miércoles, 20 de marzo de 2013

DE LAS CARTAS. A MARIANA. Y EL OTOÑO

119

Seis de abril del dos mil cuatro.

Queridísima mariana.
Temprano, nublado y en mi Bar de las mañanas rumbo al Taller.
¿Vos cómo? ¿Dónde?
Esta es otra carta para tu silencio.
Pongamos entonces las Suites para Cello Solo, así el alma recibe la conmoción que necesita la existencia.
La hondura de las ganas y el hacer del no artificio, hacia adentro, para no quedar a la intemperie de uno mismo.
Mi modelo aún no llega y la tinta pugna por salirse del frasquito, palpitando, temblorosa, sintiendo que la pluma no llega para cargar el líquido vital con el que se inicia la trama que da vida, que promete la aparición de formas nuevas en el planeta.
Mi modelo aún no llega y una silla vacía, sin contacto alguno, espera que una piel entibie su estructura, para componer las tensiones que determinen el contorno, albergador del contenido que nos aleja de la razón para introducirnos en el encanto del sentimiento.
Ahora llovizna y se significa el Otoño. Lorena, la mesera, va y viene con su bandeja cargada de desayunos; los parroquianos –pocos a esta hora- mastican un pensar ensimismados, mirando como distraídos por las ventanas, tal vez, sin ver.
Caen gotas aisladas; cuando era pibe, mi abuela solía decir: “chispea”. Palabra que se quedó trabada en los recovecos de la memoria, como otra que viene desde lejos en mí: “cavilar”. Creo que esta palabra es más intensa o profunda que pensar. Cualquiera piensa. Pero cavilar…
En el taller comencé una serie de dibujos que titulo: “De Puertas y Ventanas” Salen cosas interesantes, algunas creo que pueden pasar al volumen sin inconvenientes. Ya veré. Mientras, le pongo ganas a mis ganas.
Dejé pasar unos días, pensando en que vendrías a posar. No fue.
Entonces las cartas, la presencia en otro modo.
La obra continúa. Las escaleras se van multiplicando; sería de mi agrado que me cuentes cómo va tu coreografía, cómo utilizás las escaleras y si las fotos enviadas, te sirven para ubicarlas en el escenario y, cómo bailarías entre ellas.
Mientras te digo que las puertas y ventanas se abren, se cierran, encuentros desencuentros, figuras que hacen el amor, mientras, los que espían, esos que no pueden amar, intentan a través de una ventana averiguar de qué se trata.
Reiteración:
Hay una silla, en un rincón del Taller, que espera, no para que alguien se siente sobre ella, sino para animarse, cobrar vida y ser parte de una obra.
Que estés Bien. Buenavida.

© Helios Buira

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