Año 2000
Queridísimo
Vasco.
Cuánto silencio
y que extenso el tiempo sin vernos.
Pero estás
aquí, en mi taller, pues te pienso y siento estas ganas de escribirte
Recuerdo que
hablamos por teléfono acerca de algún proyecto en común, Pero luego no hubo
nada para comunicarnos. Algo pasó.
Hasta marzo no
iré al Recoleta, licencia ordinaria que le dicen, pero no en el taller, que
estoy trabajando con buena energía, metiéndole con ganas a las ganas.
Avanzo con la
serie de las escaleras que di en llamar definitivamente: “De Escaleras y Otras
Referencias (subir no es lo mismo que elevarse). Ya hemos hablado sobre este
tema y creo, que viste algunos bocetos, algunas ideas en dibujo. Estoy indagando,
profundizando y llegando a zonas que deseaba llegar en cuanto al decir, al
contar.
Me declaro
testigo. Si testigo es el que puede contarlo, bueno, quiero ser un testigo
insobornable de cuanto acontece en este dolido planeta, quiero contar lo que
veo y siento, decirlos desde la metáfora.
Sostengo
aquello de que la lucha, es a golpes de metáforas.
Éste es un
momento difícil para el arte, pues la mayoría de los artistas están embarcados
en la nave que recorre el proceloso mar de los mercados y se someten a las
pesadas cadenas de las reglas que lo regulan. A la vez, con esta actitud
adormecen el carácter, la atención, sumergiendo en las profundidades de lo
mundano a la verdad y a la belleza. Es más, ellos mismos perecerán en esos fondos,
siendo recordados como los decoradores de este horror globalizado.
Más no importa:
el arte y la verdad se alzarán victoriosos, con una fuerza vital propia e
indestructible, como viene aconteciendo desde hace milenios.
En el momento
que esto escribo, escucho las Cantigas de Alfonso X, que vienen desde el mil doscientos.
¿Lo pensás
Vasco? ¡Ochocientos años sobre el planeta! Y esta música tiene la misma
vigencia que cuando fue concebida. Se trata de las Cantigas de Santa María, una
compilación de 428 obras, todas, de una belleza sideral.
¡El arte es un
absoluto Vasco! Con sentido de eternidad.
El tiempo no
tiene principio ni fin. El hombre necesita acotarlo por sus necesidades y por
su corta estancia en el planeta. Y cada vez es más cortito, más rápido, pues el
mercado así lo determina. ¿Quién va a componer hoy en día, una música que pueda
ser escuchada ochocientos años después? ¿Quién va a escribir una obra como la
Divina Comedia, que El Dante comenzó allá por el mil trescientos? Reitero lo
que dije sobre la música. El Dante, tiene la misma vigencia hoy, que cuando
escribió su inmensa obra. ¿Quién puede escribir algo como Macbeth u Otelo y qué
centenios después, llegue otro inmenso llamado Verdi y lleve esas obras a lo más alto de la Ópera?
O los esclavos de Miguel Ángel; memorando a la vez, que hace unos veinticinco
mil años, los artistas de las cuevas plasmaron las escenas de sus formas de
vida. O sea, argumentos irrefutables sobre lo que estoy diciendo y no le da
chances a los tontitos que hablan de arte efímero como si fuese una verdad
eterna y encima, lo tienen que llamar arte, cuando sólo se trata de una
expresión efímera. Claro, si no anteponen la palabra arte, ni ellos mismos se
lo creen.
Ya te había
dicho que no discuto ni hablo más sobre el arte, ni la estética, ni nada que
teorice acerca de lo que hago. Soy un hacedor.
Tengo necesidad
de contar algo que siento y pienso y lo hago de la manera en que me toca
decirlo. Sea con esculturas, dibujos, o fotografías.
Y que cada
quien haga lo suyo.
El tiempo y la
Energía Universal, ponen siempre, las cosas en su lugar.
Dame una
respuesta.
O venite a
casa. Me agradaría que te llegues a cenar y a la vez, energizarnos para seguir
metiéndole a las ganas.
Que estés Bien.
Lento y
apretado abrazo.
Helios
© Helios Buira
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