sábado, 16 de febrero de 2013

MIS CARTAS. ESTA VEZ, MIRTA NAROSKY.

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Hubo un tiempo en que me propuse un intercambio epistolar con algunas personas allegadas, pero luego eso terminó, no escribí más y por estos días, encontré un cuaderno donde las escribía para después copiarlas y enviarlas.
Aquí va una de ellas.

Queridísima Mirta.
Buenavida, Buenosvientos.

Fue maravilloso haber estado en tu taller.
Fue maravilloso haber hablado como hablamos.
Fue maravilloso para mí haber visto tu obra, honda, intensa, con la que me identifico en plenitud, no sólo por la emoción que provocó en mí, por las fuertes sensaciones, sino porque en muchas zonas de tu producción, comprendo que estoy, o estamos haciendo casi los mismos temas; claro, desde la identidad de cada uno.
Tus espacios virtuales no son lejanos en absoluto a mis espacios escutóricos, las escaleras que aparecen en distintos recovecos de esos espacios no son lejanas en absoluto a las escaleras de mi serie: "De Escaleras y Otras Referencias (Subir, no es lo mismo que elevarse)" que ocupa mi hacer por estos días.
¿Coincidencias?
Puede ser.
Pero prefiero pensar que hemos sido puestos en una misma frecuencia de Energía, hemos sido ubicados en la misma senda por arbitrio del Azar Concertado, como me dijo alguna vez mi querido amigo y poeta Máximo Simpson.
Está en nosotros, de aquí en más, indagar con la acción, el sentido y el significado del por qué de nuestro encuentro. Y digo con la acción porque en la obra es donde a nosotros se nos corren los velos de todos los interrogantes. Allí, están las respuestas. Las respuestas interiores, las más hondas, sobre las preguntas más profundas.
Este es el inicio de lo propuesto aquella noche bella. Propuesta de un total encuentro no solamente con las respectivas obras en el taller de cada uno, sino también a través de un puente que una las palabras, en el pensamiento y, como bien dijiste, un puente de alma a alma.
Ocho de la mañana, hace frío, veo cómo la gente pasa abrigada, cómo la ciudad va tomando ritmo, movimiento, cómo estas gentes caminan con paso presuroso tal vez para que el cuerpo tome una temperatura que pueda mitigar la baja línea mercurial que le da sentido a este Invierno Porteño.
Estoy en La Giralda, mi Bar de detención rumbo al taller, donde arranco todas las mañanas para cumplir con el Sagrado Mandato. Y uno más de mis interminables cortados.
Dejo por un rato. Salgo para el Taller.
Caminaré por Corrientes, abrigado por mi vieja campera, una bufanda, una gorra de lana negra que fuera de mi padre y el fuego interior que mantiene al rojo vivo y de manera permanente el crisol donde se prepara la esencia de la obra que saldrá de mí.
En el colectivo, leeré. Me encanta leer cuando viajo. Estoy en estos días con las cartas que intercambiaron Flaubert y Turgueniev.
¿Coincidencias?
Te pienso.

Por la noche. Nuevamente en La Giralda, pero ahora, rumbo a casa.
Como diría mi querido maestro, Antonio Pujia: “Helios, te ganaste el día”
Sí, una frase que me decía cada vez que trabajábamos en su taller, yo como ayudante, pero ese te ganaste el día no era por la paga, sino, porque la tarea a uno lo llena, lo mejora, lo hace digno. La tarea en el arte. Y de esa manera, al mismo tiempo, se une energéticamente con los maestros que nos preceden, con los que fueron llenando de obras el planeta.
Hace unos días, estuve recorriendo la Red y encontré imágenes de los talleres de alguno de ellos y viéndolos, te aseguro que es como ver sus obras y agrego que pude comprender que esas obras salieron desde allí, con la profunda energía del lugar de cada uno.
El que más me impresionó fue el de Francis Bacon, pero, el que al mismo tiempo más me agradó. No por el desorden descomunal, sino porque dentro de ese desorden, pude descubrir que hay una zona, pequeña, ordenada o algo parecido a un orden y es donde él trabaja. Lo otro, el basural, era, se me ocurre, el laboratorio que Bacon utilizaba para crear sus obras. Es imposible describir lo que allí se ve. Pero el basural tiene muchas fotos y sé, por dos libros que tengo con un reportaje que le hicieron, que desde distintas fotografías, hizo muchas de sus obras.
De Kooning: ¡Qué taller! ¡Qué dimensiones! Toda la luz del Universo, entra por un ventanal gigante. Y su obra. Admiro profundamente su obra. Y también lo que se dice de él, que luego de un problema cerebral muy serio, nadie se explica cómo puede ser que siga pintando.
Mañana, en otra carta, te contaré lo que hice en el taller, dos nuevas figuras que me agradaría algún día puedas ver
Y te seguiré comentando sobre los talleres de esos grandes maestros..
Ahora, me despido.
Seguí pintando, no pares nunca. Tu obra vale y es necesario que la continúes.
Un abrazo, como vos decís, de alma a alma.
Helios

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