Contenido y forma, son inseparables dicen algunos
pensadores del arte.
Y otros agregan que luego de la imagen pudo gestarse la
idea, la ciencia o la filosofía. Y quien más cierra este concepto es Herbert
Read, diciendo: «Si el artista no crea, el filósofo no piensa»
Read llega a esta conclusión a través de sus estudios del
arte neolítico teniendo en cuenta la facultad de abstracción que se supone una
característica propia de la especie humana.
Para que esto suceda, el artista del neolítico, al
trasladar una forma aislándola de su función práctica y plasmándola en la
piedra, dentro de la cueva, genera, lo que hoy decimos “fuera de contexto”, y
que no es otra cosa que la expresión artística de la cual, luego de aquellas
primeras manifestaciones, devino todo el intelecto para darle otras formas en
el universo teórico.
En los tejidos, (cestería o paños) por ejemplo, el diseño
está dado por el material que se usa y allí se dan formas geométricas por las
limitaciones que ese material propone. Ahora, si ese mismo diseño es trasladado
a otras superficies, como ejemplo la cerámica, se trata de una abstracción,
puesto que la forma ha sido aislada de la práctica, de la función y del material
que lo originaron.
Otra vez Herbert Read:
«No digo, que la
forma y el contenido tuvieran que diferenciarse conscientemente, ya que no hay
necesidad de que intervenga un intelecto consciente en esta etapa. Bastaría una
intuición de la forma».
Quiere decir que esta intuición fue posible a través de la
práctica estética que me llevó a expresar en otros textos, que primero,
aquéllos, los de hace milenios hicieron las cosas que hicieron y a posteriori,
se comenzó a hablar de ellas, a escribir sobre ellas, iniciándose así, la
noción, idea, o concepto del contenido y la forma, cosa que uno puede concebir
que desde allá, desde aquellas imágenes, comenzó el desarrollo de la cultura.
Dentro de la cultura, todo. En el tiempo.
Quizás, sea en el Renacimiento que se le da al artista la
categoría de creador, pero, mi concepción sigue adherida a que el Primero, el
cavernícola, es el verdadero y desde él, todo lo demás. A tal punto, que
pasados milenios y el hombre ya inmerso en las ideas, habiendo tomado la
geometría como ciencia, los renacentistas concibieron sus obras basados en las
proporciones que esa ciencia les dictaba. Claro, no podían escapar a la
cuestión emocional y es por ello que crearon bellezas. Pero siempre, es
después. Nunca antes. Sin lo anterior, no hay Renacimiento.
Volviendo a los tejidos, a las formas que decoraban las
cestas, se puede decir que desde ellas, es que se llega a la ciencia de las
geometrías, cosa que confirma lo dicho anteriormente, que el artista del
renacimiento, volcó ideas elaboradas en la antigüedad.
Aquí debo decir que las formas y los contenidos del
Renacimiento, fueron puerta para que por ella ingresaran nuevas ideas, nuevas
maneras de ver el mundo, pues el artista se expresa a través del inconsciente y
es allí donde se producen las “visiones”.
Acerco a Jung:
«La experiencia me
ha enseñado que cuando se tiene algún conocimiento de la psicología onírica,
fácilmente se sobrevalora lo inconsciente, lo cual disminuye la energía
consciente. Pero lo inconsciente sólo funciona satisfactoriamente cuando la
conciencia cumple su tarea hasta el límite de sus posibilidades. Un sueño
puede, quizá, completar lo que todavía falte, o seguir ayudaqndo donde el mejor
esfuerzo ha fracasado. Si lo inconsciente en realidad se hubiera superpuesto a
la conciencia, ya no se vería en absoluto dónde estaría la ventaja de
conciencia o por qué, en última instancia los fenómenos de la conciencia han
resultado necesarios»
Pero creo que en el artista, es la inconsciencia la que le
propone y obliga a la conciencia a redoblar esfuerzos para plasmar la obra que
mostrará un tiempo presente, o el pasado (Guernica, por ejemplo) y por qué no,
adelantándose al futuro, como en Las damas de Avignon, donde el inconsciente de
Picasso, en 1907, muestra la fragmentación del hombre, del hombre que vendría
luego, por ejemplo, en 1914 con la primera guerra mundial y luego de ello, el
desastre.
Tomo también, como ejemplo de futuro en el artista, El
Grito, de Munch, obra realizada en 1893, o sea, siete años antes del comienzo
de otro siglo y catorce años antes que Picasso concibiera Las Damas de Avignon.
Entre ambas fechas, se suman catorce años. O sea, los que van desde el inicio
del siglo XX, hasta la primera guerra mundial.
Conscientes e inconscientes.
© Helios Buira
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