miércoles, 26 de diciembre de 2012

EL ARTISTA, SU TIEMPO Y ACONTECERES

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El artista es un ser concreto que de manera constante se muestra tal cual es. Lo hace con sus obras y con sus actos.
De todos los modos posibles supera los escollos que suelen atormentarlo, con la decidida convicción de ser fiel a sus principios, de ser fiel a sí mismo.
Si tenemos en cuenta el tiempo y la época de su nacimiento, y los valores culturales que lo rodean, podemos coincidir en que el artista lleva consigo una individualidad que no puede atribuírsele a todos.
A un artista no se lo puede comparar con "el otro".
Por que ése y esos otros están unidos por las circunstancias culturales de su tiempo; me estoy refiriendo a los valores establecidos por la sociedad en su conjunto.
Si Pascal decía -según Sábato- que el artista en el juego de la vida apuesta dos veces, es cierto; pero la primera es la que le toca en el reparto de los naipes; la segunda, es porque el juego le resulta insostenible y él quiere cambiarlo todo.
El artista no crea otro mundo, sino que quiere crear un mundo en el cual el hombre pueda vivir mejor.
Picasso, al crear el Guernica, está diciendo todo lo contrario a lo que allí sucedió cuando la masacre.
Y si volvemos atrás en el texto, donde insisto en que bello y bien son sinónimos, tal vez lo que quiero decir es que el artista pretende un mundo mejor; no solo para él, sino para todos los hombres.
El artista supera los inconvenientes que le propone el entorno en el que vive, porque posee una fuerza interna, intensa, que le permite sobrellevar dolores inenarrables para poder decir eso que tiene que decir.
Con leer las biografías de Van Gogh, Gauguin, Pissarro, Fernando Fader, por citar solo algunos de los miles que son, me libero de mayores explicaciones y detalles.

Disciplina y rigor en la tarea.
Indagar de todas las maneras posibles en el mundo que nos rodea, pero a través del alma.
No es de otro modo.
Dijimos, o dije, si quieren, que el alma sale a vagar en rededor, va y viene de modo constante y observa qué es lo que está aconteciendo allá afuera. A veces se detiene en un lugar y nos obliga a poner toda la atención necesaria para que retengamos tal o cual instante. Con frecuencia nos impulsa a regresar a determinado sitio aun después de haber pasado mucho tiempo.
Por momentos, lo que vemos, nos parece sin sentido. A no preocuparse. Ella se encargará luego de ordenar las cosas, pondrá todo en su lugar y así, empujando, empujando, saldrá la obra que tenemos para hacer.
Convengamos, nuevamente, en que expresión, es presión hacia fuera.
Cuando digo disciplina y rigor en la tarea, me refiero al Universo del Taller, ese lugar sagrado en el que suceden los más bellos y profundos acontecimientos.
Estar. Estar allí esperando el dictado del alma, que pondrá en funcionamiento toda la energía que hace falta para que se cumpla la magia de la obra. Eso nuevo que aparecerá en el planeta para ser parte del todo que ya hay.
Pero cuidado con forzar el impulso imponiéndole la voluntad, porque de ese modo se rompe la magia.
Y el arte, ante todo, magia.
El arte no es cosa mental. Es cosa del corazón, del alma.
Lo que tiene que crecer es el corazón, no el cerebro.
Y como se ha hecho crecer el cerebro de manera desmesurada, así es como nos va.
La gran confusión ha sido confundir a la razón con la inteligencia.
¿Cómo nació la flor?
Cuando el poeta se hace esa pregunta no la hace como un botánico, un jardinero o un horticultor. En todo caso, le pregunta qué siente cuando amanece y comienza el día, como son de suaves sus pétalos, o como es el revés de una gota de rocío.
Que razón pudieron tener Shakespeare, Dante, Homero, Borges, para hacer lo que hicieron.
Qué razón pudieron tener Beethoven, Bach, Mozart, Verdi o Piazzola para hacer lo que hicieron.
Que razón pudieron tener Miguel Angel, Rembrandt, Rodin, Donatello, Fernando Fader, para hacer lo que hicieron.
"El árbol no busca sus frutos. Los produce".

© Helios Buira

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