Agosto del 2001
Queridísima
Mirta.
“Tengo una
extraña fiebre. Se llama vida”
¿Te acordás el texto de Fernando para mi muestra?
Bueno, así
estoy, en estado inenarrable, por tanto de lo que me acontece. Y todo al mismo
tiempo.
Intentaré
contarte algunas hechos.
Tengo ante mí
tu carta. Estoy emocionado. Es bella en toda su forma. Igual que el contenido y
como siempre, profundo.
Sí, como decís,
es tanto lo que pasa por nuestro cerebro y corazón, que a veces siento que todo
se derrite, se transforma en algo que puedo llegar a desconocer..
Cuando hablás
de interpretaciones adhiero, agregando que cuánto más profundicemos, cuanto más
nos adentremos en el camino, esas interpretaciones se multiplicarán, puesto que
uno comienza a comprender desde “otro lado” y esto hace más notoria a la
mediocridad que acecha.
Por ello
aparece el escudo defensivo al no darle importancia a ese mundo cronológico por
el que transitamos todos los mortales. Y aquí sí tenemos que hacer esa limpieza
a la que te referís, pues, como te dije en otra carta, este es, para mí, un
camino de purificación para el espíritu. Primero hay que comprender nuestras
propias limitaciones y luego limpiar las precariedades culturales que tanto castigo
ejercen en esta sociedad. Uno no está exento de trivialidades. Trabajar sobre
ello para expulsarlas de uno.
Trato de no
inmiscuirme en el mundo filosófico matemático, en el mundo filosófico
científico. Sólo quiero transitar por el mundo filosófico poético.
De esta manera,
respondo a lo que escribiste acerca del decir.
Es cierto, el
humano tiene para decir. Pero, no todos pueden expresarse desde el mundo
filosófico-poético, ni tampoco, desde la metáfora del arte.
Se ha dicho
tanto acerca de si todo humano puede ser un artista. No es así. Sólo muy pocos
son quienes llegan a esa zona Solitaria y Sublime en la cual la expresión
artística recorre todos los tiempos. El Tiempo.
El resto de los
mortales transita por la vida en una búsqueda incesante de realizaciones.
Pero están los
que ni siquiera eso, los que nada pueden decidir por sí, que su condición
humana es la del sometimiento, la del hambre, la de los que están obligados a
un sufrimiento que ellos no buscaron. Y son millones.
Pero cuántos
hay también que en un pequeño pedacito de tierra, llenos de sabiduría cultivan
sus alimentos, crían a sus animales y se autoabastecen en las necesidades
cotidianas. Cuántos saben acerca de los accidentes climáticos, dada la
experiencia de vida y así viven, ensimismados, pero conectados con el universo.
Para ellos, el
arte no existe. Ni saben que hay algo que se llama arte. Pero tienen sus
propias “decoraciones” qué, supongo es algo ancestral en el hombre. De hecho
los cuerpos pintados de las diferentes tribus que habitaron y aún habitan el
planeta. Sus dioses, sus fetiches, y todo lo que sabemos que se viene haciendo
desde milenios. Todo eso, comienza y termina en ellos.
Vuelvo atrás.
O sea, que no
todos están preparados para decir, de la manera en que nosotros consideramos
ese decir. Y menos, en tiempos como este que estamos transitando, con el hombre
cosificado y ahora globalizado para el consumo, siendo él, también parte del
mercado, el hombre cosa, que ya no habla de trabajo, pues lo está perdiendo día
a día.
Creo que tu
estado de ánimo ha entrado en buena crisis, porque estás ingresando al puente
que te permitirá pasar del otro lado, el puente que menciona Van Gogh en una de
las cartas a su hermano Theo.
Ese otro lado
donde se encuentran los pares, los iguales, los miembros de la Hermandad que
nos reunimos en el ritual para celebrar el encantamiento y así deambular en el
misterio del alma humana, conectada a la Energía Universal.
Por eso tu
carta en apariencia desordenada. Porque fue escrita desde el dictado simple de
lo esencial, escrita en esta nueva etapa tuya, camino a los grandes
acontecimientos de la existencia.
Los dioses, los
guardianes del arte, los maestros, te guían, te acompañan en este tránsito. Con
ellos, no hay temor.
Por eso todo lo
otro es tan notorio, mi querida Mirta. Porque es vanidad, mediocridad,
especulación y malos entendidos. Por allí, el arte no transita. Bueno, quiero
decir los artistas.
¿Por qué, crees
que estuvimos en casa de Sábato durante cuatro horas? Él cuida sus momentos
íntimos. Lo sé muy bien, sabés que viví en su casa casi diez años. Conozco sus
tiempos.
“Desde lo
profundo”, me dijiste un día. Así es, Mirta.
Por eso no
fuimos a Montevideo. Porque nos meremos mucho más que discutir si los críticos,
si el mercado, si fulano o mengano.
Nosotros
tenemos otros lugares. Allí, no hay brillos ni tentaciones, no hay utilería ni
decorados para la escena siguiente.
No es que
cuando se te acaba la imagen utilizás las palabras o cuando estas no te
alcanzan lo hacés de cualquier manera. Lo que acontece, es que cuando entrás en
comunicación con lo sagrado, con lo profundo, allí se te dice cuál es el medio
expresivo que tenés que utilizar en cada uno de tus momentos mágicos.
Que estés Bien,
de la mejor manera que te sea posible.
Abrazo.
Helios
© Helios Buira
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