domingo, 3 de marzo de 2013

AQUELLOS ESCRITOS. REPUESTOS HOY. LAS GANAS

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Sigo recorriendo los cuadernos de anotaciones y suceden cosas como ésta, que me llevan a aquel día en que esperaba a Erika.

VOLUNTADES

El Sol. Rayo de luz, zona lumínica. Va por el piso, se trepa en sillas y mesas; a esta hora, en el atardecer, lo hace de manera casi horizontal. Estoy en el Bar situado en Avenida San Juan y Bolívar, sentado a la mesa junto a la ventana que da a la avenida. Espero a Erika que vuelva de su clase de fútbol femenino. Sobre la mesa mi cuaderno de anotaciones, un libro de Henry Miller que habla sobre un domingo después de la guerra. Se acerca la mesera, una joven de ojos grises, bella; me observa mientras le pido un cortado con una media luna. Sonríe. “Que concentrado está hoy” dice. ¿Sí? Interrogo y sin responderme va hacia la barra para solicitarle al patrón mi pedido. Mientras, miro a través de la ventana; veo gente que pasa, parejas tomadas de la mano, jóvenes que se besan, un hombre y una mujer que empujan un carrito con bolsas negras de plástico llenas de cartones: cartoneros, los llaman. La mesera llega y apoya sobre la mesa el platito, el pocillo de café sobre el platito, una cestita de mimbre con la medialuna y dos sobrecitos de azúcar. Comienza el ritual.
El hombre y la mujer “los cartoneros”, se sientan sobre el cordón de la vereda. Un descanso, seguramente después de caminar buscando lo que pueda venderse por monedas, para poder comer en el día de hoy.
Y pienso en la voluntad. La voluntad fuera de mí, de mis ganas, de mis pensamientos. Pienso en la voluntad en sí, esa voluntad que está en la Energía del Universo y escribo:

¿Qué quiere la voluntad?
Solo una cosa:
La vida.
Fuera de la razón, del
Conocimiento.
Como instinto
Basico, originario.
Causa Primera.
Lejos de todo juicio
Que valore
Principio individual
Para ser plural en
El encuentro.
Entonces el
Intelecto servirá
De ayuda para
Comprender la
Representación del
Mundo que se
Presenta
Ante nosotros.

El Sol casi se ha retirado del Bar. Es empujado por las penumbras que avanzan, que traen el anochecer, para llegar a la noche. Todo se va desdibujando, todo entra en una zona de silencio casi abrupto, porque llega una hora que suele ser de recogimiento, de resguardo. Los gorriones dan sus últimos picotazos en la vereda, en la calle, buscando el alimento final del día y levantan vertiginoso vuelo hacia sus nidos que ya están preparados para albergar los huevos que dicen sobre la continuidad de la especie, de la vida.
El patrón enciende algunas luces en las zonas donde ya las sombras se han instalado. Los ojos grises de la mesera me están mirando y aprovecho para hacerle la seña por la cual ella comprenderá que le estoy pidiendo otro cortado. Memoro cuando le escribí a mi hermana Leticia aquello de “Que las esperas inexorablemente se cumplen” y memoro al hombre que está solo y espera de Scalabrini Ortiz, memoro a los solitarios en masa, esa otra muchedumbre.

Libertad.
Esa voluntad
Arrolladora
Tiene el color de
la sangre como
Lo sabe quien
Por ella muere.

Causa,
Trascendencia
No en el entendimiento
Sino en el ser
Voluntaria
Liberación en
El todo.
Acción del
Insitnto.

Andrajos de ciudad. Pedazos. Esparcidos por las calles. Seres cosificados que deambulan en búsquedas imposibles de hallar en lo buscado. Es hoy. Sólo hoy, nada más que hoy. Mañana puede ser tarde. Recordar aquellos días de esperanza, cuando una nube era todo un acontecimiento, un árbol, verde primavera, verano tórrido, otoño ocre de cadenciosas hojas pendulando en su caída o inviernos de escarcha en las zanjas matinales. Todo podía ser significado en la belleza, en el sentimiento y decíamos: “Sentir. Sólo sentir. ¿No es maravilloso?”

Uno con el mundo
En el mundo,
Cielo diáfano
Arroyo que va
El lago corta la
Montaña para que
Esta se hunda en
Ese diáfano cielo
Reino de belleza
Connotada verdad.

02 de octubre del 2006
© Helios Buira

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