Por momentos, en un soliloquio, el artista insiste en ideas
sobre la mayor perceptibilidad y afinación del alma bajo el influjo del
sufrimiento y el dolor. Humana experiencia del hombre sensible que enfrenta la
soledad y el misterio insondable de la existencia.
Porque en el momento de crear, se está solo. Tal vez, con
la compañía de lo que se siente y es cuando ya no hay diferencia entre el
sufrir y el gozar, o todo se transforma en un goce del espíritu que ante lo
simple se expande de manera inconmensurable.
La persona sensible puede observar la labor formidable de
un yuyito para multiplicarse y eso basta para imaginar un cosmos.
Como cuando Octavio Paz describe o crea esta belleza:
“Por las rendijas
de la ventana del fondo entra el sol. Viene de lejos y tiene frío. Adelanta un
brazo de vidrio, roto en pedazos diminutos al tocar el muro. Afuera, el viento
dispersa nubes. Las persianas metálicas chillan como pájaros de hierro. El sol
da tres pasos más. Es una araña centelleante, plantada en el centro del cuarto.
Descorro la cortina. El sol no tiene cuerpo y está en todas partes. Atravesó
montañas y mares, caminó toda la noche, se perdió por lo barrios. Ha entrado al
fin y, como si su propia luz lo cegase, recorre a tientas la habitación. Busca
algo. Palpa las paredes, se abre paso entre las manchas rojas y verdes del
cuadro, trepa la escalinata de los libros. Los estantes se han vuelto una
pajarera y cada cada color grita su nota. El sol sigue buscando. En el tercer
estante, entre el Diccionario etimológico
de la lengua castellana y La Garduña de Sevilla, reclinada contra la pared recién encalada, el color ocre atabacado,
los ojos felinos, los ojos levemente hinchados por el sueño feliz, tocada por
un gorro que acentúa la deformación de la frente y sobre el cual una línea
dibuja una espiral que remata en una vírgula,
(ahí el viento escribió su verdadero nombre) en cada mejilla un hoyuelo
y dos incisiones rituales, la cabecita ríe. El sol se detiene y la mira. Ella
ríe y sostiene la mirada sin pestañear.
¿De quién o por
qué se ríe la cabecita del tercer estante? Ríe con el sol. Hay una complicidad,
cuya naturaleza no alcanzo a desentrañar, entre su risa y la luz.
Y sigue Octavio Paz en esta descripción de altísimo vuelo
poético, para luego desarrollar un tratado sobre el Mundo Prehispánico,
partiendo de esa simpleza o la inmensa maravilla de la entrada del sol en una
habitación.
Como dijera Sábato: “No hay temas grandes, pequeños,
profundos o triviales. Es el hombre el que es grande, pequeño, profundo o
trivial”.
Y adhiero a esas palabras, que han calado hondo en mí y me
llevan a decir de manera permanente que el contenido, determina la forma. Sin
contenido, sólo hay formas y éstas, por sí solas, nada dicen. O puede que digan
otras cosas, pero carentes de metáforas.
Y en mi subjetiva apreciación, la metáfora habla del
hombre, a la vez que también le habla.
Y Macedonio diciendo: “Romper esta mesa a golpes de
metáforas”
Para Maillol, por ejemplo, la forma era un placer, pero por
el solo motivo de hacerla. Era nada más que el medio para expresar una idea, o
sea, un contenido que pasaba por el sentimiento. Él argumentaba ante sus
discípulos, que se servía de la forma para llegar a lo que está en la forma y
desarrollando decir lo que no es palpable, lo que no se toca.
Agregaba que la idea debe ser preconcebida, que había que
determinarla incluso, antes de ver al modelo. Decía que la búsqueda de la idea,
nos acercaba a lo eterno.
Por ello decía que copiar del natural no significaba nada,
que uno podía reproducir una modelo, pero eso no significaba una obra de arte.
Y repetía las palabras de Ingres: “Hay que hacerse a la idea de que el modelo
nunca es aquello que queremos pintar, ni como carácter de dibujo, ni como
color, aunque al mismo tiempo sea indispensable no hacer nada sin él”.
Tal vez, la belleza no esté en la exactitud de una técnica, sino en la pasión que se pone
en las ideas, en el contenido de cada obra.
Para el artista, lo que toma como modelo, sea un desnudo,
una naturaleza muerta, un paisaje o lo que él considere expresar, eso, emana un
alma. Y es lo que expresa en sus obras: algo vivo.
El sentimiento llega del espíritu y atraviesa todo el cuerpo del artista en el
momento de crear.
Aún en lo más simple, en lo mínimo.
Y esta inmensidad de Máximo Simpson
HALLAZGO
Excavando entre ruinas, entre olvidos,
encontré este huesito, este silencio.
Esta minucia,
que resplandece aún entre mis dedos
con una luz muy suave,
es un emanación,
o apenas
el sosegado aroma de un tal vez.
¿Qué hacer con él, cómo cuidarlo?
¿Cómo esconderlo
del tropel de los días?
¿Cómo salvarlo de las autopistas,
de las celebraciones,
de la sociedad y del Estado?
¿Cómo guardar su resplandor?
Excavando entre ruinas, entre olvidos,
encontré este huesito, este silencio.
Esta minucia,
que resplandece aún entre mis dedos
con una luz muy suave,
es un emanación,
o apenas
el sosegado aroma de un tal vez.
¿Qué hacer con él, cómo cuidarlo?
¿Cómo esconderlo
del tropel de los días?
¿Cómo salvarlo de las autopistas,
de las celebraciones,
de la sociedad y del Estado?
¿Cómo guardar su resplandor?
© Helios Buira
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