jueves, 13 de diciembre de 2012

MANUEL DORREGO

23

Hoy vivimos tiempos de un gobierno popular, que fue elegido por el 55% de los votos.
Desde el 2003 hasta la fecha, se enviaron al Congreso y se promulgaron leyes que hasta hace algunos años, serían impensables e imposibles debatir.
Leyes de inclusión, de reparación, de imponer justicia.
Y se debate como nunca, un modelo de país que difiere de todo lo anterior, que pretende llevar adelante una nueva manera de hacer política, una nueva manera de concebir la economía, desde la visión política y no a la inversa, cosa que tanto daño nos hizo a los argentinos.
Es por ello, que al no “gobernar”, las corporaciones y los grupos económicos, intentan por todos los medios, de poner trabas a una gestión que se corresponde con el Movimiento Nacional y Popular.

Manuel Dorrego fue asesinado el 13 de diciembre de 1828 por orden de Juan Lavalle.
O sea, se cumplen, en este día, ciento ochenta y cuatro años (184) de aquel aberrante hecho.
A dieciocho días de terminar aquel año, quien fuera Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, recibió ocho (8) balazos en el pecho, disparados por un pelotón unitario

Dice Norberto Galasso, historiador:
“Los unitarios no podían dejar con vida a Dorrego sin correr grave peligro de que este los pusiera al desnudo ante la opinión pública de la época y ante la Historia. Necesitaban acallarlo para siempre.
En estos días, se han publicado varios artículos referidos al fusilamiento de Dorrego. En general, se ofrecen algunas explicaciones, en este momento tan importante en que estamos revisando nuestra historia: que Lavalle y otros militares lo consideraban traidor por haber pactado con el Brasil el reconocimiento de la Banda Oriental como país independiente (no tuvo otra solución pues el Banco Nacional, con mayoría de accionistas ingleses, cumplió con el mandato del cónsul inglés, Lord Ponsomby, de negarle fondos para proseguir la guerra), o que sostenía una concepción latinoamericana y de ahí su entrevista con Bolívar, o que se apoyaba en el suburbio de Buenos Aires (siendo, en esto, antecesor de otros caudillos populares como Alsina, Yrigoyen y Perón), o sus tratativas con Bustos para sancionar una constitución federal con el apoyo del resto de los caudillos. Hay verdad en estas aseveraciones, pero no en todas, y creo que se omite la más importante.
Creo que la causa fundamental obedece a otra razón: los unitarios no podían dejar con vida a Dorrego sin correr grave peligro de que este los pusiera al desnudo ante la opinión pública de la época y ante la Historia. Aquí reside el motivo principal de que Salvador María del Carril y Juan Cruz Varela presionaran a Lavalle para el asesinato: ellos no podían permitir que Dorrego hablase. No podían ponerlo preso y hacerle luego un juicio, ni siquiera solamente desterrarlo como ya lo había hecho Pueyrredón en 1819. Necesitaban acallarlo para siempre”.

O sea, que desde los albores de la Patria, los miserables unitarios, no sólo se oponían a quienes intentaban gobernar federalmente, sino que, decididamente, los asesinaban.
Quienes hoy somos contemporáneos, sabemos muy bien qué hicieron o mandaron hacer los grandes grupos económicos, las corporaciones, cuando un gobierno no “hacía” lo que ellos querían que se haga.
Digo entonces:
Hasta que no derrotemos para siempre a quienes son capaces incluso de traicionar a la Patria cuando de defender sus intereses se trata, no podremos vivir tranquilos.
La desetabilización, las perturbaciones, los intentos de obstrucción apelando a todas las formas posibles, cada día, se nos hacen más visibles.
Esas maniobras y estrategias, ya no pueden conseguir lo que durante años y años consiguieron.
Hoy, se cumple otro Aniversario del fusilamiento de Manuel Dorrego.
Sería bueno entonces, reflexionar sobre el modelo de país en el cual queremos vivir los argentinos.

