Siete de la mañana.
El cielo gris,
el aire fresco.
Ha pasado la
tormenta
Hay días que
conducen a la presencia de recuerdos, de sensaciones aparentemente olvidadas. O
tal vez postergados. Situaciones que se presentan imprevisibles y sin nexo
alguno, pero que convergen en el pasado para poder observar lo transitado.
Un cielo gris,
un simple cielo gris como cualquier otro que se muestra parecido a un otoño, que empuja a la imaginación, haciendo que ésta florezca en los
recuerdos.
Tiempo
atesorado, tiempo ganado en la existencia. Predisposición a situaciones y
acontecimientos que tal vez, no sean tan ciertos como cuando acontecieron, pero
queda una energía emotiva que hace del recuerdo otra realidad. Una realidad de
hoy. El recuerdo, acaece esta mañana. Porque lo vivo, lo siento, lo percibo y
el recuerdo comienza a hacerse necesidad, imperiosa, necesidad de continuarlo,
como cuando Henry Miller me dice: Recuerda
para recordar.
Y como el
recuerdo no se perpetúa más de lo debido, es que se va metamorfoseando y pasa a
ser otra situación en otro período y ya no hay almanaque que lo contenga. Como
si uno estuviese transitando por un tiempo no cronológico, como si todo
sucediese en otro plano.
Ahora, un
atisbo de sol.
Las plantas que
me acompañan, reciben esa luz ligeramente dorada, supongo que agradeciendo
luego de que la noche transitó sobre ellas.
Desde aquí,
donde estoy sentado ante la PC, puedo observar la escultura que he comenzado
hace apenas unos días, que será un homenaje a Xul Solar, cosa que estuvo
presente desde el primer pensamiento sobre lo que quería hacer, pero, debo
decir que luego de la primera emoción, en el inicio de la composición, todo se
fue haciendo como por sí solo, como si yo no tuviese nada que ver, o mejor
dicho, sin saber lo que estaba haciendo. Cuántas de mis obras fueron concebidas
de este modo. ¿Será que el arte se manifiesta de esta manera? ¿Algo así como
una casual causalidad?.
Me agrada, me
provoca placer esto del descubrimiento posterior a lo concebido, o, a lo que creo haber concebido.
A veces hay
dibujos previos, ideas graficadas, que sirven como ayudamemoria para lo que
vendrá en la tarea, un concepto referencial que servirá de contención o de sostén
para luego liberar sentimientos.
Desde una
cantidad de dibujos hechos así, como al pasar, sin intención temática, es que
apareció la serie de las escaleras; figuras que tenían o sostenían con sus
manos, escaleras de diferentes tamaños. Luego de observarlos por largo tiempo, me dije: “Aquí hay una serie. Los
Trepadores” Entonces sí, abordé el hacer directamente sobre ese tema. Las
figuras comenzaron a diferenciarse una de otras, las escaleras fueron cambiando
de dirección, en forma vertical, horizontal, apoyadas en el piso, y todas las
posibilidades que el laborar ofrece.
Luego, los
primeros intentos de llevar esos bocetos al volumen. Así como el espacio del
taller se modificaba, también sufrió un cambio la concepción de la serie, que
ya no sería Los Trepadores, sino que surgió un nuevo título que me permitió
ampliar la posibilidad de decir:
“De Escaleras y
Otras Referencias (subir, no es lo mismo que elevarse)”
De alguna
manera, ese título también contenía a los trepadores, esos que no escatiman
esfuerzos para escalar posiciones en una sociedad en la cual el tener, es
superior al ser.
Aparecieron los
primeros títulos de las esculturas y desde allí, bueno, hasta esto que escribo,
que no es otra cosa que recordar en este hoy lo que me acontece y me alberga.
© Helios Buira
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