Queridísimo
Máximo.
Deseo que todo
esté bien por tu lado, en tus adyacencias.
Días pasados
estaba esperando mi turno en el consultorio de la doctora que me cuida y tomé
al azar (¿al azar?) una revista de las muchas que tiene en la sala de espera,
para que los pacientes (los que esperamos) no pensemos tanto en el por qué
estamos allí; la distracción es un buen argumento para quien va a un médico por
cuestiones de salud.
Leía títulos,
pasaba las hojas distraídamente, pues mi atención, estaba en la secretaria, que
pronunciaría mi nombre cuando llegase mi turno para ingresar al consultorio,
cuando “algo”, llamó a mis ojos para detenerme ahí. Emoción profundísima al
darme cuenta que mis ojos estaban viendo una foto en la cual tu rostro se
mostraba nítido, junto al anuncio de la presentación de un nuevo libro de tu
autoría.
Desde ese
instante, la catarata de recuerdos me llevó a diferentes momentos en los cuales
tuvimos maravillosos encuentros. Recuerdos, ganas de verte, de hablarte, de que
nos encontremos, todo eso junto, como apiñado, ganas de que nos viésemos en
algún Bar de esta querida buenos Aires, quizás, rememorando aquellos tiempos en
que los poetas, los artistas plásticos, los músicos, solían reunirse allí, en
ese refugio de soledades, para ganar el tiempo.
Sería bueno que
retomásemos las perdidas tertulias para hacer el ritual de la existencia, de la
vida, oponiéndonos a estos tiempos de locura, desenfreno, corrupción, de
violencia y de muertes.
Siento que se
ha perdido el rumbo.
Herbert Read
dice que si el artista no crea, el filósofo no piensa.
Acuerdo con eso
y se me hace que tal vez ésta sea una de las últimas, sino la última de las
posibilidades para corregir la dirección en el camino hacia el fin, por el cual
transita la civilización.
Quiero decir
que sólo la fe y el arte pueden salvar al hombre.
Y el arte, es
un acto de fe.
El poder ha
construido un mercado que lo decide todo. Nada, pareciera ser que pueda
detenerlo, puesto que lo sostienen la especulación, la vanidad y la hipocresía;
cosa que quienes tienen el poder mercantil no se ruborizan en absoluto por
estas tres “virtudes”
Y desde allí a
la injusticia más feroz, amparada en la impunidad, que hace que en un planeta
habitado por seis mil millones de personas, haya dos mil millones que están
bajo la línea de pobreza y de esos, trescientos millones morirán en los próximos
años por causa del hambre.
Máximo, esto es
aterrador.
Al otro día.
Estoy en el
taller.
Tarde calurosa.
Da Palestrina
me acompaña con su música bellísima desde un CD. Mis verdes y queridas plantas,
me cuentan que están contentas desde el color de sus hojas, un sahumerio aroma
el estar.
Trabajo sobre
una serie que di en llamar “Las Escaleras de lo Real (o del Ascenso Espiritual)”
y la metáfora se vincula con la elección de trepar en el mundo ambicioso, o
bien de elevar el espíritu en conexión con la Energía Universal.
Me agradaría
que pudieses ver lo que estoy haciendo, pues tengo la fantasía, más la expresión
de deseo, y el deseo, todo eso junto, de que me escribas un texto para el catálogo
de la próxima muestra. Claro, si esto no perturba tu tiempo y tus ganas.
Hace tiempo que
pienso en un texto de tu autoría, desde tu poesía, pues sé que será distinto y
hondo en su concepción.
Si querés, nos
encontramos y charlamos sobre esto.
Y como alguna
vez me dijiste: “Que el Azar Concertado sea el que decida”.
Como en
aquellos años juveniles en mi taller, te sigo leyendo en voz alta, ahora con la
suma de tiempo y otras personas, que quiero y por ello les obsequio tu poesía.
Sé que de esa manera, sus almas se elevarán.
Te aprecio Máximo.
Va mi abrazo
lento y apretado.
PS.
La serie tiene
otro título posible: “De Escaleras y Otras Referencias (Subir, no es lo mismo
que elevarse)
Sabés, lo hemos
hablado, que mis títulos van y vienen, hasta que me decido por el que será.
© Helios Buira
No hay comentarios:
Publicar un comentario