Fin del 2000
Queridísimo Rubén.
El silencio no implica olvido. Y
mucho menos la pérdida de afecto y la admiración, que están en vigencia plena.
Aquí, en mi taller, un alto en la
tarea intentando llegarte al menos, de esta manera.
Una bella tarde de sol, que huele
ya a Otoño, con ganas de que se presente pronto, pues para mí, es la estación
más hermosa.
Trabajo arduamente en la serie
“De Escaleras y Otras Referencias (subir, no es lo mismo que elevarse)” que
trata justamente acerca de las distintas maneras que tienen las personas para
trepar en lo terreno, en lo cotidiano, o bien, para ascender espiritualmente,
también en lo terreno y en lo cotidiano.
Es una manera de dualismo, algo
como pendular y cada observador tendrá la opción de significar la zona que la
obra le sugiera. Tal vez se trate de una síntesis visual de los comportamientos
humanos, creo que desde tiempos remotos, aunque vistos desde hoy y desde mí.
Una de las obras se titula
“Gólgota”, con lo que ese título representa; son tres figuras, pero no están
crucificadas, sino que penden, ahorcadas, de una estructura que conforma un
arco de futbol. Pero no es algo ficcional, sino que, (tremendo recordarlo),
cuando trabajaba en Canal 11, una mañana, desde el colectivo, vimos esa escena
dantesca en una cancha de fútbol; éramos pocos pasajeros, invierno, había
neblina y esas sombras allí colgadas, nos impresionaron de manera inenarrable.
Esta obra, tiene apoyada sobre el
arco una escalera, como símbolo, si vale decirlo, de que por ella subieron
quienes cometieron semejante crimen. Fue por el año ’76, la dictadura recién
comenzaba con el horror.
Observá que recién ahora, pude
componer esa imagen, que me angustió por tanto tiempo. Han pasado veintiséis
años.
Te enviaré fotos de las obras que
vaya terminando y bocetos (dibujos) de las que tengo en realización. No
recuerdo si en cartas anteriores te hablo sobre esta serie, pero de ser así,
tomalo como ampliación del tema.
Estamos atravesando por momentos
difíciles para esta civilización, y lo que acontece me hace pensar que estamos
en los comienzos del fin del imperio, como ha sucedido con todos los imperios
en el transcurso de la humanidad sobre el planeta.
Cuando los imperios se saturan de
poder, ingresan en una zona sin retorno de autodestrucción, pues la corrupción,
la impunidad, la hipocresía, toman forma de nobleza y la decadencia se
manifiesta en la inversión de los valores y comienzan a ser lícitos los horrores
que se cometen en nombre de esa falsedad. Todo esto, ya está globalizado.
Porque el poder económico, el
poder mercado, para sostener el imperio –ya lo han dicho-, arrasarán con todo
aquello que pretenda hacer peligrar sus intereses. Ponele nombre a cualquiera
de los países que ya están siendo atacados, para “llevarles la democracia” y
poner orden.
Rubén. De los seis mil millones
de habitantes que hay en el planeta, casi dos mil millones, padecen hambre, o
están bajo la línea de pobreza, en la indigencia. ¡Dos mil millones, Rubén!
¿Cabe esto en tu cabeza? Debería decir mejor: ¿Cabe esto en tu corazón? Porque
no creo que sea razonable. Sólo el sentimiento de los hombres, la militancia
social, lo solidario, podrá modificar esta insensatez.
Allí, en ese contexto sensorial,
en el mundo del espíritu, es donde quiero concentrar la realización de mi
trabajo escultórico.
Dejo por un rato, luego sigo.
El rato se transformó en unos
días después.
Deseo que todo lo tuyo esté bien,
que se cumplan los proyectos, que tu universo personal esté en armonía con la
Energía Universal y si así no fuere, bueno, pues, convocaremos a los dioses
para que todo se modifique favorablemente.
Pronto te enviaré algunos
dibujos, estoy trabajando fuerte, con ganas. Animado.
