sábado, 9 de marzo de 2013

DE LAS CARTAS. A MIRTA NAROSKY

108

Agosto del 2001

Queridísima Mirta.
“Tengo una extraña fiebre. Se llama vida”
¿Te acordás el texto de Fernando para mi muestra?
Bueno, así estoy, en estado inenarrable, por tanto de lo que me acontece. Y todo al mismo tiempo.
Intentaré contarte algunas hechos.
Tengo ante mí tu carta. Estoy emocionado. Es bella en toda su forma. Igual que el contenido y como siempre, profundo.
Sí, como decís, es tanto lo que pasa por nuestro cerebro y corazón, que a veces siento que todo se derrite, se transforma en algo que puedo llegar a desconocer..
Cuando hablás de interpretaciones adhiero, agregando que cuánto más profundicemos, cuanto más nos adentremos en el camino, esas interpretaciones se multiplicarán, puesto que uno comienza a comprender desde “otro lado” y esto hace más notoria a la mediocridad que acecha.
Por ello aparece el escudo defensivo al no darle importancia a ese mundo cronológico por el que transitamos todos los mortales. Y aquí sí tenemos que hacer esa limpieza a la que te referís, pues, como te dije en otra carta, este es, para mí, un camino de purificación para el espíritu. Primero hay que comprender nuestras propias limitaciones y luego limpiar las precariedades culturales que tanto castigo ejercen en esta sociedad. Uno no está exento de trivialidades. Trabajar sobre ello para expulsarlas de uno.
Trato de no inmiscuirme en el mundo filosófico matemático, en el mundo filosófico científico. Sólo quiero transitar por el mundo filosófico poético.
De esta manera, respondo a lo que escribiste acerca del decir.
Es cierto, el humano tiene para decir. Pero, no todos pueden expresarse desde el mundo filosófico-poético, ni tampoco, desde la metáfora del arte.
Se ha dicho tanto acerca de si todo humano puede ser un artista. No es así. Sólo muy pocos son quienes llegan a esa zona Solitaria y Sublime en la cual la expresión artística recorre todos los tiempos. El Tiempo.
El resto de los mortales transita por la vida en una búsqueda incesante de realizaciones.
Pero están los que ni siquiera eso, los que nada pueden decidir por sí, que su condición humana es la del sometimiento, la del hambre, la de los que están obligados a un sufrimiento que ellos no buscaron. Y son millones.
Pero cuántos hay también que en un pequeño pedacito de tierra, llenos de sabiduría cultivan sus alimentos, crían a sus animales y se autoabastecen en las necesidades cotidianas. Cuántos saben acerca de los accidentes climáticos, dada la experiencia de vida y así viven, ensimismados, pero conectados con el universo.
Para ellos, el arte no existe. Ni saben que hay algo que se llama arte. Pero tienen sus propias “decoraciones” qué, supongo es algo ancestral en el hombre. De hecho los cuerpos pintados de las diferentes tribus que habitaron y aún habitan el planeta. Sus dioses, sus fetiches, y todo lo que sabemos que se viene haciendo desde milenios. Todo eso, comienza y termina en ellos.
Vuelvo atrás.
O sea, que no todos están preparados para decir, de la manera en que nosotros consideramos ese decir. Y menos, en tiempos como este que estamos transitando, con el hombre cosificado y ahora globalizado para el consumo, siendo él, también parte del mercado, el hombre cosa, que ya no habla de trabajo, pues lo está perdiendo día a día.
Creo que tu estado de ánimo ha entrado en buena crisis, porque estás ingresando al puente que te permitirá pasar del otro lado, el puente que menciona Van Gogh en una de las cartas a su hermano Theo.
Ese otro lado donde se encuentran los pares, los iguales, los miembros de la Hermandad que nos reunimos en el ritual para celebrar el encantamiento y así deambular en el misterio del alma humana, conectada a la Energía Universal.
Por eso tu carta en apariencia desordenada. Porque fue escrita desde el dictado simple de lo esencial, escrita en esta nueva etapa tuya, camino a los grandes acontecimientos de la existencia.
Los dioses, los guardianes del arte, los maestros, te guían, te acompañan en este tránsito. Con ellos, no hay temor.
Por eso todo lo otro es tan notorio, mi querida Mirta. Porque es vanidad, mediocridad, especulación y malos entendidos. Por allí, el arte no transita. Bueno, quiero decir los artistas.
¿Por qué, crees que estuvimos en casa de Sábato durante cuatro horas? Él cuida sus momentos íntimos. Lo sé muy bien, sabés que viví en su casa casi diez años. Conozco sus tiempos.
“Desde lo profundo”, me dijiste un día. Así es, Mirta.
Por eso no fuimos a Montevideo. Porque nos meremos mucho más que discutir si los críticos, si el mercado, si fulano o mengano.
Nosotros tenemos otros lugares. Allí, no hay brillos ni tentaciones, no hay utilería ni decorados para la escena siguiente.
No es que cuando se te acaba la imagen utilizás las palabras o cuando estas no te alcanzan lo hacés de cualquier manera. Lo que acontece, es que cuando entrás en comunicación con lo sagrado, con lo profundo, allí se te dice cuál es el medio expresivo que tenés que utilizar en cada uno de tus momentos mágicos.
Que estés Bien, de la mejor manera que te sea posible.
Abrazo.
Helios

© Helios Buira

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