martes, 19 de marzo de 2013

LA FORMA. NATURALEZA. ARTE

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Existe la forma.
Luego, el reconocimiento de la forma.
En la naturaleza se hallan formas que son producto de su desarrollo. Esas, son las formas naturales.
El hombre, quizás, allá por los albores, tuvo necesidad de ver algunas de esas formas como poseedoras de virtudes mágicas, sin saber que luego, en el tiempo, se denominaría a esa necesidad, con la palabra magia.
Posiblemente, para ellos, no había diferencia alguna; lo que los rodeaba, era un todo con ellos incluidos pues todavía no se habían puesto a pensar en la naturaleza fuera de ellos. Eso vendría después, cuando el hombre se puso a estudiarla, alejándose de ella. Y más tarde, los depredadores, que comenzarían a destruirla en aras de sus beneficios económicos, inventando para ello, las leyes del mercado. Todo vale con tal de llenar las arcas.
Cuando el hombre comenzó a crear sus formas, también las creyó dotadas de propiedades mágicas o espirituales y es así, que se convirtieron en obras de arte. Y es por ello que se puede decir: El arte, ante todo, magia.
La obra, tiene un valor. Pero no un valor mercantil como se pretende hoy en día, sino un valor humano. Y esto hace al ser, a la vez que a su conciencia e inteligencia. El ser concreto y como diría Unamuno, el espíritu encarnado.
Por ello el arte pertenece al universo sensible del hombre. Y por eso, se puede decir que la sensibilidad de espíritu, en contacto con la materia, produce la obra. Y la obra es en sí. No es otra cosa que eso. Toda forma es en sí misma. Más no toda forma tiene el carácter de lo artístico.
Hay, en las formas primitivas hechas por el hombre, algunas que no se encuentran en la naturaleza, que son abstracciones y revisten un carácter simbólico, un significado sólo conocido por ellos, que le hace decir a Giedion, que son las “primeras tentativas del hombre de Neanderthal por lograr una organización espiritual que trasciende los simples materiales y su existencia utilitaria”
Quizás, se trataba de la tremenda e inquietante pregunta que el hombre se hace frente a la muerte, a su finitud, y esas imágenes, esas creaciones, fundaban en ellos un sentimiento de posteridad. O de eternidad.
Las manifestaciones artísticas del hombre primitivo, tienen un sentido profundo, vital: son una de las maneras de conexión entre el hombre y el mundo que lo rodea. Esto se liga estrechamente con la magia. Sería que, el mundo y los fenómenos que lo rodean, son producto de distintas “fuerzas” o espíritus que están presentes en cada hecho, como en cada objeto. Y esas “fuerzas”, no son neutras para él: son positivas y benéficas, o negativas y maléficas. A través de la magia, puede controlar ese mundo y se dice, entonces, que grababa los animales flechados en el muro de la cueva, pues así sería también en el mundo circundante. Claro, todo giraba en torno de conseguir el sustento.
Al representar a la presa, como si fuese esa representación una “trampa”, el hombre, siente que domina al objeto representado.
Se han encontrado marcas e incisiones sobre las imágenes de animales plasmados en la roca, lo que hace suponer que los integrantes del grupo, lanzaban sus flechas o sus elementos de caza contra ellas, como asegurando la próxima caza.
Por ello el arte, como necesidad vital.
Se debe aclarar ante esto dicho, o agregar, que lo empírico, el aprendizaje en la experiencia, la selección del animal a cazar, utilizando armas y técnicas adecuadas, podemos suponer también que realizaban ejercitaciones previas.
Finalizo diciendo que lo empírico y lo mágico, se complementan.
Así acontece en el mundo del arte.

© Helios Buira

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