Capítulo Ocho
Días
después, estando en el taller, mientras humedecía las figuras hechas en arcilla
y al ver la fotografía de Miller que está pegada en una de las paredes, sentí
la necesidad de sentarme a la mesa y escribir algunas cosas. Esto, seguramente,
porque el libro me dio vuelta la cabeza, porque el estímulo fue fabuloso.
Tapé
todas las esculturas una vez humedecidas y me puse a buscar entre los papeles
las anotaciones que tenía hechas en tantos años. Los desparramé sobre la mesa y
comencé a leerlos, lentamente, tratando de escuchar algún mensaje, alguna señal
sobre el por qué la necesidad de escribir me llevaba a esta situación. De lo leído
había textos que me agradaban, otros directamente los tiraba al cesto, y muchos
los dejaba a un costado para otra lectura. Necesitaba algo más. Sí, necesitaba
un cuaderno para ordenar todo en él, para transcribir y escribir lo que ya
empujaba de manera nítida. La idea de la novela. La Novela.
Cuando
hago la escultura, la mayoría de las veces, sale a través de un título previo: o
sea, que concibo un tema, lo titulo y allí recién puedo ponerme a trabajar en
lo que será esa obra. En otros momentos, parto de un mazacote de arcilla y lo
voy trabajando y aprovecho lo que me sugiere esa forma, el modelado me lleva a
una figura, que luego resultará un tema y un título.
Pero
¿cómo es en una novela? ¿De qué manera se llega? Me dije: “Buira, a tu manera,
a como sea, a como te venga en ganas, o dejá que fluya, que ella te sugiera,
que te conduzca al final de sí misma”
Bien,
entonces manos a las letras, a las palabras.
Dejé
el taller, salí para comprar el cuaderno, ir a La Giralda y sentarme a
escribir el inicio de lo que ya sabía no pararía por un buen tiempo. Mis
obsesiones. Escribiría por días, sin parar, sin detenerme un solo segundo,
dormiría pocas horas, gastaría parvas de dinero en cortados y cortados,
mientras vería correr la tinta que tomaría forma de letras, de palabras, de
párrafos y finalmente de novela.
Decisión
tomada.
El
patrón.
¿Cuál
es el patrón de una novela? ¿Hay un patrón? O esto se vincula solamente al
sistema monetario, al valor del metal, o es algo más profundo y ese patrón es
el que determina todas las cosas de un universo numerológico. Digamos, en el
universo todo.
Si
escribo 576531, puedo decir que escribo NOVELA. Si hago la suma de todos esos
números, da como resultado, 27. Que curioso, el Veintisiete es El Cetro: armonioso, afortunado, trae a la
persona que representa autoridad y mando. Debe llevar a cabo siempre sus
propias ideas, sin dejarse abatir por oposiciones. Augura grandes recompensas
productivas, intelectuales y creativas.
Pero
a su vez, si sumo 27, 2+7 da Nueve. Novena, Novela suena parecido.
Ahora
bien: el Nueve, significa El Principio
Masculino. La Acción. El
Coraje y el Conflicto. La ingenuidad. La vulnerabilidad. Está asociado a Marte.
Marte, el que representa a la
Guerra. La lucha.
Y
nueve, es la suma de todos los números desde 1 a 9. Quiere decir, que nueve
los contiene a todos.
Los
números simples, los de una cifra, representan lo que una persona o entidad
parece ser a los ojos del mundo. Son los números de la personalidad. Pertenecen
al plano material de la vida.
Los
números compuestos, los de dos cifras, representan el destino del individuo o
entidad. Son los números de la esencia de esa individualidad. Del ser.
Pertenecen al plano espiritual de la vida.
Cada
letra de nuestro alfabeto tiene asignado un número; por ello, escribo 576531,
porque la N , tiene
asignado el 5, la O
el 7, la V el 6, la E el 5, la L el 3, la A el 1. Todos juntos, están
diciendo NOVELA
Entonces,
27, número compuesto, pertenece al plano espiritual de la vida. Y he ahí, por
qué la novela no está vinculada al plano racional, al plano en el cual es
posible la especulación. La novela es la acción de la esencia, del núcleo, de
lo más hondo del ser.
Cavilaba
sobre estas cosas mientras sorbía otro cortado.
¿Pero
qué sentido tendría escribir sobre los números como mensaje hacia el lector?
¿Podría
todo esto ser parte de algún capítulo?
Por
si acaso, lo anoté en el cuaderno..
Dudas
inmensas. Poderosas dudas que se apropiaban de mis ganas.
Y
recordé lo que Henry Cameron le dice a Howard en otra novela:
“Recogió una fotografía.
-Howard –dijo- mira.
La sostuvo para que la viesen los dos.
-No dice mucho. Solamente: ‘Howard Roark,
Arquitecto’, pero es como esos lemas que los hombres grababan a la entrada de
sus castillos y por los cuales morían. Es un desafío a algo tan inmenso y tan
oscuro como todo el dolor de la Tierra. ¿Sabes cuánto sufrimiento hay en la
Tierra? Todo proviene de eso que vas a enfrentar. No sé que es. No sé que se
desatará en tu contra. Sólo sé que sucederá. Y sé que si llevas estas palabras
hasta el fin, será la victoria, Howard, no sólo para ti, sino por algo que
debería ganar, aquello que mueve al mundo y que nunca gana reconocimiento.
Reivindicarás a muchos que han caído antes que tú y que han sufrido como tú
sufrirás. Que Dios te bendiga; o a quien sea que está solo para ver lo mejor.
Lo más elevado posible de los corazones humanos. Estás en tu camino hacia el
infierno Howard.”
Y
pensé en por qué recordé este fragmento, esta maravilla sobre lo que significa
la intensa lucha que desplegaron tantos artistas contra las inclemencias de su
tiempo, la indolencia, la agresión, el oprobio y hasta el olvido.
Las
dudas me llevaron a un interrogante ¿Sobre qué podría hablar en la novela?
© Helios Buira
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