Hubo un tiempo en que me propuse
un intercambio epistolar con algunas personas allegadas, pero luego eso
terminó, no escribí más y por estos días, encontré un cuaderno donde las
escribía para después copiarlas y enviarlas.
Aquí va una de ellas.
Queridísima Mirta.
Buenavida, Buenosvientos.
Fue maravilloso haber estado en
tu taller.
Fue maravilloso haber hablado
como hablamos.
Fue maravilloso para mí haber
visto tu obra, honda, intensa, con la que me identifico en plenitud, no sólo
por la emoción que provocó en mí, por las fuertes sensaciones, sino porque en
muchas zonas de tu producción, comprendo que estoy, o estamos haciendo casi los
mismos temas; claro, desde la identidad de cada uno.
Tus espacios virtuales no son
lejanos en absoluto a mis espacios escutóricos, las escaleras que aparecen en
distintos recovecos de esos espacios no son lejanas en absoluto a las escaleras
de mi serie: "De Escaleras y Otras Referencias (Subir, no es lo mismo que elevarse)" que ocupa mi
hacer por estos días.
¿Coincidencias?
Puede ser.
Pero prefiero pensar que hemos
sido puestos en una misma frecuencia de Energía, hemos sido ubicados en la
misma senda por arbitrio del Azar Concertado, como me dijo alguna vez mi
querido amigo y poeta Máximo Simpson.
Está en nosotros, de aquí en más,
indagar con la acción, el sentido y el significado del por qué de nuestro
encuentro. Y digo con la acción porque en la obra es donde a nosotros se nos
corren los velos de todos los interrogantes. Allí, están las respuestas. Las
respuestas interiores, las más hondas, sobre las preguntas más profundas.
Este es el inicio de lo propuesto
aquella noche bella. Propuesta de un total encuentro no solamente con las
respectivas obras en el taller de cada uno, sino también a través de un puente
que una las palabras, en el pensamiento y, como bien dijiste, un puente de alma
a alma.
Ocho de la mañana, hace frío, veo
cómo la gente pasa abrigada, cómo la ciudad va tomando ritmo, movimiento, cómo
estas gentes caminan con paso presuroso tal vez para que el cuerpo tome una
temperatura que pueda mitigar la baja línea mercurial que le da sentido a este
Invierno Porteño.
Estoy en La Giralda, mi Bar de
detención rumbo al taller, donde arranco todas las mañanas para cumplir con el
Sagrado Mandato. Y uno más de mis interminables cortados.
Dejo por un rato. Salgo para el
Taller.
Caminaré por Corrientes, abrigado
por mi vieja campera, una bufanda, una gorra de lana negra que fuera de mi
padre y el fuego interior que mantiene al rojo vivo y de manera permanente el
crisol donde se prepara la esencia de la obra que saldrá de mí.
En el colectivo, leeré. Me
encanta leer cuando viajo. Estoy en estos días con las cartas que intercambiaron
Flaubert y Turgueniev.
¿Coincidencias?
Te pienso.
Por la noche. Nuevamente en La
Giralda, pero ahora, rumbo a casa.
Como diría mi querido maestro,
Antonio Pujia: “Helios, te ganaste el día”
Sí, una frase que me decía cada
vez que trabajábamos en su taller, yo como ayudante, pero ese te ganaste el día
no era por la paga, sino, porque la tarea a uno lo llena, lo mejora, lo hace
digno. La tarea en el arte. Y de esa manera, al mismo tiempo, se une
energéticamente con los maestros que nos preceden, con los que fueron llenando
de obras el planeta.
Hace unos días, estuve
recorriendo la Red y encontré imágenes de los talleres de alguno de ellos y
viéndolos, te aseguro que es como ver sus obras y agrego que pude comprender
que esas obras salieron desde allí, con la profunda energía del lugar de cada
uno.
El que más me impresionó fue el
de Francis Bacon, pero, el que al mismo tiempo más me agradó. No por el
desorden descomunal, sino porque dentro de ese desorden, pude descubrir que hay
una zona, pequeña, ordenada o algo parecido a un orden y es donde él trabaja.
Lo otro, el basural, era, se me ocurre, el laboratorio que Bacon utilizaba para
crear sus obras. Es imposible describir lo que allí se ve. Pero el basural
tiene muchas fotos y sé, por dos libros que tengo con un reportaje que le
hicieron, que desde distintas fotografías, hizo muchas de sus obras.
De Kooning: ¡Qué taller! ¡Qué
dimensiones! Toda la luz del Universo, entra por un ventanal gigante. Y su
obra. Admiro profundamente su obra. Y también lo que se dice de él, que luego
de un problema cerebral muy serio, nadie se explica cómo puede ser que siga
pintando.
Mañana, en otra carta, te contaré
lo que hice en el taller, dos nuevas figuras que me agradaría algún día puedas ver
Y te seguiré comentando sobre los talleres de esos grandes maestros..
Ahora, me despido.
Seguí pintando, no pares nunca.
Tu obra vale y es necesario que la continúes.
Un abrazo, como vos decís, de
alma a alma.
Helios
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