© Helios Buira

miércoles, 12 de diciembre de 2012

TUCUMÁN ARDE. ARGENTINA LLORA

22

Creo, si mal no recuerdo, que fue por noviembre de 1968, cuando se inauguró la Muestra Tucumán Arde.
Fue en uno de los momentos del régimen del dictador Juan Carlos Oganía, golpista de un gobierno elegido constitucionalmente.
La muestra fue presentada como la Primera Bienal de Arte de Vanguardia y pese a las explícitas críticas al gobierno de Onganía, no fue censurada.
Pero, al ser montada semanas más tarde en la sede de la CGT de los Argentinos de Buenos Aires, al otro día de la inauguración, la policía amenazó con cerrar la sede y los artistas fueron quienes levantaron la exposición.
Esta muestra, esta obra, produjo una de las  fracturas más importantes en la producción artística argentina.
Una vanguardia artística que se comprometió con las problemáticas sociales.
Cuando llegó la dictadura del ’76, hasta el ’83, la más sangrienta de todas, muchos de los artistas se replegaron por cuestiones de seguridad, otros partieron al exilio. Y también los que fueron desaparecidos.
Tucumán Arde, es un referente imposible de ignorar.
Surge como una obra colectiva realizada por pintores, fotógrafos, escritores, sociólogos y cineastas de Rosario, Santa Fe y Buenos Aires, con un objetivo de denuncia.

Por los años ’70, bajo la cobertura legal del decreto 261, se inició un operativo militar para compatir a los grupos guerrilleros que se movían en los montes tucumanos.
Fue el inicio de un ensayo que culminaría en 1976, cuando los militares dan un golpe de estado, que sería el más sangriento, el más criminal de todos los golpes dados en Argentina.
En el ’76, se inició la noche del horror.
En el año 1975, se creó en Famaillá, provincia de Tucumán, el primer centro clandestino de detención. (A esto me refería como inicio de un ensayo que nos llevaría al horror)
Los encarcelados en ese lugar eran torturados, vejados y muchos de ellos, asesinados. Se dice que por allí pasaron más de mil detenidos.
Al frente del operativo independencia, estaba el General Acdel Vilas, Fue designado por su pertenencia al peronismo y por su estrecha relación con José López Rega, que fuera Ministro de Bienestar Social.
Vilas se transformó en el hombre fuerte de la provincia, a tal punto, que el Gobernador Amado Juri toleró desplantes que llegaron casi a la humillación y por supuesto, calló las atrocidades que comenzaban a ser parte de esa “lucha”, en la cual se torturaba, asesinaba, violaba y robaba a pobladores del campo y la ciudad, que se encontraban en total indefensión. 
Vilas había dicho: “No vengo a combatir a la guerrilla, sino a la subversión” Y allí, entraban todos los que pensaban distintos, pues consideraba que la guerra, pasaba eminentemente por lo cultural.
Después de esta experiencia horrorosa, el Ejército dio el golpe de Estado, tomó el gobierno, el poder y ya sabemos qué nos pasó a los argentinos.

Hace apenas un día, un tribunal tucumano resolvió, “por unanimidad”, que ninguno de los trece imputados por el secuestro y la promoción de la prostitución de Marita Verón debía ser condenado. Cuatro horas después de lo anunciado inicialmente, tras esperar bajo el calor espeso del fin de la tarde en las escaleras del Palacio de Justicia, Susana Trimarco (Madre de Marita) escuchó que la Sala II de la Cámara en lo Penal absolvía a los acusados para quienes la fiscalía había pedido entre 25 y 12 años y medio de prisión, en función de las responsabilidades adjudicadas.
Claro, en un juicio, nadie, pero absolutamente nadie, puede sentir lo que le pasa a una joven secuestrada, luego golpeada y violada hasta quebrarla emocional y psíquicamente, para luego obligarla a ejercer la prostitución.
Los tres jueces, a los que considero corruptos, miserables, dijeron que cumplieron con su deber.
Tucumán arde. Argentina llora.

© Helios Buira

martes, 11 de diciembre de 2012

SOBRE EL PODER DECIR

21

Sé que se trata del sujeto.

No interviene en absoluto realidad alguna, de todas las realidades que nos rodean.

