¿Cuándo se es
libre verdaderamente?
Interrogante
que viene bastante seguido a mis neuronas. Pero… y sigue el interrogante.
Para Bakunin,
el principio positivo de la libertad, se basa sobre la igualdad y la
solidaridad colectivas, ya que la libertad es un producto de la actividad
social del hombre.
Dice Bakunin:
«En suma, el hombre aislado no puede tener conciencia de su libertad. Ser
libre, para el hombre, significa ser reconocido y tratado como tal por otros
hombres, por los que están a su alrededor» Agrega luego: «No soy verdaderamente
libre, sino cuando todos los seres humanos que están a mi alrededor, hombres y
mujeres, son igualmente libres. La libertad de los otros, lejos de ser un
límite o la negación de mi libertad, es la condición necesaria y su
confirmación. Soy verdaderamente libre sólo gracias a la libertad de los otros…
Mi libertad personal, así confirmada por la libertad de todos, se extiende
hasta el infinito»
Se me ocurre,
luego de leer lo dicho por Bakunin, que hay “otra libertad”, que no me resulta
favorable de ninguna manera. Es la libertad que propone el liberalismo. La
libertad del individuo frente al Estado.
El proyecto
liberal, se presenta como el defensor supremo de la libertad, cuándo, en
verdad, esa concepción de libertad, se sostiene ante un mercado opresor, que
limita de todas las maneras posibles, la libertad de los individuos. Algunos le
dicen la cosificación del hombre. Que puede leerse, como el hombre cosa.
El liberalismo,
propone el libre mercado con casi ninguna intervención del Estado, por eso
aquella paradoja de ciertos slogans, que decían: «Achicar el Estado, para
agrandar la Nación» Claro, de esa manera, los grandes grupos económicos, dominan
todas las situaciones de relación entre los individuos y el Estado,
aislándolos, para que el sujeto, “sea libre” de elegir lo que le convenga del
fabuloso mercado. Un sofisma fenomenal.
Se dice que el
Estado moderno, tiene sus orígenes en la conformación de un esquema creado en
Europa entre los años 1100 y el 1600. Que esto ocurre, al institucionalizarse
el poder político, en las luchas intestinas que comienzan a conformar una
multiplicidad abigarrada de reinos, dominios de la iglesia, ciudades independientes
en una constante lucha por imponer o defender algún tipo de soberanía sobre
tierras, bienes, vasallos y demás cuestiones que con el tiempo, se
transformaría en la defensa de la “Propiedad Privada”
En nuestros días,
no se trata del poder político, sino del poder económico como dominación. Y el
poder político, queda sometido a la concepción economicista del mundo. Este
poder, es el que decide las guerras. En qué lugar y con qué fines.
Siempre, claro es, para apoderarse de los bienes que no les pertenecen.
Hernández
Arregui, propone que la libertad «… era el acatamiento al orden natural y sus
leyes, de las cuales las económicas eran derivadas. Por eso la libertad, para
el liberalismo, en su forma más coherente, consistía en admitir las leyes naturales
y por esa senda, las correspondientes a la sociedad con su remate
resplandeciente, puro, jurídico: la propiedad. Esta concepción empapa toda la
vida espiritual de la Europa liberal.» Y luego agrega: «Dicho de otro modo, en
su esencia histórica, aunque se disimule con los afeites de la ética, la
libertad del espíritu del capitalismo no es más que la libertad de comercio»
Claro, ese
canto a la libertad que propone el liberalismo, no es otra cosa que el
beneficio de las clases empresariales y las rentas superiores a costa de las
clases populares.
Tal vez,
podríamos recurrir nuevamente a Bakunin, en el inicio del texto: « No soy verdaderamente libre, sino cuando
todos los seres humanos que están a mi alrededor, hombres y mujeres, son
igualmente libres.»
Es tal la
desfachatez de estos liberales, que proponen cosas como las que dijo en su
discurso inaugural el presidente Reagan: “Tenemos que favorecer a las rentas
superiores, pues la riqueza que se crea en la cúspide se irá filtrando al resto
de la sociedad”.
Y lo tremendo
es que se le creyó y se obró en consecuencia.
En Argentina,
sabemos muy bien de qué se trata.
Entonces:
¿Cuándo se es verdaderamente libre?
© Helios Buira
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