domingo, 9 de diciembre de 2012

MALLEA

19

En la Rábida
De Cerrito y
Juncal
Madrugada.
Tenue llovizna
de invierno.
Café humeante.
Mirándote
mientras vos
me leías a
Mallea.

Cierta vez, Sábato me contó que luego de haber insistido en distintas editoriales, llevando sus originales que no querían publicarle, volvía caminando por la calle Florida y en la vidriera de una librería de las importantes, había una foto de Eduardo Mallea. Al verla, pensó: “Cuando me tocará a mí estar así, presentado como Mallea”
Digo que le tocó, que fue tocado y Ernesto Sábato es el que es, el que miles y miles sabemos.
Ambos, han escrito a una Argentina sufriente y profunda, a través de la existencia de sus personajes.
Sábato, es uno de mis preferidos.
Mallea, me ha impresionado por su estilo diferente, por una manera de transfigurar personajes y situaciones con la esencia del país que narra. Pero a la vez se universaliza.
Se me hace que él conoce a fondo las palabras que utiliza para sus obras, tanto el misterio, como el significado de cada una de ellas. Podría haber dicho como Borges: “En la palabra rosa, está la rosa” Pero creo que Mallea sabía por qué allí está la rosa.
Por ello siento que lo dicho por él, tuvo que ser dicho de esa manera, siendo imposible hacerlo de otra.
Arte y sentido ritual aunado en su prosa.
Aquel “Yo no busco. Encuentro” de Picasso, en Mallea se da al mismo tiempo. La búsqueda, es un hallazgo en sí. Un hallazgo expresivo, un llegar propio a lo que tiene para decirnos. Una verdad revelada.
Y la poesía que emana de textos maravillosos. La honda belleza que propone su vitalidad expresiva. ¿Es un poema en prosa, su obra?
Él mismo dice: “Pero se trata de un orden interior: lo que se ve de afuera es sus estado eminente poesía. Pues poesía es lo que queda vivo aún después que la muerte ha pasado”
Lo dice en su libro Poderío de la novela.
Y allí también dice, en el capítulo Palabras sobre un arte, mientras le habla a los jóvenes de una universidad: “No le aconsejo a usted ninguna filosofía, y en puridad, no me gustaría mucho que la tuviera. (En rigor, una filosofía no sirve más que para enseñar a buscar otra) Pero me daría satisfacción pensar que en la base de usted mismo, y de su arte, radica primordialmente la idea de conflicto. Casi no valdría la pena escribir si no existiera la idea cenital de la contienda trágica del alma consigo misma”
Así escribía él. No lo que dice en ese párrafo, sino en lo profundo de su obra. Porque si pudo decirle esas palabras a los jóvenes, es porque era su praxis literaria.
El arte de Mallea, fue adquiriendo ese plus que propone el andar de vida de las obras perdurables.
Exaltación severa es lo que hace crecer la obra de este inmenso escritor.
La bahía del silencio, caló hondo en mi existencia. Libro que he leído en varias oportunidades y qué, luego de esto que acabo de escribir, volveré a encontrarme con esa maravilla de obra.

© Helios Buira

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