Bourguet, en su
libro La barricada, dice:
“El
papel de cronista indiferente, es imposible para el espíritu capaz de pensar y
para el corazón capaz de sentir, cuando se trata de estas horribles guerras
interiores, de las cuales depende, por lo menos en ocasiones, todo el porvenir
de la patria y de la civilización”
Se puede decir,
también, que el hombre de inteligencia despierta y corazón sensible,
efectivamente, no puede limitarse al papel de espectador indiferente de las
luchas que se están desarrollando en la sociedad contemporánea.
En cuanto
aparecen los prejuicios, se encontrará de un lado de la barricada y si no está
contagiado de dichos prejuicios, se estará del otro lado.
¿Pero es que
hay una barricada? Mi respuesta es sí. La hay.
Las luchas
sociales en Sur América y puedo decir en todo el mundo, decididamente, nos
muestran que se está de un lado o del otro.
El
neoliberalismo, que arrasó en América del Sur todo lo que pudo, hoy se
encuentra destruyendo a Europa. Y a su vez, en la injusta distribución de la
Renta Mundial, dado que los poderes económicos así lo determinan, millones de
seres humanos padecen hambre.
Cuando vemos
que ha fracasado la moral, la religión, la economía capitalista, es imposible
“sacar” desde allí signos o reglas vitales y es, me parece, lo que ha llevado
al humano a refugiarse en su yo. Pero un yo débil, pues justamente, en
beneficio propio, los grandes capitales a través de años y años de falsa
información, de machacar constantemente en aras del consumo (para obtener sus
ganancias), ese yo, se encuentra perdido, sin rumbo. Por ello se afianza en el
único rumbo que le han indicado y que no lo conduce a su propia esencia, sino
que lo ha cosificado, al igual que las cosas que se consumen.
Esta guerra que
se desarrolla en el seno de la sociedad actual, no se resuelve con oraciones,
con gurúes que proponen un mundo interior para la salvación del espíritu, con
el intercambio de frases bonitas respecto de “cómo sentirte bien”, cosa que,
paradójicamente, alejan del ser en sí. Eso es, ausencia de interés social.
Y aquí es donde
vuelvo a la barricada. Se advierte, en América del Sur y se me hace que en el
mundo también, lo que llamo una “militancia ciudadana”, que conlleva al interés
social. Hay un mensaje de respeto, de aceptación del otro, la no
discriminación, la ayuda a quienes la necesitan. Puede que este nuevo transitar
sea lento, porque, claro es, son muchísimos años de una cultura individualista
y modificar paradigmas requiere de actitudes concretas, de acciones profundas.
De qué lado se
está. Observemos, miremos en rededor y veremos qué es lo que acontece, aún en
medio de lo que pretenden quienes quieren seguir con sus prebendas, con sus
rapiñas.
El capitalismo,
es para mí, como un león que puede elegir la presa, que se va a quedar con ella
para satisfacer su apetito. El resto, vendríamos a ser los que seguimos al
león, sabiendo que cuando él deje los restos, podremos comer eso que nos queda.
Esta metáfora
habla también de una sociedad que de alguna manera, acepta esas reglas
impuestas por el capitalismo y se conforma con lo que le dejan, contentos, aún
de recibir las sobras.
NO. Lo que
acontece, es un no a toda esa basura que nos obligaron a comer durante años y
años, se sale a manifestar, a decirles Basta.
Ellos, están
del otro lado de la barricada.
¿Y los
artistas?
¿Cuánto tienen
de presencia en este tiempo de militancia ciudadana?
Y las obras que
hoy se crean ¿Acuerdan con lo que acontece? ¿Son el reflejo de este tiempo?
Cuando alguien
dice Renacimiento, sabemos qué está diciendo, incluso, con fechas, con época,
con maneras de vida y lo que creaban aquellos artistas.
Decir por
ejemplo Impresionismo y ocurre lo mismo, nos ubicamos en un tiempo histórico y
así, podemos mencionar lo que se nos ocurra para determinar cualquier época de
la humanidad.
Pero hoy, qué.
Estamos en un
cambio de Época. Es evidente y a la vez, inevitable. La humanidad está al borde
del colapso, o de la salvación. Claro, según de qué lado de la barricada se
ubique.
Lo mismo
acontece con el arte, que es lo que hacen los artistas.
El tamiz, será
durísimo, impiadoso y el vendaval, sólo dejará en pie, a aquellos que se
transformen en gárgolas para soportarlo, o en menhires, para que la posteridad
pueda saber qué fue lo que nos ocurrió cuando decidimos terminar con semejante
oprobio, el de la injusticia, el de la desigualdad y todo el horror que eso
significa.
Los que corran
desnudos por las calles al grito de ¡Esto es arte!, con apenas un soplido,
desaparecerán de la historia del arte que ellos creen representar.
Y lo mismo
sucederá con aquellos que apuesten al mercado, con ojos desorbitados, esperando
el “precio” que críticos y galeristas le pongan a sus obras.
Porque Valor,
significa otra cosa.
© Helios Buira
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