Seis de abril
del dos mil cuatro.
Queridísima
mariana.
Temprano,
nublado y en mi Bar de las mañanas rumbo al Taller.
¿Vos cómo?
¿Dónde?
Esta es otra
carta para tu silencio.
Pongamos
entonces las Suites para Cello Solo, así el alma recibe la conmoción que
necesita la existencia.
La hondura de
las ganas y el hacer del no artificio, hacia adentro, para no quedar a la
intemperie de uno mismo.
Mi modelo aún
no llega y la tinta pugna por salirse del frasquito, palpitando, temblorosa,
sintiendo que la pluma no llega para cargar el líquido vital con el que se
inicia la trama que da vida, que promete la aparición de formas nuevas en el
planeta.
Mi modelo aún
no llega y una silla vacía, sin contacto alguno, espera que una piel entibie su
estructura, para componer las tensiones que determinen el contorno, albergador
del contenido que nos aleja de la razón para introducirnos en el encanto del
sentimiento.
Ahora llovizna
y se significa el Otoño. Lorena, la mesera, va y viene con su bandeja cargada
de desayunos; los parroquianos –pocos a esta hora- mastican un pensar
ensimismados, mirando como distraídos por las ventanas, tal vez, sin ver.
Caen gotas
aisladas; cuando era pibe, mi abuela solía decir: “chispea”. Palabra que se
quedó trabada en los recovecos de la memoria, como otra que viene desde lejos
en mí: “cavilar”. Creo que esta palabra es más intensa o profunda que pensar.
Cualquiera piensa. Pero cavilar…
En el taller
comencé una serie de dibujos que titulo: “De Puertas y Ventanas” Salen cosas
interesantes, algunas creo que pueden pasar al volumen sin inconvenientes. Ya
veré. Mientras, le pongo ganas a mis ganas.
Dejé pasar unos
días, pensando en que vendrías a posar. No fue.
Entonces las
cartas, la presencia en otro modo.
La obra
continúa. Las escaleras se van multiplicando; sería de mi agrado que me cuentes cómo va
tu coreografía, cómo utilizás las escaleras y si las fotos enviadas, te sirven para
ubicarlas en el escenario y, cómo bailarías entre ellas.
Mientras te
digo que las puertas y ventanas se abren, se cierran, encuentros desencuentros,
figuras que hacen el amor, mientras, los que espían, esos que no pueden amar,
intentan a través de una ventana averiguar de qué se trata.
Reiteración:
Hay una silla,
en un rincón del Taller, que espera, no para que alguien se siente sobre ella,
sino para animarse, cobrar vida y ser parte de una obra.
Que estés Bien.
Buenavida.
© Helios Buira
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