sábado, 12 de enero de 2013

LAS PREGUNTAS, EL ARTE, LOS CRÍTICOS Y ALGO MÁS.

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Y pregunto: ¿El artista debe tener conciencia de sus ideas al momento de transmitirlas, sea en una tela, con el volumen, textos, o sonidos? O por el contrario, no tiene esa conciencia y entonces todo su hacer se manifiesta en el misterio, pues las ideas no llegan a la obra con la reflexión, sino que se introducen en ella velozmente, como para que él no logre captarlos en el momento del pasaje o del tránsito que será contenido, expuesto en una forma.
Sería como que la verdadera comprensión, sólo existe en el trabajo del artista. La obra terminada.
Claro, luego vendrán los críticos y pretenderán darle “validez” a esas obras, como si ellos tuviesen la potestad sobre la decisión de quiénes serán los artistas que se prolonguen en el tiempo, junto con sus obras.
Y se hacen grandes catálogos acerca del arte argentino, mencionando a los artistas que subjetivamente los críticos mencionarán en la data.
Hay autores que consideran que hay artistas ahistóricos, definiéndolos como que no “aportan” nada y que por eso están fuera del tiempo. ¿De cuál tiempo?
Porque hay artistas que salen en las tapas de revistas especializadas y me consta que por figurar en ellas, pagan buen dinero. Esas mismas revistas, venden las páginas de manera completa, o dividida al medio, o en cuatro y cada tamaño tiene un valor diferente.
Entonces… ¿son representativos esos artistas, verdaderamente del arte de su tiempo?
Hay un libro cuyo título es: “40 escultores argentinos”. Cada uno de esos escultores, figura con un texto escrito por un crítico y la impresión de cuatro o cinco fotografías de sus obras. Figurar en él, tenía un valor en dinero, bastante importante.
Antonio Pujia, cuando fueron a verlo quienes estaban organizando la impresión del libro, les dijo (ante la mención del costo por figurar allí), que ellos, tendrían que pagarle a los artistas, pues luego, una vez editado, lucrarían con la venta y les pidió que se retiraran de su taller.
Antonio Pujia no figura entre los 40 escultores argentinos, o sea, quienes adquieran en libro, si no reciben información por otros medios o si no están vinculados al mundo del arte, jamás sabrán que en Argentina hay un escultor que se llama Antonio Pujia, como tampoco, muchos, muchísimos, que allí no figuran.
Esos 40 escultores: ¿son verdaderamente representativos del arte argentino? Porque no hubo una selección ni de trayectoria ni de obras, sino, lisa y llanamente, una cuestión mercantil. Por lo tanto, muchos de quienes pagaron por figurar, no tienen una obra solvente, de calidad.

¿Por qué una obra de arte es bella?
Algunos dicen que lo es cuando se compone de partes bellamente armonizadas. Sea musical, visual o poética, es siempre un sistema.
¿Se puede agregar a lo dicho que a su vez, el arte tiene una importancia social? Si leemos a Aldous Huxley, dice “Se puede decir que el estilo de vida de una sociedad determinada, en un período determinado, está dictado, al menos en cierta medida, por la cualidad del arte que prevalece en ese momento”
Esas palabras, confirman, desde mi comprensión, aquello de Herbert Read cuando dice  que: “Si el artista no crea, el filósofo no piensa”.
Se habla también de simpatía en el arte, de una comunidad de sentimientos. Puede que así sea, ya que el arte pertenece al mundo sensible del hombre, o sea, que no hay especulación alguna en el momento de crear.
La especulación se encuentra en la razón, y es allí donde aparecen los críticos que se mueven dentro de la esfera mercantil, en la cual el arte, es sólo cosa. Pero cosa vendible y comprable, como cualquiera de las cosas que se ofrecen en el mercado.
Walt Whitman nos dice:
Los mensajes que los grandes poetas dirigen a cada hombre y a cada mujer son: Acercaos a nosotros en igualdad de términos. Sólo entonces podréis entendernos. No somos mejores que vosotros. Lo que vosotros encerráis , nosotros encerramos. Lo que nosotros gozamos, vosotros gozáis. ¿Acaso suponéis que hay un solo Supremo? Nosotros afirmamos que pueden haber innumerables Supremos y que uno no compensa a otros como los ojos de uno no compensan los ojos de otros.
Concluir, entonces.

© Helios Buira

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