Yo y el mundo vamos, como también el otro va con su mundo.

Toda apreciación valorativa, es esencial y absolutamente subjetiva.

Y si hablamos del mundo del arte, del mundo de la expresión artística, ya no hay disquisición posible. Es así. No de otra manera.

La obra es en sí. Cosa instalada en el planeta.

El hacedor, desde su más secreta subjetividad, considera que nos está diciendo algo que él quiere decir o necesita decir, y que a la vez, puede decir. Claro, siempre y cuando se tenga algo para decir.

Yo, observador, lector o escucha, según de qué género del arte se trate, desde el sujeto que soy, desde mi más secreta subjetividad, le daré significado o no, a eso dicho y hecho por el artista, a través de la razón del sentimiento. El arte pertenece al universo sensible del hombre. En esa zona se da el encuentro, el diálogo. No en otro lugar.

Puedo ejemplificarlo de la siguiente manera:

Estaba yo mostrando mis obras escultóricas en una galería de arte, era el día inaugural y los invitados llegaban, saludaban, se saludaban entre sí quienes se conocían, me alababan con las palabras que siempre suelen decirse en esos acontecimientos: felicitaciones, buenos deseos, buenos augurios en energía favorable.

En un momento dado, ingresa a la sala un escultor amigo, quien luego de saludarme recorre las obras, las observa, se detiene por un tiempo prolongado en algunas más que en otras y, al terminar ese recorrido, se acerca y me dice: -Helios, ¡te están pidiendo tamaño, quieren tamaño! –debo aclarar que eran esculturas de pequeño formato, no más de setenta centímetros de altura las de mayor volumen- Respondí, como pude, que ellas me habían salido así, que tal vez querían ser de ese tamaño y no de otro... digo, vagamente...

Mientras esto hablaba con mi amigo, ingresa a la muestra otro escultor, conocido de ambos, que nos saluda y realiza el consabido recorrido observatorio. Seguía yo en la conversación con el que había llegado primero y cuando el otro termina su viaje apreciativo, me abraza y me dice: -Helios, éste es el tamaño de tu obra. Que bien se las ve.

Tomé una mano de cada uno de mis amigos, las junté, hice que a su vez se tomaran entre ellos y les dije: -Muchachos, ahora, la pelea es entre ustedes, para discutir acerca del tamaño que debe tener una obra. En este caso, la mía. Yo no tengo nada que ver en esa discusión.

Otro ejemplo, en la misma muestra, unos días después:

Estaba yo con Ana Krause, discípula que frecuentaba mi taller, que no había podido asistir el día inaugural. Como no había otro público, recorríamos la muestra tranquilos, con tiempo, ella me hacía comentarios, cosa que yo le pedía para que fuese esa charla, una prolongación de las clases que tomaba en el taller. En un momento nos detenemos ante una de las figuras y ella me dice: -Por qué ese color, ¡qué fea pátina! Mi respuesta, la misma que a los otros amigos en el día inaugural: -Me salen así, ellas me piden el color, no especulo racionalmente, son emociones...

En el mismo instante en que esto estoy diciendo, ingresan tres mujeres –a las que no conocía-, recorren la muestra y cuando llegan al lugar en que estábamos Ana y yo, una le dice a las otras:

-¡Miren que hermoso color el de esta escultura!

Miré a Ana directamente a sus ojos, sonreí y le dije; -Ana, esta es la clase de hoy.

Y un tercer ejemplo:

En otro lugar, en otra exposición, de un artista que no conocía en persona, pero sabía de su obra. Esta vez, yo recorría los trabajos, pinturas y dibujos. Me presenté, saludé al artista y seguí observando una por una. Mientras tanto, ingresa a la sala una pareja, hacen el camino de comunicación con lo allí expuesto y escucho que el hombre, le comienza a explicar a la mujer, todo lo que el artista quiso decir con cada una de las obras, se mete por todos los vericuetos posibles de la interpretación; pero lo que yo veía y sentía que el artista había hecho, distaba mucho de las palabras de ese joven. Cuando se retiraron del salón, el artista me dice: -Bueno, al menos mi obra sirve para que alguien pueda conquistar a una chica con sus “conocimientos”. Ambos reímos, porque en verdad, eso habíamos sentido ante tanta interpretación y la “solvencia” para narrar esas interpretaciones.