Lo que recibiste anteriormente,
son fotografías de la última muestra que hice en Recoleta, a modo de Homenaje a
Soledad Rosas. Rescato esto que salió en el diario La Nación (sabés que lo
detesto)
PARTE DEL AIRE
Esculturas de Helios Buira en Recoleta
Hasta el domingo 10 puede visitarse, en el Centro Cultural Recoleta,
una conmovedora serie de esculturas, y dibujos de Helios Buira.
El artista realiza esta vez, y a su manera, un homenaje poético y
testimonial a la joven anarquista argentina Soledad Rosas, que muriera
trágicamente el año último en una cárcel de Italia. En la visión particular de
Buira, la imagen desoladora de esta mujer de poca suerte se transforma casi en
un haz luminoso. Con un tratamiento minucioso y sensible, Buira acusa al mundo
de las apariencias, cruel e individualista, por haber condenado a los seres que
no pueden adaptarse a sus reglas. Estas esculturas son el resultado de un
extraño cruce entre formas abstractas y perfiles de una realidad cruda. Nadie
que las vea y se deje llevar por su impronta podrá quedar indiferente. El
cuerpo sin vida de Soledad Rosas cuelga desde el espacio, ubicado para siempre
en un punto en el que ya nadie puede hacerle daño.
Helios Buira . Esculturas. Hasta el 10 del actual, en el Centro
Cultural Recoleta. Junín 1930. Tel. 803-1041. Martes a viernes, de 14 a 21; sábados y domingos,
de 10 a
21. Gratis
Publicado en el Diario La Nación, de Buenos Aires, el viernes 8 de
enero del 2000
Creo que la persona que escribió
la nota, “miró bien”, por ello pudo trazarla. Se acerca bastante a mi
propuesta, al Homenaje.
En uno de los días en que estaba
en la sala, ingresó un joven, recorrió las obras, preguntó quien era el autor, le
dije que yo y me abrazó fuertemente, llorando. Él estaba de paso por buenos
Aires, vive en Italia y el llanto, me explicó luego, fue porque él militaba con
Soledad en el grupo de Okupas.
Me confirmó que la asesinaron en
la cárcel, al igual que a Edo, su pareja.
Cuando me suceden estos
encuentros, quedo en asombro permanente. En el cuaderno que puse para que los
visitantes a la muestra escribiesen su sentir, él escribió:
“No olvidamos a Soledad, no olvidamos a Edo.
Seguiremos okupando y luchando.
Si te animás a venir a Italia, allí tendrás los espacios que okupamos para
que expongas tu obra que es conmovedora”
Observo por la ventana del bar y
veo a las personas que pasan presurosas, esquivándose; sus rostros serios, ásperos,
concentrados, que dicen de la crisis, de estos tiempos difíciles. Siento que
están tristes, quizás, porque cada día es más difícil sobrellevar lo cotidiano.
En otro tiempo, puede que haya
pensado que veía el mundo que me rodeaba, lo veía mal, por mi estado anímico;
pero esta vez no es así, pues estoy en un gran momento, con proyectos,
trabajando duro en el taller, o sea, que no tengo mucho para preocuparme. Y
como lo económico ha sido siempre una precariedad en mi existencia, luego de
tantos años, aprendí a sobrellevar las carencias de la mejor manera, cosa que
no moleste.
Digo con esto, que mi visión de
los rostros tristes de las personan que andan por las veredas de Buenos Aires,
no es una expresión de mi estado anímico. Por ello, en la muestra venidera, en
el catálogo, dirá: “Mi obra no debe ser vista como la realidad. Pero no se puede
prescindir de ella para ser comprendida”
Soy un testigo de este tiempo y
cuento o intento contar lo que veo y siento.
Los que quedan vivos, después de
un terremoto, por ejemplo, son los que pueden contar luego lo ocurrido. Pero,
seguramente, antes de contarlo, fueron protagonistas en las tareas de rescate,
en solidarizarse con los que no estaban en sus mismas condiciones.
Creo, con toda humildad, que
puedo contar algo de lo que acontece en el mundo, con la esperanza de que mi
obra pueda servirle a alguien, para encontrar su mundo. Y si fuese así,
entonces sentiré, luego comprenderé y aceptaré que el arte, sirve para algo más
importante que ser un objeto estético, o una cosa del mercado.
Va mi abrazo
Lento y apretado
Helios
© Helios Buira
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