jueves, 14 de marzo de 2013

PREGUNTAS. ACAECERES. RESPUESTA.

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Hay preguntas que pueden pensarse sin signos interrogativos.
Hay preguntas que se manifiestan en acto, en acciones.
Quiénes podrían dar respuesta a esas preguntas.
La guerra, el hambre, la violencia desatada por los poderosos de la tierra, son preguntas.
Los medios informativos hablan de ello, cuentan, muestran, pero no responden a esas preguntas. Siento que ocultan las respuestas.
Pueden publicar en capítulos una autobiografía de una madre soltera que mató a su amante, un relato detallado del juicio, pueden promover una cruzada contra algunas leyes que no los benefician, publican horóscopos diciéndoles a quienes lo lean, cómo será el destino en ese día, clases de cocina para hombres recién casados, fotografías de mujeres desnudas en poses eróticas, concursos para retener al marido o viceversa, pueden todo los medios informativos.
Pero no dan respuestas.

Viviane Forrester, dice:

Día a día asistimos al fiasco del ultraliberalismo. Cada día, este sistema ideológico basado en el dogma (o el fantasma) de una autorregulación de la llamada economía de mercado demuestra su incapacidad para autodirigirse, controlar lo que provoca, dominar los fenómenos que desencadena. A tal punto que sus iniciativas, tan crueles para el conjunto de la población, se vuelven en su contra por un efecto bumerán, y al mismo tiempo el sistema se muestra impotente para restablecer un mínimo de orden en aquello que insiste en imponer.
¿Cómo es posible que pueda continuar sus actividades con la arrogancia de siempre, que su poder tan caduco se consolide y despliegue cada vez más su carácter hegemónico? Sobre todo, ¿de dónde viene esta impresión creciente de vivir atrapados bajo una dominación inexorable, "globalizada", tan poderosa que sería vano cuestionarla, fútil analizarla, absurdo oponérsele y delirante siquiera soñar con sacudirse una omnipotencia que supuestamente se confunde con la Historia? ¿A qué se debe que no reaccionemos, que sigamos cediendo, consintiendo, atenazados, rodeados de fuerzas coercitivas, difusas, que parecen saturar todos los territorios, ancladas, inextricables y de orden natural?

Pasan cosas en el mundo, graves, muy graves.
Ante todas las preguntas, necesitamos una respuesta. No muchas respuestas. Sólo una.
Esas cosas que pasan, se deben a la acción de quienes no tienen interés alguno en que el mundo sea diferente, de otra manera; un mundo que albergue a todos, en una condición equilibrada, justa. Sobre todo, justa.
Ese mundo de preguntas, mundo de guerras, de miles y miles de muertes, de armamentos sofisticados, de planes económicos creados para unos pocos, que, cuando no pueden sostenerlos, acuden de inmediato a su armamento, envían diez o veinte mil soldados y ellos consideran que todo se arreglará de inmediato.
Y los medios informativos que se ocuparán de crear la sensación de paz que los señores del poder proponen. Una sensación para quienes están alejados de semejante acontecimiento, de semejante atrocidad como es una guerra, que deja secuelas imborrables. Esos medios informativos existen y lo peor, es que gustan y son leídos por millones.

Sigue Forrester:

Es hora de despertar, de constatar que no vivimos bajo el imperio de una fatalidad sino de algo más banal, de un régimen político nuevo, no declarado, de carácter internacional e incluso planetario, que se instauró sin ocultarse pero a espaldas de todos, de manera no clandestina sino insidiosa, anónima, tanto más imperceptible por cuanto su ideología descarta el principio mismo de lo político y su poder no necesita de gobiernos ni instituciones.
Este régimen no gobierna: desprecia y desconoce a aquellos a quienes tendría que gobernar. Para él, las instancias y funciones políticas clásicas son subalternas, carentes de interés: lo estorbarían, lo harían visible, permitirían convertirlo en blanco de ataques, echar luz sobre sus maniobras, exhibirlo como la fuente de las desdichas planetarias con las cuales jamás aparece vinculado, porque si bien ejerce el verdadero poder en el planeta, delega en los gobiernos la aplicación de todo lo que ello implica. En cuanto a los pueblos, el régimen apenas experimenta una sensación de fastidio cuando ellos se apartan del silencio, del mutismo que supuestamente debería caracterizarlos.
Para este régimen no se trata de organizar una sociedad sino de aplicar una idea fija, diríase maniática: la obsesión de allanar el terreno para el juego sin obstáculos de la rentabilidad, una rentabilidad cada vez más abstracta y virtual. La obsesión de ver el planeta convertido en terreno entregado a un deseo muy humano, pero que nadie imaginaba convertido -o supuestamente a punto de convertirse- en elemento único, soberano, en el objetivo final de la aventura planetaria: el gusto de acumular, la neurosis del lucro, el afán de la ganancia, del beneficio en estado puro, dispuesto a provocar todos los estragos, acaparando todo el territorio o, más aún, el espacio en su totalidad, por encima de sus configuraciones geográficas.
Una de las cartas de triunfo, una de las armas más eficaces de esta razzia es la introducción de una palabra perversa, la "globalización", que supuestamente define el estado del mundo, pero en realidad lo oculta. Así, con un término vago y reductor, carente de significación real o por lo menos precisa, "engloba" lo económico, político, social y cultural, los escamotea para sustituirlos y así evitar que esta amalgama caiga bajo la luz del análisis y la comprobación. El mundo real parece estar atrapado, engullido en este globo virtual presentado como si fuera real. Y todos tenemos la impresión de estar en cerrados en las cuevas de este globo, en una trampa sin salida.

Tal vez, si yo respondo, si tú respondes y él responde, será entonces que nosotros respondemos a esas preguntas que ellos nos hacen con sus perversas acciones.

© Helios Buira

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