miércoles, 13 de febrero de 2013

TOMÁS DE AQUINO. EL ANTES Y EL DESPUÉS DE LO QUE EXISTE.

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Tomás de Aquino dice que todo lo que empezó a existir, antes de haber existido, era posible que existiera. En caso contrario, hubiera sido imposible que fuera hecho.
Luego agrega: “Pero lo que es posible que exista es la materia, la cual está en potencia para existir, cosa que sucede gracias a la forma, o para no existir, cosa que sucede por la privación”
Esto lo dice, en el Artículo 1 de su texto Si la totalidad de las criaturas existió siempre.
Sigue: “­Si el mundo, pues, empezó a existir, antes del mundo existió la materia. Pero no puede haber materia sin forma y, a su vez, la materia del mundo con forma es el mundo. Hubo pues, un mundo antes de que empezara a existir, lo cual es imposible”.
Cierto que lo dicho por Tomás de Aquino, está referido en muchas partes del texto, a refutar a filósofos, teólogos y pensadores, a la vez, de coincidencias con algunos de ellos, respecto de la creación del mundo, o de la existencia eterna.
Pero mi intención no es meterme en semejante laberinto de ideas, de pensamientos que ellos proponen, sino, simplemente, opinar sobre la forma, la materia que se suele utilizar para crear alguna cosa que tenga contenido, aceptando que eso creado, es cosa nueva en el planeta.

Un pedazo de arcilla, es una forma en sí.
Tomo ese pedazo de arcilla y me propongo hacer con él, una figura. Preparo un armazón que servirá como sostén y con mis manos, voy construyendo lo que desde mi subjetiva concepción, será la figura que ocupará un espacio y para verla en todas sus instancias compositivas, tendré que girar en derredor, o bien, en caso de que esté ubicada en una torneta, ésta será la que gire.
Parto entonces, de la destrucción de aquella forma primera que tenía la arcilla, para concebir una forma diferente. O si se quiere, una nueva forma.
Esa destrucción, se repetirá durante el transcurso creativo y se mantendrá hasta dar por finalizada la obra. ¿De qué manera se da esa destrucción-construcción? Planto la escultura; le voy dando forma, será una figura de pie; agrego material, aparecen piernas, torso, brazos. Pero eso hecho no es de mi agrado; entonces quito alguna de las partes (destruyo) y agrego nuevamente material para ir observando cómo sale eso que quiero decir (construyo). Reitero, esta manera, hasta que considero que lo hecho me agrada, o, puede ser, que la propia escultura me diga: listo, hasta aquí llegamos.
Es lo que llamo diálogo. Giro en rededor, la voy viendo, mirando y puede que ella me diga: la dirección de este brazo, desequilibra un poco el ritmo, reitera la diagonal que marca la pierna y esa reiteración debilita el recorrido.
¿Por qué se gira en rededor? Primero, porque es un cuerpo tridimensional. Volumen. Pero, como se trata de una composición en el espacio, el recorrido, nos permitirá sentir el ritmo, el desplazamiento de masas, la unidad en el todo y cuando uno observa un lado, si la obra está bien construida, seguramente podrá adivinar o sentir, qué hay detrás.  No importa que sea una figura humana, geométrica o lo que se suele llamar abstracción (palabra que no es de mi agrado)
Pero eso hecho en arcilla, si no se lo hornea para transformarlo en terracota (otro cambio), se lo puede moldear, luego llenar ese molde con cemento y sacar un positivo del calco. Qué pasó: la arcilla, al quitarla del molde, se destruye como figura y cuando uno limpia el yeso de ese molde que contenía la figura en cemento, también se destruye (se llama molde perdible)Y lo que queda, finalmente, es una figura en cemento que, para existir sobre el planeta, desde su génesis, pasó por destrucciones-construcciones decididas. Llamémosle, transfiguración.

Pero hay otro modo, que también utilizo como material para mis esculturas: El yeso.
Aquí, el tema de las transformaciones, comienza en las canteras  (a cielo abierto) de alabastro o aljez.
Se extrae la piedra, generalmente de tamaños reducidos y se hace una minuciosa selección que significará luego, las distintas calidades del yeso.
O sea, se extrae la piedra de un lugar que es un todo y se lo separa en partes. Luego, cada una de esas partes, son un todo, que sufrirán una serie de procedimientos, que lo conducirán al yeso propiamente dicho.
Una vez seleccionado el material crudo, se somete a una deshidratación parcial con una técnica de calcinación a altas presiones en un riguroso control de tiempo y temperatura, obteniendo cristales de mínima porosidad y forma regular, que permitirán producir modelos de gran dureza y resistencia. La estructura y propiedades del producto final dependen directamente de las condiciones de calcinación empleadas.
Posteriormente para por un proceso de trituración.
La primera trituración, reduce el tamaño de las piedras para facilitar su manejo a una dimensión inferior a 15 cm, la segunda trituración por medio de quebradoras permite reducir el tamaño de las piedras de 4 a 5 cm.
La operación posterior a la trituración es la molienda, el yeso calcinado es llevado a tolvas que dosifican la cantidad de material proporcionado a los molinos. La proporción y distribución de los tamaños de partícula es un factor determinante con respecto a las propiedades del producto.
Una vez que el yeso alfa está finamente molido, se ajustan los detalles con aditivos para que el producto responda a las necesidades del cliente en lo que se refiere a tiempo de fraguado, viscosidad, porosidad, resistencia mecánica, expansión de fraguado, color, entre otros factores.
Bien, una vez que finalizó todo ese proceso de fabricación, voy a la ferretería de Jorge, y compro bolsas (de plástico) de cinco kilos, para que la humedad ambiente no lo perturbe, preparo un armazón de alambre galvanizado y a partir de allí, la gestación de una nueva obra.
Claro, este hacer es otro al de la arcilla. El yeso, para ser tal, tuvo que pasar por diferentes transformaciones. Pero yo, al trabajarlo, lo hago por construcción, o sea, agrego material y al mismo tiempo, voy dando la forma. No quito, siempre agrego. Esta manera, a veces, me lleva a lo que podría decir casual, ya que por momentos no es fácil el dominio del material pues al ser una construcción directa (por eso se llama yeso directo a esta técnica) a veces la forma va donde ella quiere. Y la dejo, pues así debe también quererlo la figura.

Y vuelvo a Tomás de Aquino que sigue enojado con algunos filósofos:
Además: vacío es el lugar donde no hay cuerpo alguno, pero es posible que lo haya. Pero si el mundo empezó a existir, donde ahora está el cuerpo del mundo antes no hubo cuerpo alguno, y, sin embargo, era posible que allí lo hubiese. En caso contrario, no estaría ahora allí. Por tanto el vacío existió antes del mundo; lo que es imposible.

Bueno, humildemente le digo a Tomás que mis esculturas, tampoco estaban en el mundo, hasta que yo las hice. Digo lo mismo para las obras de todos los artistas del mundo, en todos los tiempos.

© Helios Buira

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