El mundo del
espíritu cae de manera inversamente proporcional al obstinado
"progreso" de la civilización. Pregunto: ¿Estaremos en los comienzos
del fin de esta civilización?
Cuando el
hombre entra en estado desesperante para sobrevivir, cuando la lucha por lo
material parece no tener fin, cuando lo efímero, lo trivial y las comodidades
innecesarias ocupan un lugar destacado mientras la tercera parte de la
humanidad padece hambre, quiere decir que se ha perdido el rumbo. Así como
crecen las tecnologías, la mecanización, la economía de los poderosos, del
mismo modo y con la misma intensidad, crece la inseguridad y la inestabilidad a
la que se ve sometido el ser humano.
Los medios de
comunicación globalizados, nos muestran a diario las miserias espirituales de
los gobernantes cuando vemos y oímos que nos hablan de este presente
maravilloso, de sus planes económicos, de los proyectos hacia el futuro,
mientras las cámaras de TV, casi como una conspiración, nos muestran los
dolores indescriptibles que padecen poblaciones enteras que habitan este
bendito planeta.
Miles y miles
de chicos mueren por causa del hambre a cada minuto, madres desesperadas que
llevan los huesos cubiertos de piel de sus hijos en brazos, que apenas pueden
sostener buscando una migaja cuando sabemos que ya es tarde.
Entonces Munch
grita y gritará por los siglos de los siglos.
Porque el arte
y la fe salvarán al hombre. Porque el arte es un acto de fe, un acto de vida.
El cavernícola
fue artista antes de completarse como hombre y ello sigue vigente.
Mientras Herbert
Reed escribe: "Toda la fábrica de inteligencia humana, se halla amenazada
en sus cimientos".
Cuando vemos
que el principio mercantil se apoderó de los valores sensibles del hombre, las
palabras de este pensador poseen una presencia aterradora, dado que una
máquina, un pasa cassette tiene más valor que la vida de un chico. Cuántas
balas hay alojadas en la cabeza, en el cuerpo de tantos chicos de la calle.
O como en estos
días, en Argentina, donde un jurado absolvió a trece personas acusadas de
secuestrar, golpear, violar y desaparecer a Margarita Verón, en un fallo miserable
cuando hay pruebas aportadas por otras jóvenes que padecieron el horror al ser
obligadas a ejercer la prostitución.
Y hoy, sí, hoy,
un joven ingresó en una escuela de Connecticut, en el momento que los padres
esperaban la salida de sus hijos en edades que van de los cinco a los diez años
y vieron como esa persona ingresaba en el patio del establecimiento y abría
fuego a mansalva, disparando más de cien tiros.
El horror se
apoderó de esos padres, que fueron testigos de semejante inenarrable horror. Murieron
veintisiete personas, de las cuales, dieciocho, son niños.
Vivimos en la
intención de un mundo mecanizado; el hombre cosificado que debe dar por perdido
al hombre concreto, al hombre completo, que es espíritu encarnado.
Y ese loco de
Gauguin diciéndonos: "¿De dónde venimos?, ¿Qué somos?, ¿Hacia dónde vamos?
Una vez más el
artista nos hace pensar y mirarnos dentro, una vez más el artista ocupándose
del hombre.
Este Gauguin
que ha sufrido como pocos, pasando hambre, enfermedades, indiferencia. Más
sabía lo que hacía. Claro, se refugió en la isla porque los hombres de la
ciudad lo acosaban con su mediocridad, con sus estupideces, con su imbecilidad.
Y en un inmenso acto de burla, le escribe al Director del Mercure de Francia
una carta memorable que termina así: "Me queda por decirle que Tahití es
tan agradable como siempre, que mi nueva esposa se llama Pahura, tiene catorce
años y es muy libertina; pero eso no tiene comparación con sus virtudes. Y
finalmente, sigo pintando cuadros de una grosería repugnante".
Y la rueda del
tiempo sigue, la trama existe como marca del destino y el azar concertado nos
ubica en el mismo espacio y en el mismo instante. ¿Acaso Gauguin no está aun
entre nosotros? ¿Qué es lo que sucede cuando la Energía de los Grandes
atraviesa el tiempo?.
Un esclavo de
Miguel Ángel es aquella vez, es hoy y será siempre.
El arte es un
absoluto.
No se lo
discute.
Sólo se lo
siente.
© Helios Buira
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