Thomas Mann
propone en uno de sus textos que el artista añora el estado primitivo del arte,
cuando era completamente individual, completamente inútil, libre y juguetón, en
el tiempo en que el arte no sabía todavía que era «El arte» y se reía de sí
mismo.
Rara conclusión
la de quien tuvo ese pensamiento.
¿El arte desde
cuándo es arte? Digo: la Venus de Willendorf (desde hace 50.000 años más o
menos en el planeta) ¿es o no una obra de arte?
¿Tuvo que saber
el arte que era «El Arte» para cualificar la tarea del artista? O el arte es,
porque hay artistas que lo hacen. El primero, aquel que grabó en las cuevas las
imágenes que atravesaron todos los tiempos para llegar a nuestros ojos hoy,
¿era o no, un artista?
Quizás, cierta
arrogancia, nos haga creer que el arte aparece cuando alguien decide nombrarlo
de esa manera y entonces, al aparecer el arte, los posteriores, comenzaron a
opinar acerca de él, a pensar en él como algo fuera del artista, como un
espacio por el cual transita el artista y no, que si hay “El arte”, es porque
lo hicieron los artistas.
Pues
contrariamente a esto que digo, entonces deberíamos pensar que el arte estuvo
siempre y que el artista, lo que hace, es correr el velo y poner las obras ante
nuestra mirada. Digo: las obras de arte, las que fueron, las que son, las que
serán, estuvieron, están y estarán escondidas en algún lugar de los misterios y el único capaz de
encontrarlas es el artista, que es quien tiene la Gracia del Hallazgo.
El Grito, de
ese Munch inmenso, estuvo velado durante milenios y a él le tocó en suerte ¿ser
quién quitara el velo?
O es que él
sintió que los cimientos del mundo se estaban agrietando y ante la inminencia
del desmoronamiento tuvo la necesidad de gritarlo, para revelarnos lo que
vendría luego.
El grito, fue
pintado en 1893. Ya sabemos lo que vino después, cuando el hombre ingresó en el
siglo XX.
Picasso, en
1907, realiza una obra clave para desentrañar esta cuestión del artista
anticipándose a los acontecimientos o preanunciando el devenir. "Les
Demoiselles D'Avignon", es la obra en la cual el artista, genera la
ruptura de la figura humana por vez primera, la desintegración de su
estructura en un todo diferente. ¿Estaba Picasso diciéndonos que el hombre sufriría
esa fragmentación, esa desintegración viviendo en un sistema perverso que
finalmente terminaría cosificándolo? Entonces, el hombre concreto, el espíritu
encarnado del que hablaba Unamuno, ya no sería él mismo.
Y el Guernica.
Pedazos por todo el soporte de la obra. Partes, fragmentos y la muerte. ¿Dónde
estaba El Guernica en el arte? Porque Picasso lo hizo después de la masacre.
Puedo decir
también que Les Demoiselles D'Avignon es una pintura y lo que acontece en el
soporte, nada tiene que ver con los aconteceres de la existencia humana a la
vez que las personas, no tenemos los ojos en un solo lado de la cara, ni la
nariz en un perfil permanente. El artista, en su obra, crea lo que por propio
arbitrio considera. Pero…
Y el pero, como
siempre, significa otra posibilidad: por ejemplo, que el artista puede ver
también el otro lado de las cosas.
© Helios Buira
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