Observo la obra sobre la que trabajo.
Me agrada, o me
va agradando; la composición, la escalera algo inclinada y la figura que la
sostiene, mirando hacia lo alto, hacia la zona en que termina la vertical
escalonada.
Allá arriba,
nada. Abajo, pareciera que todo.
La acción de la
figura sosteniendo a la escalera, es el hecho de la obra. ¿Pero es tan así? O
aparece la metáfora, el título y comienza otra apreciación del conjunto.
El observador
tiene dos zonas de atracción: La figura que sostiene, es contundente en
presencia pero, el final en lo alto, a su vez, también genera una llamada,
guiado por la dirección de la cabeza, que mira hacia lo alto. Se da también que, cuando uno recorre el conjunto, ese vacío en la altura llama la atención.
Comienzo a
sentir que la serie va a ser buena una vez concluida.
Se trata de un
tema intimista, que se refiere a acciones individuales ya que el acto de subir,
de utilizarla, sólo puede hacerlo uno. Nadie sube la escalera por otro.
Pongo atención
en esto que digo, pues es, me parece, el núcleo de la metáfora. Y desde aquí
saldrán los diferentes temas de la serie.
Voy
comprendiendo.
Una muestra
dirigida al individuo, una visión introspectiva para quien observe las obras.
“De Escaleras y
Otras Referencias (subir, no es lo mismo que elevarse)” Así, es todo el título
de la muestra, que da una idea acerca de qué se trata. Pero a la vez, cada
obra, en sí, tiene un significado diferente en el cual el observador se identificará
o no con ellas.
Generalmente,
inicio cada obra con un título. Son pocas las que lo recibieron una vez
terminadas. Anoto posibles títulos en una libretita y elijo dos o tres de
ellos, y comienzo a imaginar cómo serían, o cómo serán un vez que puse manos a
la obra.
Como ejemplo: “Cada cual la suya” Se trata de una
escultura compuesta por cinco figuras, y cada una de ellas lleva una escalera,
que difiere en tamaño (altura) de las otras. Desde el inicio supe que la obra
estaría organizada de esa manera. Lo que no sabía, aún, era que las escaleras,
al ser de diferente tamaño, me darían una visión distinta de lo que creía haber
concebido. Claro, aparece la metáfora que me dice que cada uno, en la vida,
tiene una altura a la cual llegar. Y quizás, algo de humor, porque una de esas
figuras porta una escalera pequeña. Digo humor pues al verla me causa gracia;
pero imagino que a ella no debe agradarle lo poquito que tiene para subir.
Otro título: “¿Dónde habrá una altura? Es una figura
que lleva, arrastrando, una escalera en la mano derecha. El brazo izquierdo
levantado y con la mano, haciendo pantalla sobre los ojos. Buscando en la
distancia. La pregunta, parece decir como respuesta, que esa figura no tiene
una altura en su existencia y es por ello que busca alguna.
Creo que así se
verá la muestra, pero, como corresponde con el arte, con la observación del
arte, cada quien sentirá subjetivamente algo que puede, o no, acordar con lo
que dice la imagen.
Hay temas, como
dije con un poco de humor, otros muy introspectivos y también están los
dramáticos. En todos, el núcleo es la escalera.
Hay un único
lugar posible para transitar por el planeta, para recorrerlo y saberlo, está
dentro de uno mismo. Cuando uno quiere “subir”, de hecho, se sale de sí mismo.
Adentro, hay un
punto insondable donde se funden pasado, presente y futuro de la persona que es
única e irrepetible.
Cuando se sale
de ese Centro, se inicia la especulación, que la razón lleva adelante, dejando
de lado ese universo intuitivo, perceptivo y sensible que posibilita los otros
mundos.
La especulación
lleva inexorablemente a la injusticia.
A la vez que
lleva al intento de subir, que no es lo mismo que elevarse.
© Helios Buira
© Helios Buira
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