Hay preguntas
que pueden pensarse sin signos interrogativos.
Hay preguntas
que se manifiestan en acto, en acciones.
Quiénes podrían
dar respuesta a esas preguntas.
La guerra, el
hambre, la violencia desatada por los poderosos de la tierra, son preguntas.
Los medios
informativos hablan de ello, cuentan, muestran, pero no responden a esas
preguntas. Siento que ocultan las respuestas.
Pueden publicar
en capítulos una autobiografía de una madre soltera que mató a su amante, un
relato detallado del juicio, pueden promover una cruzada contra algunas leyes
que no los benefician, publican horóscopos diciéndoles a quienes lo lean, cómo
será el destino en ese día, clases de cocina para hombres recién casados,
fotografías de mujeres desnudas en poses eróticas, concursos para retener al
marido o viceversa, pueden todo los medios informativos.
Pero no dan
respuestas.
Viviane
Forrester, dice:
Día a día asistimos al fiasco del
ultraliberalismo. Cada día, este sistema ideológico basado en el dogma (o el
fantasma) de una autorregulación de la llamada economía de mercado demuestra su
incapacidad para autodirigirse, controlar lo que provoca, dominar los fenómenos
que desencadena. A tal punto que sus iniciativas, tan crueles para el conjunto
de la población, se vuelven en su contra por un efecto bumerán, y al mismo
tiempo el sistema se muestra impotente para restablecer un mínimo de orden en
aquello que insiste en imponer.
¿Cómo es posible
que pueda continuar sus actividades con la arrogancia de siempre, que su poder
tan caduco se consolide y despliegue cada vez más su carácter hegemónico? Sobre
todo, ¿de dónde viene esta impresión creciente de vivir atrapados bajo una
dominación inexorable, "globalizada", tan poderosa que sería vano
cuestionarla, fútil analizarla, absurdo oponérsele y delirante siquiera soñar
con sacudirse una omnipotencia que supuestamente se confunde con la Historia?
¿A qué se debe que no reaccionemos, que sigamos cediendo, consintiendo, atenazados,
rodeados de fuerzas coercitivas, difusas, que parecen saturar todos los
territorios, ancladas, inextricables y de orden natural?
Pasan cosas en el mundo, graves, muy graves.
Ante todas las preguntas, necesitamos una respuesta. No muchas respuestas. Sólo una.
Esas cosas que pasan, se deben a la acción de quienes no
tienen interés alguno en que el mundo sea diferente, de otra manera; un mundo
que albergue a todos, en una condición equilibrada, justa. Sobre todo, justa.
Ese mundo de preguntas, mundo de guerras, de miles y miles
de muertes, de armamentos sofisticados, de planes económicos creados para unos
pocos, que, cuando no pueden sostenerlos, acuden de inmediato a su armamento,
envían diez o veinte mil soldados y ellos consideran que todo se arreglará de
inmediato.
Y los medios informativos que se ocuparán de crear la
sensación de paz que los señores del poder proponen. Una sensación para quienes
están alejados de semejante acontecimiento, de semejante atrocidad como es una
guerra, que deja secuelas imborrables. Esos medios informativos existen y lo
peor, es que gustan y son leídos por millones.
Sigue Forrester:
Es hora de
despertar, de constatar que no vivimos bajo el imperio de una fatalidad sino de
algo más banal, de un régimen político nuevo, no declarado, de carácter
internacional e incluso planetario, que se instauró sin ocultarse pero a
espaldas de todos, de manera no clandestina sino insidiosa, anónima, tanto más
imperceptible por cuanto su ideología descarta el principio mismo de lo político
y su poder no necesita de gobiernos ni instituciones.
Este régimen no
gobierna: desprecia y desconoce a aquellos a quienes tendría que gobernar. Para
él, las instancias y funciones políticas clásicas son subalternas, carentes de
interés: lo estorbarían, lo harían visible, permitirían convertirlo en blanco
de ataques, echar luz sobre sus maniobras, exhibirlo como la fuente de las
desdichas planetarias con las cuales jamás aparece vinculado, porque si bien
ejerce el verdadero poder en el planeta, delega en los gobiernos la aplicación
de todo lo que ello implica. En cuanto a los pueblos, el régimen apenas
experimenta una sensación de fastidio cuando ellos se apartan del silencio, del
mutismo que supuestamente debería caracterizarlos.
Para este régimen
no se trata de organizar una sociedad sino de aplicar una idea fija, diríase
maniática: la obsesión de allanar el terreno para el juego sin obstáculos de la
rentabilidad, una rentabilidad cada vez más abstracta y virtual. La obsesión de
ver el planeta convertido en terreno entregado a un deseo muy humano, pero que
nadie imaginaba convertido -o supuestamente a punto de convertirse- en elemento
único, soberano, en el objetivo final de la aventura planetaria: el gusto de
acumular, la neurosis del lucro, el afán de la ganancia, del beneficio en
estado puro, dispuesto a provocar todos los estragos, acaparando todo el
territorio o, más aún, el espacio en su totalidad, por encima de sus
configuraciones geográficas.
Una de las cartas
de triunfo, una de las armas más eficaces de esta razzia es la introducción de
una palabra perversa, la "globalización", que supuestamente define el
estado del mundo, pero en realidad lo oculta. Así, con un término vago y
reductor, carente de significación real o por lo menos precisa, "engloba"
lo económico, político, social y cultural, los escamotea para sustituirlos y
así evitar que esta amalgama caiga bajo la luz del análisis y la comprobación.
El mundo real parece estar atrapado, engullido en este globo virtual presentado
como si fuera real. Y todos tenemos la impresión de estar en cerrados en las
cuevas de este globo, en una trampa sin salida.
Tal vez, si yo respondo, si tú respondes y él responde,
será entonces que nosotros respondemos a esas preguntas que ellos nos hacen con
sus perversas acciones.
© Helios Buira
No hay comentarios:
Publicar un comentario