martes, 15 de enero de 2013

EL MUNDO DEL ARTE. EL MUNDO DE LOS HOMBRES. ¿SON LA MISMA COSA?

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Hay un texto de Aldo Pellegrini que habla sobre la soledad del artista. Es un texto maravilloso. Invito a que lo lean, haciendo clic aquí
Suele suceder que muchos artistas se sienten solos, ignorados y hasta subestimados. Quizás, en la actualidad sean los menos, pues los otros, buscan la manera de insertarse no en el mundo del arte, sino en el “mercado del arte” y para ello, la soledad no es buena consejera. Saben hacer sociales, saben cómo y de qué hablar, y algunos, hasta cómo vestir para ser parte de ese aparato montado para mover chequeras, cuentas corrientes y todo lo que implican los negocios.
Pero los solitarios, los que están solos y esperan, como diría Scalabrini Ortiz, suelen estar “encerrados” en sus talleres, con manos a la obra. Entonces, el castigo por ser diferentes, por no aceptar las reglas del mercado, será duro. Siempre será así. El hecho de ser artista, es un estigma para esta sociedad que apuesta toda su existencia al consumismo. Claro, los que pueden consumir, pues están también los otros, los que sufren por otras calamidades.
Al leer la historia del arte, comprendemos de qué se trata y sabemos que siempre fue de esta manera. Pero en modo paradojal, se puede decir que quienes sufrieron las injusticias del olvido, del abandono, de la soledad, son quienes han explicado el por qué esto es así, aún lamentándose de sus suerte.
Porque para muchos, dos opciones: hacer lo que hacen, o morir.
Puede que estén desesperados. Pero a la vez, llenos de amor.
Cuando el artista se expresa, no siente temor, aunque esté volcando en su obra el horror. Él siente un íntimo asombro al observar su hacer, con la conciencia del testigo que ve desmoronarse un edificio y luego puede contarlo; no obstante, de otro modo, inmerso en la metáfora.
Ser artista es una labor muy antigua. Sólo se requieren algunas herramientas, para poder decir lo que él cree que tiene para decir.

En el mundo de los hombres, qué acontece. El desequilibrio. El contraste.
El horror, la tristeza, las enfermedades, los accidentes, la inseguridad y cuánto más puedo decir, sobre la sensación de las personas cuando hablan de  la “realidad” y tal vez por eso el intento de evasión sea el sentimiento más abarcador. Pero evadirse de qué o de quiénes y hacia dónde. El consumismo puede que sea un buen lugar para sentirse tranquilos. El “tener”, al haber ocupado el lugar de Ser, se establece como realidad. Ya no hay nada que pensar, se ha eliminado el compromiso de la existencia.
Pero… -siempre hay un viejo pero- aparece otra cuestión, tan existencial como la que dejaron atrás: ¿Qué me compro? ¿Cuál me compro? “Pero si ya tenés uno” “Sí, ya sé que tengo uno, pero está pasado de moda”
Sé libre, no sigas al rebaño, decía una publicidad de cervezas ofreciendo su producto. El resultado fue que los consumidores se transformaron en el rebaño de los libres.
Y así, van pulverizando sus propias cualidades, matando sus mejores impulsos, cuando todos hacen la misma cosa, hablan de la misma manera, usan la misma ropa, hasta tienen las mismas dolencias. Uniformidad versus diferencia. Aquí aparece otro inconveniente para muchos. Para los diferentes. Ser diferente, pensar distinto, en una sociedad uniformada, es sinónimo de sospecha y al sospechoso hay que perseguirlo para que no cometa delito alguno. Pero para ellos la diferencia es el delito. Es el equívoco.
Entonces: como el artista participa en los dos mundos, en el del arte y en el de los hombres, por pensar diferente, por ser diferente (tomado esto como cualidad no como calidad), hay que aislarlo, como a todo aquel que también exprese sus contrastes respecto de la uniformidad.
El mundo del arte y el mundo de los hombres, no son la misma cosa. Sólo que ambos, habitan el planeta.

© Helios Buira

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