A través de la ventana, observo el gris del cielo, o los distintos tonos de grises que preanuncian la tormenta.
Comienzan a
encenderse las luces de algunas casas vecinas, en este anochecer que invita al
recogimiento, a quedarse adentro, sea de la casa o de uno, o en ambos
interiores al mismo tiempo.
Suena lejano un
trueno, expresión sonora de lo que está por llegar a este barrio apartado del
centro de Ciudad Moreno.
La noticia en
los medios informativos, está centrada en la lectura del veredicto de la
Justicia, acerca de los responsables de la muerte de miles de ciudadanos en la
causa llamada Circuito Camps. Lectura lenta dada la cantidad de personas
juzgadas y dada la cantidad de personas que han sufrido las consecuencias del
terrorismo de estado.
La Justicia
dijo: genocidio. Condenados, los responsables, a cadena perpetua.
Quiere decir
que aquel “Juicio y castigo a los culpables”, se hizo Praxis.
Soy testigo.
Testigo es el
que ve, el que observa, el que tiene presencia cuando se dan los
acontecimientos.
Es también el
que puede contarlo.
“-Pero testigo
es cualquiera”, me dijo aquella vez Carlos Ferrari.
-No, le refuté.
Hablo de un testigo que puede narrarlo en la metáfora y creo que no todos están
dotados para ello. Carlos, cuatro te menciono: Berni, aquí en Argentina, con
Juanito Laguna y Ramona Montiel, Balzac, con la Comedia Humana, Picasso y su
Guernica y Munch con El Grito, obra que es más abarcativa porque ese grito es
el de la humanidad toda.
Creo que todos
nacemos para algo. La cuestión, Carlos, es encontrar “eso” para lo cual
nacemos.
Mientras esto
escribo, César Franck es quien me acompaña con su Trío Concertante Nº 3 para
piano, violín y violonchelo, de una belleza cósmica.
El mate, que
permite cavilar en cada sorbo y los sahumerios que aroman el estar.
Afuera, truena.
© Helios Buira
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