viernes, 14 de diciembre de 2012

EL MUNDO DEL ESPÍRITU

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El mundo del espíritu cae de manera inversamente proporcional al obstinado "progreso" de la civilización. Pregunto: ¿Estaremos en los comienzos del fin de esta civilización?
Cuando el hombre entra en estado desesperante para sobrevivir, cuando la lucha por lo material parece no tener fin, cuando lo efímero, lo trivial y las comodidades innecesarias ocupan un lugar destacado mientras la tercera parte de la humanidad padece hambre, quiere decir que se ha perdido el rumbo. Así como crecen las tecnologías, la mecanización, la economía de los poderosos, del mismo modo y con la misma intensidad, crece la inseguridad y la inestabilidad a la que se ve sometido el ser humano.
Los medios de comunicación globalizados, nos muestran a diario las miserias espirituales de los gobernantes cuando vemos y oímos que nos hablan de este presente maravilloso, de sus planes económicos, de los proyectos hacia el futuro, mientras las cámaras de TV, casi como una conspiración, nos muestran los dolores indescriptibles que padecen poblaciones enteras que habitan este bendito planeta.
Miles y miles de chicos mueren por causa del hambre a cada minuto, madres desesperadas que llevan los huesos cubiertos de piel de sus hijos en brazos, que apenas pueden sostener buscando una migaja cuando sabemos que ya es tarde.
Entonces Munch grita y gritará por los siglos de los siglos.
Porque el arte y la fe salvarán al hombre. Porque el arte es un acto de fe, un acto de vida.
El cavernícola fue artista antes de completarse como hombre y ello sigue vigente.
Mientras Herbert Reed escribe: "Toda la fábrica de inteligencia humana, se halla amenazada en sus cimientos".
Cuando vemos que el principio mercantil se apoderó de los valores sensibles del hombre, las palabras de este pensador poseen una presencia aterradora, dado que una máquina, un pasa cassette tiene más valor que la vida de un chico. Cuántas balas hay alojadas en la cabeza, en el cuerpo de tantos chicos de la calle.
O como en estos días, en Argentina, donde un jurado absolvió a trece personas acusadas de secuestrar, golpear, violar y desaparecer a Margarita Verón, en un fallo miserable cuando hay pruebas aportadas por otras jóvenes que padecieron el horror al ser obligadas a ejercer la prostitución.
Y hoy, sí, hoy, un joven ingresó en una escuela de Connecticut, en el momento que los padres esperaban la salida de sus hijos en edades que van de los cinco a los diez años y vieron como esa persona ingresaba en el patio del establecimiento y abría fuego a mansalva, disparando más de cien tiros.
El horror se apoderó de esos padres, que fueron testigos de semejante inenarrable horror. Murieron veintisiete personas, de las cuales, dieciocho, son niños.

Vivimos en la intención de un mundo mecanizado; el hombre cosificado que debe dar por perdido al hombre concreto, al hombre completo, que es espíritu encarnado.
Y ese loco de Gauguin diciéndonos: "¿De dónde venimos?, ¿Qué somos?, ¿Hacia dónde vamos?
Una vez más el artista nos hace pensar y mirarnos dentro, una vez más el artista ocupándose del hombre.
Este Gauguin que ha sufrido como pocos, pasando hambre, enfermedades, indiferencia. Más sabía lo que hacía. Claro, se refugió en la isla porque los hombres de la ciudad lo acosaban con su mediocridad, con sus estupideces, con su imbecilidad. Y en un inmenso acto de burla, le escribe al Director del Mercure de Francia una carta memorable que termina así: "Me queda por decirle que Tahití es tan agradable como siempre, que mi nueva esposa se llama Pahura, tiene catorce años y es muy libertina; pero eso no tiene comparación con sus virtudes. Y finalmente, sigo pintando cuadros de una grosería repugnante".
Y la rueda del tiempo sigue, la trama existe como marca del destino y el azar concertado nos ubica en el mismo espacio y en el mismo instante. ¿Acaso Gauguin no está aun entre nosotros? ¿Qué es lo que sucede cuando la Energía de los Grandes atraviesa el tiempo?.
Un esclavo de Miguel Ángel es aquella vez, es hoy y será siempre.
El arte es un absoluto.
No se lo discute.
Sólo se lo siente.

© Helios Buira

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