viernes, 15 de marzo de 2013

DE BELLEZA. ESTÉTICA. Y SIEMPRE ES EL ARTE..

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¿El primer orden introducido en la condición humana fue un orden estético, el orden del ritual y el mito?
O esto podemos preguntárnoslo luego de la llamada aparición del intelecto, la parte del hombre que puede describir, medir, meditar. Y decir, claro es.
La realidad. ¿La percibimos, la sentimos, o es una cuestión de razón, de conciencia en el intelecto? O esto es posterior al percibir y sentir.
Vemos en imágenes, en formas, en colores. El mundo que nos rodea es tridimensional, corpóreo, tangible.
En la razón, en el intelecto, al pensar ese mundo por el cual transitamos, es abstracción. Lo meditamos. Y tal vez, esto sea una conquista. Adentro, re-construimos ese mundo exterior. El intelecto toma las partes del todo que quiere o necesita representarse como imagen interior, a la vez que modificando eso exterior que fue visto, por otro tipo de sensaciones. El artista, con la vislumbre que es su intuición, su percepción, lo instala en el planeta como un medio de comunicación, mediante los símbolos que crea, por primera vez, para los ojos de quienes observan lo creado.
El Guernica, no existía antes de Picasso. El Beso, tampoco, antes de Rodin. La Columna de la Vida, antes de Antonio Pujia.
Pero antes, muchísimo antes, milenios antes, el cavernícola que plasmó los bisontes y las escenas de caza en las cuevas, tuvo que hacerlo sin posibilidades de consultar con lo anterior, digo, antecedentes creativos. Ellos fueron los primeros. Crearon, presentaron esa otra realidad que ellos veían en rededor. El artista no re-presenta. Directamente, “presenta” otra realidad, o, por qué no, “eso” que no vemos de la realidad. Lo creado por el artista, es una realidad en sí. Objeto tangible, pero cargado de metáfora.
En la realidad por la cual transitamos, no hay metáforas. El hombre es quien las crea. Siempre vuelvo al árbol de Van Gogh. Ese árbol, no es el que él utilizó como modelo. Es, el árbol de van Gogh, nuevo, diferente y promovedor de conmociones en quien lo observa.
Dice Henry Moore:

La belleza en el sentido griego tardío o renacentista no es a lo que apunta mi escultura. Entre belleza de expresión y poder de expresión hay una diferencia de función. La primera tiende a agradar los sentidos; la segunda posee una vitalidad espiritual que conmueve más y cala más allá de los sentidos

Claro, la primera es el concepto de belleza que se concibe como una excelencia de proporciones en determinadas formas. ¿Pero de cuáles formas?  Porque podemos deducir que la forma es la apariencia externa de las cosas, que por intermedio de ella obtenemos información del mundo que nos rodea, y cada forma es la identidad de la cosa que vemos, pero, creo que no a todas podemos aceptarlas como bellas. Entonces, el concepto de belleza, seguramente, está determinado por épocas, por culturas, por transmisión de una generación a otra y esto, hace a la subjetividad del observador,
Lo segundo que propone Moore, se me hace que es aquello que, luego de ver una de esas obras descomunales, uno ya no es el mismo. La obra se incrustó en el núcleo del alma del observador. Caló hondísimo.
El hombre es el único ser que puede crear desde la conjunción sensible, con la razón. La inteligencia, es la diferencia con las otras especies. O, para no negar las posibles inteligencias de los animales, debo decir, la inteligencia humana.
El hombre ha creado deliberadamente los utensilios que le permitieron seguir evolucionando como especie, hasta llegar a los que hoy somos. Desde allá venimos. Sólo que cuando hablamos de los cavernícolas, pareciera ser que hablamos de alguien desconocido, de alguien diferente a nosotros.
Cuál, es la diferencia si observamos la maravilla de sus grabados en la cuevas, de la excelsitud de sus pinturas que llamamos rupestres. Ellos no tenían otro soporte que la pared de las cuevas. Allí crearon sus obras, allí dijeron cómo era la realidad por la cual transitaban. Su realidad de ser en el mundo.
Y nosotros hoy.

© Helios Buira

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