Y pregunto: ¿El
artista debe tener conciencia de sus ideas al momento de transmitirlas, sea en
una tela, con el volumen, textos, o sonidos? O por el contrario, no tiene esa
conciencia y entonces todo su hacer se manifiesta en el misterio, pues las
ideas no llegan a la obra con la reflexión, sino que se introducen en ella
velozmente, como para que él no logre captarlos en el momento del pasaje o del
tránsito que será contenido, expuesto en una forma.
Sería como que
la verdadera comprensión, sólo existe en el trabajo del artista. La obra
terminada.
Claro, luego
vendrán los críticos y pretenderán darle “validez” a esas obras, como si ellos
tuviesen la potestad sobre la decisión de quiénes serán los artistas que se
prolonguen en el tiempo, junto con sus obras.
Y se hacen
grandes catálogos acerca del arte argentino, mencionando a los artistas que
subjetivamente los críticos mencionarán en la data.
Hay autores que
consideran que hay artistas ahistóricos, definiéndolos como que no “aportan”
nada y que por eso están fuera del tiempo. ¿De
cuál tiempo?
Porque hay
artistas que salen en las tapas de revistas especializadas y me consta que por
figurar en ellas, pagan buen dinero. Esas mismas revistas, venden las páginas
de manera completa, o dividida al medio, o en cuatro y cada tamaño tiene un valor
diferente.
Entonces… ¿son
representativos esos artistas, verdaderamente del arte de su tiempo?
Hay un libro cuyo título es: “40 escultores argentinos”. Cada uno de esos escultores, figura
con un texto escrito por un crítico y la impresión de cuatro o cinco
fotografías de sus obras. Figurar en él, tenía un valor en dinero, bastante
importante.
Antonio Pujia,
cuando fueron a verlo quienes estaban organizando la impresión del libro, les
dijo (ante la mención del costo por figurar allí), que ellos, tendrían que
pagarle a los artistas, pues luego, una vez editado, lucrarían con la venta y les pidió que se retiraran de su taller.
Antonio Pujia
no figura entre los 40 escultores argentinos, o sea, quienes adquieran en
libro, si no reciben información por otros medios o si no están vinculados al
mundo del arte, jamás sabrán que en Argentina hay un escultor que se llama
Antonio Pujia, como tampoco, muchos, muchísimos, que allí no figuran.
Esos 40
escultores: ¿son verdaderamente representativos del arte argentino? Porque no
hubo una selección ni de trayectoria ni de obras, sino, lisa y llanamente, una
cuestión mercantil. Por lo tanto, muchos de quienes pagaron por figurar, no
tienen una obra solvente, de calidad.
¿Por qué una
obra de arte es bella?
Algunos dicen
que lo es cuando se compone de partes bellamente armonizadas. Sea musical,
visual o poética, es siempre un sistema.
¿Se puede
agregar a lo dicho que a su vez, el arte tiene una importancia social? Si
leemos a Aldous Huxley, dice “Se puede decir que el estilo de vida de una
sociedad determinada, en un período determinado, está dictado, al menos en
cierta medida, por la cualidad del arte que prevalece en ese momento”
Esas palabras,
confirman, desde mi comprensión, aquello de Herbert Read cuando dice que: “Si el artista no crea, el filósofo no
piensa”.
Se habla también
de simpatía en el arte, de una comunidad de sentimientos. Puede que así
sea, ya que el arte pertenece al mundo sensible del hombre, o sea, que no hay
especulación alguna en el momento de crear.
La especulación
se encuentra en la razón, y es allí donde aparecen los críticos que se mueven
dentro de la esfera mercantil, en la cual el arte, es sólo cosa. Pero cosa
vendible y comprable, como cualquiera de las cosas que se ofrecen en el
mercado.
Walt Whitman
nos dice:
Los mensajes que los grandes poetas dirigen
a cada hombre y a cada mujer son: Acercaos a nosotros en igualdad de términos. Sólo
entonces podréis entendernos. No somos mejores que vosotros. Lo que vosotros
encerráis , nosotros encerramos. Lo que nosotros gozamos, vosotros gozáis.
¿Acaso suponéis que hay un solo Supremo? Nosotros afirmamos que pueden haber
innumerables Supremos y que uno no compensa a otros como los ojos de uno no
compensan los ojos de otros.
Concluir, entonces.
© Helios Buira
No hay comentarios:
Publicar un comentario