lunes, 4 de febrero de 2013

ESCULTURAS. DIFICULTADES. Y LOS MAESTROS.

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Con Mariano Pagés, fuimos a ver una muestra de esculturas.
No eran buenas, pero, como todo análisis valorativo es subjetivo, no dije nada sobre lo que allí se exponía. Cuando salimos, antes de ir a tomar un café, Mariano dijo: -Es difícil ser escultor, imaginá entonces lo que significa ser un artista.
Acepté sus palabras.
Pasados algunos años de aquella salida, encontré en una librería de viejo un libro de Gauguin, Escritos de un salvaje. En una de sus páginas, escribe: -¡Qué difícil es la pintura! Aunque siguiera a pies juntillas las reglas, igualmente sería lapidado.
Para que tenga un aspecto grave, los colores tendrán que ser graves también. Para que sea alegre, los colores cantarán como espigas de trigo, serán claros. ¿Deberá ser una pintura clara u oscura? Existe un «entre las dos» que satisface a la gente en genral, pero que no me gusta mucho.
Dios mío, qué difícil es la pintura cuando se quiere expresar el pensamiento con medios pictóricos y no literarios. Decididamente, el cuadro que voy a hacer está lejos de ser realizado, el deseo es mayor que mi capacidad, mi debilidad es inmensa (inmensa y debilidad, ¡hummm...!) A dormir…
No sé si Mariano Pagés quería decir todo esto, pero creo haber comprendido sus palabras.
En una de mis muestras, Al ingresar Mariano a la galería, me dijo: -Buena muestra. Le pregunté por qué lo decía, si no había recorrido el salón. Respondió: -Porque se la ve bien, el conjunto es coherente, habla de tu unidad expresiva. Luego, recorriendo, puede que algunas obras me agraden más que otras, pero, la primera impresión, al ingresar a una exposición, es la que vale.
Los maestros, siempre tienen una respuesta que deja huella.

Cierta noche en el Taller-Escuela de Antonio Pujia, (yo participaba como alumno y durante el día, hacía las veces de ayudante), comenzamos el estudio de una cabeza. Mientras hacía el armazón, el maestro, que recorría los lugares de trabajo de cada discípulo, se detiene y con un movimiento, lo destruye. Quedé paralizado. Al momento, agregó: -Helios. No tuve que esforzarme mucho para romper el armazón. La obra, comienza allí. Si el armazón es débil, entonces no habrá obra; el peso de la arcilla lo destruiría como lo hice yo.
Se fue a ver a otro alumno. Comencé nuevamente la tarea. No sé cómo, pero cuando él intentó repetir lo anterior, no pudo mover absolutamente nada, el armazón estaba bien firme. Sonrió y agregó: -Bueno, todo bien. Pero ahora te falta cargar arcilla y comenzar con el estudio de la cabeza. La obra, todavía no existe.
Semanas después, cuando el estudio de la modelo y el trabajo sobre la arcilla consideré que estaba terminado, lo llamé y el maestro lo aprobó diciéndome que era un buen retrato. Y nuevamente las palabras que por momentos pesaban: -Me agrada. La “tomaste” a ella, no a su imagen exterior. Pero, ahora viene algo difícil, que es hacer el molde y el vaciado. La obra, aún no existe.
Yo sentía que ya estaba, que me había salido bien, sentía que era un buen trabajo. ¿Qué más quería Antonio?
Hice el molde, lo abrí, hice el vaciado y cuando el material estuvo seco, piqué el molde, para que apareciese el positivo. O sea, la cabeza en cemento, que era el material que utilicé para el vaciado. La limpié y dejé que se secara bien para luego patinarla. Eso hice.
A los pocos días, cuando se hizo la reunión final, con todos los trabajos de los alumnos terminados hicimos lo que llamábamos “la crítica destructiva”, opinando cada uno, sobre el trabajo del otro.
Cuando le tocó al mío, Antonio dijo: -Es un buen retrato. Una buena obra. Me agrada. Durante todo el tiempo de tarea, le dije a Helios (le hablaba a mis compañeros de taller) que la obra no estaba, no existía. Sé que a él le molestaba. Pero aquí está. Ahora, la obra existe. Él aprendió. Si el armazón hubiese sido débil, la cabeza no estaría. Si cuando hizo el molde el calco no era bueno, tampoco, lo mismo que con el vaciado, si hubiese tenido muchas burbujas. Y finalmente, durante el picado, en el cual nada se rompió. Quiero decir, que todos los pasos técnicos, son parte de la obra final. Así se gestan, hasta que salen a la luz. Ser rigurosos en el trabajo, les dará satisfacciones profundas.
Sí, aprendí y creo que bien, pues varios artistas me convocaron para que les moldeara sus obras, con el respectivo vaciado y debo decir, sin muchos errores.
Y también agrego: Aún hoy día, no es nada fácil ser escultor.
Gracias también, a usted, Mariano.

© Helios Buira

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