El artista es
un ser concreto que de manera constante se muestra tal cual es. Lo hace con sus
obras y con sus actos.
De todos los
modos posibles supera los escollos que suelen atormentarlo, con la decidida
convicción de ser fiel a sus principios, de ser fiel a sí mismo.
Si tenemos en
cuenta el tiempo y la época de su nacimiento, y los valores culturales que lo
rodean, podemos coincidir en que el artista lleva consigo una individualidad
que no puede atribuírsele a todos.
A un artista no
se lo puede comparar con "el otro".
Por que ése y
esos otros están unidos por las circunstancias culturales de su tiempo; me
estoy refiriendo a los valores establecidos por la sociedad en su conjunto.
Si Pascal decía
-según Sábato- que el artista en el juego de la vida apuesta dos veces, es
cierto; pero la primera es la que le toca en el reparto de los naipes; la
segunda, es porque el juego le resulta insostenible y él quiere cambiarlo todo.
El artista no
crea otro mundo, sino que quiere crear un mundo en el cual el hombre pueda
vivir mejor.
Picasso, al crear el Guernica, está diciendo todo lo contrario a lo que allí sucedió cuando
la masacre.
Y si volvemos
atrás en el texto, donde insisto en que bello y bien son sinónimos, tal vez lo
que quiero decir es que el artista pretende un mundo mejor; no solo para él, sino
para todos los hombres.
El artista
supera los inconvenientes que le propone el entorno en el que vive, porque
posee una fuerza interna, intensa, que le permite sobrellevar dolores
inenarrables para poder decir eso que tiene que decir.
Con leer las
biografías de Van Gogh, Gauguin, Pissarro, Fernando Fader, por citar solo
algunos de los miles que son, me libero de mayores explicaciones y detalles.
Disciplina y
rigor en la tarea.
Indagar de
todas las maneras posibles en el mundo que nos rodea, pero a través del alma.
No es de otro
modo.
Dijimos, o
dije, si quieren, que el alma sale a vagar en rededor, va y viene de modo
constante y observa qué es lo que está aconteciendo allá afuera. A veces se
detiene en un lugar y nos obliga a poner toda la atención necesaria para que
retengamos tal o cual instante. Con frecuencia nos impulsa a regresar a
determinado sitio aun después de haber pasado mucho tiempo.
Por momentos,
lo que vemos, nos parece sin sentido. A no preocuparse. Ella se encargará luego
de ordenar las cosas, pondrá todo en su lugar y así, empujando, empujando,
saldrá la obra que tenemos para hacer.
Convengamos,
nuevamente, en que expresión, es presión hacia fuera.
Cuando digo
disciplina y rigor en la tarea, me refiero al Universo del Taller, ese lugar
sagrado en el que suceden los más bellos y profundos acontecimientos.
Estar. Estar
allí esperando el dictado del alma, que pondrá en funcionamiento toda la
energía que hace falta para que se cumpla la magia de la obra. Eso nuevo que
aparecerá en el planeta para ser parte del todo que ya hay.
Pero cuidado
con forzar el impulso imponiéndole la voluntad, porque de ese modo se rompe la
magia.
Y el arte, ante
todo, magia.
El arte no es cosa
mental. Es cosa del corazón, del alma.
Lo que tiene
que crecer es el corazón, no el cerebro.
Y como se ha
hecho crecer el cerebro de manera desmesurada, así es como nos va.
La gran
confusión ha sido confundir a la razón con la inteligencia.
¿Cómo nació la
flor?
Cuando el poeta
se hace esa pregunta no la hace como un botánico, un jardinero o un
horticultor. En todo caso, le pregunta qué siente cuando amanece y comienza el
día, como son de suaves sus pétalos, o como es el revés de una gota de rocío.
Que razón
pudieron tener Shakespeare, Dante, Homero, Borges, para hacer lo que hicieron.
Qué razón
pudieron tener Beethoven, Bach, Mozart, Verdi o Piazzola para hacer lo que
hicieron.
Que razón
pudieron tener Miguel Angel, Rembrandt, Rodin, Donatello, Fernando Fader, para
hacer lo que hicieron.
"El árbol
no busca sus frutos. Los produce".
© Helios Buira
No hay comentarios:
Publicar un comentario