Están los
artistas que expresan sus figuras de manera tal que brazos, piernas y cuerpos
se mueven en una forma parecida a la insensatez o imposibles de explicar y sin
embargo, esto se corresponde con la más absoluta realidad.
Le ha sucedido
a muchos, que fueron vituperados por espíritus pequeños, que sólo ajustan su
decir a la mera observación de las formas.
Imaginemos un
retrato hecho por Picasso , con los dos ojos de la persona en un solo perfil. Un despropósito, podríamos decir.
Pero, si abrimos nuestro sentir, nuestra sensibilidad, podremos concluir que
Picasso, es en extremo figurativo, naturalista, porque los humanos, tenemos dos
ojos, una nariz, dos orejas, una boca cuando hablamos de nuestro rostro. El
Gran Español, jamás tergiversó la cuestión natural.
Lo que tenemos
que decir entonces, es que un dibujo, una escultura, una pintura, no son
personas. Pertenecen a otro plano de la realidad en cuanto imágenes. Sí
pertenecen al mundo real, en cuanto objetos. Esa es la diferencia.
Si observamos
el Hombre que camina, de Augusto Rodin, veremos que el maestro concibió esa
figura sin brazos y sin cabeza. Son dos piernas y un torso, unidos en un andar
impresionante. Claro, Rodin no necesitaba más, para mostrarnos el andar del
hombre sobre el planeta. Para mí, una de las obras más bellas que este artista
ha creado.
Para el
artista, todo es posible cuando hablamos de su creación. Puede convertir lo que
mencionamos como feo, en absoluta belleza.
Dice Rodin: “Dejad
que un gran artista o un gran escritor se apoderen de alguna esas fealdades y él,
instantáneamente la transfigurará. De un golpe de varita mágica la habrá
convertido en belleza. ¡Cosa de magia; caso de hechizo!”
Y creo que de
eso se trata.
Pasa, muchas
veces, que el crítico expresa su “juicio objetivo”, desde un lugar lejano a la
objetividad, ya que suele realizarlo desde la simpatía o la antipatía personal
respecto del juzgado. Por lo tanto, la observación de la obra del juzgado, está
sometida a ese sentir simpático o antipático.
Rodin fue
rechazado durante años por los académicos. Pero no por la calidad de su obra,
sino ¡por el odio que sentían por quien había sido el maestro de Rodin! Increíble,
pero verdadero.
Gauguin, en una
serie de textos acerca del arte, dice: “Para juzgar un libro se requiere
inteligencia e instrucción. Para juzgar la pintura y la música, además de la
inteligencia y el sentido artístico, hace falta tener sensaciones especiales
ante la naturaleza: en una palabra, se tiene que haber nacido artista y, entre
los llamados, son muy pocos los escogidos”
Se puede hablar
tanto del dibujo en el arte, como del estilo en la literatura.
El estilo que
se amanera que gesticula para hacerse notar, considero que es malo. Lo bueno,
es cuando el estilo se hace olvidar para que uno se concentre sobre el tema,
sobre la emoción expresada, que no es otra cosa que la esencia de lo que se
pretende decir.
Ningún artista
que se precie, hace ostentación de su dibujo, como ningún escritor de los
buenos, quiere ganar elogio por su estilo. Lo que “gana”, es el interés por lo
que se expresa. De la verdad que se revela.
Termino con
esta aberración escrita por Miguel Cané, respecto del Sarmiento de Rodin, obra
que le fuera encargada por un comité de notables y como la obra no satisfizo la
capacidad de crítica de estos señores, es así que cané, le envía una carta a
Rodin, diciéndole lo siguiente:
“…usted pensó seguramente que los
argentinos son salvajes y que la escultura que nos mandó la aceptaremos sin
más. Usted se equivoca. Los argentinos no son como usted se los imagina en
Francia. Usted no ha querido seguir las recomendaciones del Comité. ¡Bah! ¡un
montón de salvajes! ¿Qué diría usted si un escultor comprometido para hacerle
el retrato a usted, en mármol, en bronce o en chocolate, le representa una
barba enroscada dándole la forma de una serpiente. El escultor (no Moisés) le
diría a usted: es así cómo yo veo a papá Rodin. Y usted debería callarse porque
ese argumento es el mismo que usted esgrime… créame usted. Deje de hacer mal.
Quiero decirle que no esculpa más, que abandone la escultura”
Mueve a carcajada.
© Helios Buira
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