lunes, 31 de diciembre de 2012

FIN DE AÑO. ALMANAQUE. Y LOS QUE NO.

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31 de diciembre. De todos los años.
Siempre, es fin de año.
Muchos, hacen un balance de cómo fue el año que se va, otros no tienen interés en medir el tiempo de ese modo y seguramente, están los que ni una cosa, ni la otra.
Y los de allá, los que lejos, muy lejos de nosotros, de las noticias, de los canales de televisión y de toda posible información, no llevan registro de almanaque alguno.
Son los que de generación en generación, llevan el estigma del hambre.
Claro, cada tanto, pueden que sean noticia y entonces se crean campañas fabulosas desde distintos organismos humanitarios.
Las personas que pasan hambre de forma crónica están subnutridas.
No comen lo suficiente para tener la energía necesaria que les permita desarrollar una vida activa. No pueden realizar ninguna actividad que requiera esfuerzo físico, por lo tanto es imposible pensar que puedan autoabastecerse de alguna manera. La subnutrición es especialmente perjudicial para las mujeres y los niños.
Los niños subnutridos no crecen de forma tan rápida como los niños saludables. Mentalmente se desarrollan más despacio. El hambre constante debilita el sistema inmunológico y les hace más vulnerables a enfermedades e infecciones. Las madres que pasan hambre de forma continua dan a luz a bebés débiles y con falta de peso, y ellas mismas se enfrentan a un mayor riesgo de muerte.
Cada día, millones de personas en el mundo ingieren tan sólo la cantidad mínima de nutrientes para mantenerse con vida. Cada noche, cuando se acuestan, no tienen la certeza de que tendrán comida suficiente al día siguiente.
Considero que las estadísticas que se dan son sólo eso, estadísticas y que no reflejan en realidad, lo que verdaderamente ocurre.
Si hay hambre en los países llamados desarrollados, imaginemos entonces, lo que acontece en aquellos países extremadamente pobres.
La FAO, dice que anualmente (desde el 01 de enero –año nuevo para muchos- Hasta el 31 de diciembre –fin de año para esos muchos- mueren en el planeta, 11 millones (sí, se lee bien once millones) de niños menores de 5 años como consecuencia directa o indirecta del hambre, por la mala alimentación, inadecuada o insuficiente.
Millones de niños padecen enfermedades relacionadas con la falta de vitaminas y minerales, y con la contaminación de los alimentos y el agua.
Digo: si estas cifras son inaceptables por sí mismas, lo son más aún, porque en el planeta hay alimentos suficientes para todos.
O sea que el horror que esto significa, es que el problema del hambre se centra, no en la existencia del alimento, sino en la distribución de la renta mundial de manera equitativa, para que quienes no lo tienen, puedan tener acceso a esa necesidad vital.
Frente a este panorama sombrío, pero con posibilidades de arreglo si hubiese voluntad política para hacerlo, se pregunta Sylvie Brunel si es posible alimentar a 10.000 millones de personas y contesta que: "El crecimiento de la producción agrícola mundial sigue siendo superior al crecimiento de la población". 
Afirma que el problema alimentario no es mundial sino local, haciéndose especialmente grave en África Subsahariana y Asia meridional, donde la oferta de alimentos es insuficiente para cubrir sus necesidades y además "la población no cuenta con medios para adquirirlos ni siquiera cuando los tiene al alcance de la mano".

Esta noche habrá festejos.
A las 00.00 hs., o 24:00, como más le agrade a quien esté leyendo, aquí en Ciudad Moreno el cielo se pondrá como de día, tal cual ocurre años tras año, dada la pirotecnia que estallará a esa hora dándole la bienvenida al nuevo año.
Mañana, todo seguirá igual, en algunos habrá resaca  luego de comidas y bebidas, otros, más sobrios, pensarán de modo diferente, y seguramente, la gran mayoría, con el deseo de que el nuevo año se favorable, bueno y que nos traiga paz.
Pero el tiempo cronológico, los días, los años, no son los que traen paz, discordia, alegrías o tristezas, sino que somos los humanos quienes obramos, quienes hacemos la praxis y en ello nos va el destino.

Las guerras y el hambre, no son una catástrofe. Son una forma de gobierno

© Helios Buira

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