Con Mariano
Pagés, fuimos a ver una muestra de esculturas.
No eran buenas,
pero, como todo análisis valorativo es subjetivo, no dije nada sobre lo que
allí se exponía. Cuando salimos, antes de ir a tomar un café, Mariano dijo: -Es
difícil ser escultor, imaginá entonces lo que significa ser un artista.
Acepté sus
palabras.
Pasados algunos
años de aquella salida, encontré en una librería de viejo un libro de Gauguin, Escritos de un salvaje. En una de sus
páginas, escribe: -¡Qué difícil es la
pintura! Aunque siguiera a pies juntillas las reglas, igualmente sería
lapidado.
Para que tenga un aspecto grave, los colores
tendrán que ser graves también. Para que sea alegre, los colores cantarán como
espigas de trigo, serán claros. ¿Deberá ser una pintura clara u oscura? Existe
un «entre las dos» que satisface a la gente en genral, pero que no me gusta
mucho.
Dios mío, qué difícil es la pintura cuando
se quiere expresar el pensamiento con medios pictóricos y no literarios.
Decididamente, el cuadro que voy a hacer está lejos de ser realizado, el deseo
es mayor que mi capacidad, mi debilidad es inmensa (inmensa y debilidad,
¡hummm...!) A dormir…
No sé si
Mariano Pagés quería decir todo esto, pero creo haber comprendido sus palabras.
En una de mis
muestras, Al ingresar Mariano a la galería, me dijo: -Buena muestra. Le
pregunté por qué lo decía, si no había recorrido el salón. Respondió: -Porque
se la ve bien, el conjunto es coherente, habla de tu unidad expresiva. Luego,
recorriendo, puede que algunas obras me agraden más que otras, pero, la primera
impresión, al ingresar a una exposición, es la que vale.
Los maestros,
siempre tienen una respuesta que deja huella.
Cierta noche en
el Taller-Escuela de Antonio Pujia, (yo participaba como alumno y durante el
día, hacía las veces de ayudante), comenzamos el estudio de una cabeza.
Mientras hacía el armazón, el maestro, que recorría los lugares de trabajo de
cada discípulo, se detiene y con un movimiento, lo destruye. Quedé paralizado. Al
momento, agregó: -Helios. No tuve que esforzarme mucho para romper el armazón.
La obra, comienza allí. Si el armazón es débil, entonces no habrá obra; el peso
de la arcilla lo destruiría como lo hice yo.
Se fue a ver a
otro alumno. Comencé nuevamente la tarea. No sé cómo, pero cuando él intentó
repetir lo anterior, no pudo mover absolutamente nada, el armazón estaba bien
firme. Sonrió y agregó: -Bueno, todo bien. Pero ahora te falta cargar arcilla y
comenzar con el estudio de la cabeza. La obra, todavía no existe.
Semanas
después, cuando el estudio de la modelo y el trabajo sobre la arcilla consideré
que estaba terminado, lo llamé y el maestro lo aprobó diciéndome que era un
buen retrato. Y nuevamente las palabras que por momentos pesaban: -Me agrada.
La “tomaste” a ella, no a su imagen exterior. Pero, ahora viene algo difícil,
que es hacer el molde y el vaciado. La obra, aún no existe.
Yo sentía que
ya estaba, que me había salido bien, sentía que era un buen trabajo. ¿Qué más
quería Antonio?
Hice el molde,
lo abrí, hice el vaciado y cuando el material estuvo seco, piqué el molde, para
que apareciese el positivo. O sea, la cabeza en cemento, que era el material
que utilicé para el vaciado. La limpié y dejé que se secara bien para luego
patinarla. Eso hice.
A los pocos
días, cuando se hizo la reunión final, con todos los trabajos de los alumnos
terminados hicimos lo que llamábamos “la crítica destructiva”, opinando cada
uno, sobre el trabajo del otro.
Cuando le tocó
al mío, Antonio dijo: -Es un buen retrato. Una buena obra. Me agrada. Durante
todo el tiempo de tarea, le dije a Helios (le hablaba a mis compañeros de taller) que la obra no estaba, no existía. Sé
que a él le molestaba. Pero aquí está. Ahora, la obra existe. Él aprendió. Si
el armazón hubiese sido débil, la cabeza no estaría. Si cuando hizo el molde el
calco no era bueno, tampoco, lo mismo que con el vaciado, si hubiese tenido
muchas burbujas. Y finalmente, durante el picado, en el cual nada se rompió.
Quiero decir, que todos los pasos técnicos, son parte de la obra final. Así se
gestan, hasta que salen a la luz. Ser rigurosos en el trabajo, les dará
satisfacciones profundas.
Sí, aprendí y
creo que bien, pues varios artistas me convocaron para que les moldeara sus
obras, con el respectivo vaciado y debo decir, sin muchos errores.
Y también
agrego: Aún hoy día, no es nada fácil ser escultor.
Gracias
también, a usted, Mariano.
© Helios Buira
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