jueves, 7 de febrero de 2013

MESA DE JUEGO. CREACIÓN, FICCIONES. Y LA OTRA REALIDAD. O ERNESTO SÁBATO

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Sábato dice que Pascal afirma  que la vida es una mesa de juego, en la que el destino pone nuestro nacimiento, nuestro carácter, nuestras circunstancias. Sólo si somos creadores, podemos apostar otra vez, al menos, en la fantasmal vida de nuestras ficciones.
Puede que así sea, pero ¿cuánto más, contiene el acto de crear que no sea solamente apostar en esa mesa de juego? Podría ser, que ni siquiera se esté participando de juego alguno, y por qué no, hasta pensarse que en el acto de crear, todo lo otro no exista.
Faulkner nos propone

“El artista sigue trabajando sin descanso y volviendo a recomenzar: y cada vez cree que logrará su fin, que integrará su obra. No lo logrará, como es natural; y de ahí la razón de que este estado de ánimo sea fecundo. Si alguna vez lo consiguiera, si su obra llegara a poder equipararse con la imagen que se hizo de ella, con su sueño, sólo le restaría precipitarse desde el pináculo de esa perfección definitiva y suicidarse”.

Duras, pero claras y precisas palabras para la cuestión del juego de Pascal.
El artista apuesta a su obra. No puede hacer otra cosa. Y en su obra, está todo él. Todo. No es, el acto creador, la suma de testimonios aislados, sino que la totalidad, está en la sucesión de obras que serán el muestrario de su existencia. Cada obra, se complementa con la siguiente. Sólo cuando el artista deja físicamente el planeta, se cierra la continuidad y comienza otra instancia, que es el derrotero histórico, el ir hacia el futuro, valiéndose por sí mismas. En definitiva, lo que queda, es la obra del artista. Y es por ella que podemos saberlo.
Se dice que la humanidad cambia constantemente y con ellas las creaciones que el hombre ha producido. Se argumenta que el Cervantes que escribió el Quijote no es el mismo Cervantes hoy. Es cierto. De aquel Cervantes tal vez, ni sus huesos existan. Y se dice que el Cervantes de hoy es académico, escolar y antológico. No me parece que sea como se dice.. Reitero, lo que sigue vigente es El Quijote, y el cómo y el por qué fue creada aquella obra, es algo que no la modifica, como tampoco lo hace la posteridad ni análisis crítico que se pretenda hacer sobre semejante portento de la literatura. Como dije antes: una vez muerto el artista, la obra comienza a defenderse por sí misma, atravesando todas las inclemencias culturales e intelectuales que otros hombres pongan en su camino y atraviesa los tiempos, que son, Todo el tiempo.
Cervantes nació en 1547 y murió en 1616, digo qué, dentro de los sesenta y nueve años que vivió, nos legó una de las obras más bellas e intensas de la literatura.
Cuando a Borges le preguntaron sobre si volviera a ver que le agradaría leer, dijo dos cosas: Ver la luna y leer El Quijote.

Recuerdo a Sábato, diciéndome una tarde, en su estudio, que leyera biografías de artistas, la correspondencia que enviaban o que recibían, sus memorias, la historia del arte, los diarios que llevaron en su existencia y me decía estas cosas pues yo estaba atravesando un difícil tiempo de descreimiento, de inseguridad, luego de haber sido rechazado en dos salones a los que había enviado obra y a la vez, rechazado en dos galerías a las cuales fui a mostrar carpetas con dibujos y fotografías de mis esculturas, con la esperanza de poder exponer en ellas.
Me decía Ernesto que en todos los tiempos, el artista había sufrido y hoy sigue sufriendo por estas cuestiones. A veces, porque no lo comprenden, o porque no lo comprenden cabalmente; otras, sobre todo si triunfa (que es una manera de decir), porque desata la furia de los mediocres y resentidos. En cualquier caso, el dolor es muy grande, porque sólo una piel gruesa podría protegerlo, pero, la característica del artista, es la extremada finura de su piel.
Mientras esto escribo, memoro la tarde en la cual, estando con Matilde (la esposa de Ernesto) en el jardín de su casa y le pregunté cómo era él. Hizo un breve silencio y me dijo “un alma en carne viva”. Creo que en toda la historia del arte, no hubo una definición tan contundente, tan clara y dolorosa, sobre un artista.
Cuántas veces escuché, en críticas livianas, de artistas y escritores diciéndome “a Sábato siempre le duele el mundo”. Yo discutía con ellos. Pero la respuesta de Matilde, hizo que jamás volviese yo a discutir con personas que nunca comprenderían aquella frase: “Un alma en carne viva”
En varios de sus escritos, Sábato comenta la relación dolorosa entre artistas y mediocres. Dice en algún momento:

“¿Cuáles son las causas profundas de esta reiterada y al parecer inevitable proclividad? Son varias, que operan a veces separadamente y, a veces, en catastrófica combinación: ya que no es forzoso que alguien sea ignorante o tonto o resentido en forma disyuntiva.
Un caso típico es Saint-Beuve: propenso a la condición de enano, frustrado escritor de poemas y relatos, enérgicamente rechazado por las mujeres, denunció la ausencia de genio en Balzac, negó a Baudelaire y sostuvo que nadie le haría creer que ese payaso de Stendhal pudiese escribir una novela valiosa. Podría pensarse con candor, que errores tan monstruosos en un hombre que es considerado como uno de los más grandes críticos de su tiempo inducirían a la meditación y a la cautela en el futuro. Grave equivocación. Los seres humanos no responden a principios de la lógica, y esa sensata conclusión que se infiere a partir de aquellos errores de nada sirven en lo venidero. El resentimiento, como los celos, como la envidia, como toda pasión negativa y sedienta, es inextinguible y en todo caso, nada tiene que ver con la lógica”.

Y quiero terminar con un mensaje que Sábato me envió a través de Gladys, su ama de llaves, luego de la conversación en su estudio y que tanto bien me hizo.

Venga a verme apenas llegue. ¿Usted tiene más confianza en lo que pueda decirle esa señora de la Galería que en mí? ¿Quién es esa señora? ¿Qué representa?.
No se olvide del pobre Van Gogh. Y era Van Gogh, ¡no esa señora de la galería!
Veré si el estado de Matilde me permite ir mañana a su muestra. Haré lo imposible”.

Ernesto.

© Helios Buira

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