Hoy vivimos tiempos de un
gobierno popular, que fue elegido por el 55% de los votos.
Desde el 2003 hasta la fecha, se
enviaron al Congreso y se promulgaron leyes que hasta hace algunos años, serían
impensables e imposibles debatir.
Leyes de inclusión, de
reparación, de imponer justicia.
Y se debate como nunca, un modelo
de país que difiere de todo lo anterior, que pretende llevar adelante una nueva
manera de hacer política, una nueva manera de concebir la economía, desde la
visión política y no a la inversa, cosa que tanto daño nos hizo a los
argentinos.
Es por ello, que al no “gobernar”,
las corporaciones y los grupos económicos, intentan por todos los medios, de
poner trabas a una gestión que se corresponde con el Movimiento Nacional y
Popular.
Manuel Dorrego fue asesinado el
13 de diciembre de 1828 por orden de Juan Lavalle.
O sea, se cumplen, en este día,
ciento ochenta y cuatro años (184) de aquel aberrante hecho.
A dieciocho días de terminar
aquel año, quien fuera Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, recibió ocho
(8) balazos en el pecho, disparados por un pelotón unitario
Dice Norberto Galasso,
historiador:
“Los unitarios no podían dejar
con vida a Dorrego sin correr grave peligro de que este los pusiera al desnudo
ante la opinión pública de la época y ante la Historia. Necesitaban acallarlo
para siempre.
En estos días, se han publicado
varios artículos referidos al fusilamiento de Dorrego. En general, se ofrecen
algunas explicaciones, en este momento tan importante en que estamos revisando
nuestra historia: que Lavalle y otros militares lo consideraban traidor por
haber pactado con el Brasil el reconocimiento de la Banda Oriental como país
independiente (no tuvo otra solución pues el Banco Nacional, con mayoría de
accionistas ingleses, cumplió con el mandato del cónsul inglés, Lord Ponsomby,
de negarle fondos para proseguir la guerra), o que sostenía una concepción
latinoamericana y de ahí su entrevista con Bolívar, o que se apoyaba en el suburbio
de Buenos Aires (siendo, en esto, antecesor de otros caudillos populares como
Alsina, Yrigoyen y Perón), o sus tratativas con Bustos para sancionar una
constitución federal con el apoyo del resto de los caudillos. Hay verdad en
estas aseveraciones, pero no en todas, y creo que se omite la más importante.
Creo que la causa fundamental
obedece a otra razón: los unitarios no podían dejar con vida a Dorrego sin
correr grave peligro de que este los pusiera al desnudo ante la opinión pública
de la época y ante la Historia. Aquí reside el motivo principal de que Salvador
María del Carril y Juan Cruz Varela presionaran a Lavalle para el asesinato:
ellos no podían permitir que Dorrego hablase. No podían ponerlo preso y hacerle
luego un juicio, ni siquiera solamente desterrarlo como ya lo había hecho
Pueyrredón en 1819. Necesitaban acallarlo para siempre”.
O sea, que desde los albores de
la Patria, los miserables unitarios, no sólo se oponían a quienes intentaban
gobernar federalmente, sino que, decididamente, los asesinaban.
Quienes hoy somos contemporáneos,
sabemos muy bien qué hicieron o mandaron hacer los grandes grupos económicos,
las corporaciones, cuando un gobierno no “hacía” lo que ellos querían que se
haga.
Digo entonces:
Hasta que no derrotemos para
siempre a quienes son capaces incluso de traicionar a la Patria cuando de
defender sus intereses se trata, no podremos vivir tranquilos.
La desetabilización, las
perturbaciones, los intentos de obstrucción apelando a todas las formas
posibles, cada día, se nos hacen más visibles.
Esas maniobras y estrategias, ya
no pueden conseguir lo que durante años y años consiguieron.
Hoy, se cumple otro Aniversario
del fusilamiento de Manuel Dorrego.
Sería bueno entonces, reflexionar
sobre el modelo de país en el cual queremos vivir los argentinos.
© Helios Buira
No hay comentarios:
Publicar un comentario