domingo, 3 de febrero de 2013

PERSONAJES. LOS AUTORES. Y ALGUNA REFLEXIÓN.

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En una lista literaria de la Red, trataron el tema de los personajes en la literatura.
Digamos, la identidad de los personajes.
Pensé, sobre ese asunto, que los personajes cuando son verdaderos, trascienden incluso, al propio autor y al texto en el cual están inmersos.

Si menciono a Raskolnikov, al señor K., a los Guermantes, Mimí, Paolo y Francesca, Ulises, Martín, Alejandra, no necesito nombrar a sus respectivos autores, ni las obras a las cuales pertenecen. 

Aparecen interrogantes: ¿qué cosa es que hace tan importantes a estos seres de ficción, pero a la vez tan reales, que los nombramos como si fuesen personas que transitan por el mundo? Es más, muchos personajes, dieron cabida a estudios muy profundos de la condición humana; con sólo mencionar a Edipo, ya sabemos de qué se trata y quién ahondó en la trama de su existencia.

Cuántas personas que ni siquiera conocen al autor, dicen frases que vienen desde antaño: “ser o no ser, esa es la cuestión” Esto lo escuché en un bar, de una persona qué, doy fe, no sabía que Shakespeare había dicho esas palabras por boca de Hamlet; ni siquiera sabía de la existencia del Gran Dramaturgo. Y cuántos le dicen a su pareja “Mi Romeo” o “Mi Julieta”, según el caso. Hasta en la música popular, llegan a incorporarse personajes de grandes óperas, como es el caso del tango Griseta, que comienza diciendo: “mezcla rara de Musetta y de Mimi”, las costureritas de La Bohème de Puccini.

¿Información? ¿Inconsciente colectivo? O Energía de estos seres maravillosos que escapan de los libros para instalarse entre nosotros.
Tal vez, todos los personajes de todas las obras de todos los tiempos no hubiesen existido, de no ser por la emoción de sus autores  que a través de un impulso hacia la expresión consiguieron liberarlos de su no existencia previa. ¿O ya existían antes de que sus autores plasmaran sus nombres en memorables obras?.

Es cierto que los personajes salen del propio corazón del creador, desde su alma, desde esa zona solitaria y sublime a la que nadie tiene acceso. A veces, creo, que ni el propio autor. Pero, reitero, los personajes cobran vida propia y es ahí donde el autor ya nada tendrá que ver, ya no le pertenecerán.

Uno también puede colegir que cada uno de esos nombres no sean tales, sino que el autor está diciendo: se trata de mi angustia, de mi soledad, mi ansiedad, o como se llame que expresa el personaje; de modo que son más bien el autorretrato del creador, la descripción de su cosmogonía, inmersa en la ficción, pero ávido de comunicación. Con el agregado de que proponen un encarnizado examen de la condición humana, la exploración de sus abismos, de sus límites, de sus tragedias. 

El artista es un individuo dotado de una sensibilidad y una inteligencia, diferentes, “ve cosas” donde las demás personas nada ven. Por ello, una de las misiones del arte es develar realidades que los otros no advierten. El artista es un revelador. Y esa revelación se hace con formas que sólo el artista puede utilizar, para crear sus decires. 

Será por ello entonces que los personajes trascienden a las obras, porque quizás, el arte, no se hace ni se siente con la razón, sino con el cuerpo entero, con el alma. El arte pertenece al universo de los sentimientos. Y en ese universo, puede que la ficción no sea tal y un día, en una esquina de cualquier ciudad, nos salude, alzando una de sus manos el Señor K, mientras trata de mensurar la distancia que lo separa del Castillo.

© Helios Buira

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