llegar a la sala donde exponen sus obras quienes se expresan en el mundo del
arte, se pueden escuchar palabras como "bonitas", "espectaculares", "simpáticas", "divertidas" y muchas otras del mismo tenor, para cualificar las obras que allí
se exponen.
Así nos va.
© Helios Buira
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