Que digo con esto: que el único modo de saber de qué se trata cuando alguien se detiene ante una obra, sea para observarla, leerla o escucharla, es a través de su mundo sensible, de su cosmogonía, de todo su Ser.

Porque el artista, expresa lo que está del otro lado de la realidad. Y únicamente se puede llegar a “esa otra” realidad, a través del mundo sensible, que es el único mundo que puede ver el otro lado de las cosas.

Cuando Van Gogh pinta “ese” árbol, termina pintando “el otro”, el que le pertenece a él, que no está en la realidad, sino que está sólo en sus cuadros. Porque el artista, pinta lo que está en la realidad, no, lo que “se ve” en la realidad.

El artista, sea de imágenes, palabras o sonidos, expresa ese otro mundo tal vez sin saberlo, o quizás, sabiendo qué quiere decir, pero lo que no podrá saber jamás, es cómo será vista, leída, o escuchada su obra. Ese, es uno de los mayores misterios de la creación artística.

Y aparece aquí la forma. El puente para poder decir. Y eso que el artista tiene para decirle a los otros, necesita de una forma para ser dicho. Entonces, se hacen inseparables: contenido y forma.

Van Gogh, para decir “ese” árbol, sufría y luchaba esforzadamente, cuando sentía dudas, cuando su espíritu no encontraba la manera. Hay cartas memorables sobre este tema, escritas a su hermano Theo.

Muchas veces, esas formas, al no ser sentidas, luego comprendidas por el observador, generan un rechazo y dan lugar a cuestionamientos que tanto dolor han causado a muchos artistas, en el transcurrir de la historia del arte.

Cuántas veces, se ha visto que mucho de lo catalogado de feo, el artista lo transformó en belleza. Para el artista, todo puede ser llevado a un estado de belleza. Para él, la fealdad está en la conducta inmoral del hombre, en la injusticia de unos hacia otros, en el ambicioso sin escrúpulos, en el traidor de causas nobles.

Y toda esa resaca de los hombres, a su vez, es utilizada por el artista para luego devolverlo en belleza, en la posibilidad de elevar nuestros espíritus a Zonas Sublimes. Me vienen a la memoria las imágenes de los fusilamientos de Goya, o del Guernica, que estos grandes españoles testimoniaron para los tiempos.

Por ello, Austen Heller, ese magnífico crítico de arte, pudo decir: «Y que Dios me condene si la grandeza debe ser alcanzada por medio del fraude.»

El compromiso del artista con su obra, pero, a la vez, con el tiempo en el cual transcurre su existencia.

Se dice que a Baudelaire lo vieron mientras escribía poemas en la barricada y con un fusil al hombro; van Gogh le escribe a su hermano acerca de la durísima vida de los mineros y los tejedores. Dice en una carta de agosto de 1880: «Los obreros de las minas de carbón y los tejedores son una raza un poco distinta a la de los demás trabajadores y artesanos y yo siento hacia ellos, una gran estima... El hombre del fondo del abismo, de profundis, es el minero; el otro, de aire pensativo, como de soñador, es el tejedor. Cada día encuentro algo conmovedor, hasta desgarrador en estos obreros pobres y oscuros, los más desvalidos de todos, puede decirse, los más despreciados...»

Y qué hizo el desdichado, el maravilloso Vincent, pintó “Los comedores de papas”, una de las obras más intensas sobre la condición humana de quienes sufren por las injusticias.

La obra es en sí. Cosa instalada en el planeta.

El artista, sólo tiene tiempo para hacerla. Luego, “el otro tiempo”, se encargará de cuidarla, de sostenerla, de llevarla hacia zonas insospechadas, de tal manera, que cincuenta mil años después, nos extasiamos ante la Venus de Willendorf, o la emoción que nos produce Safo, cuando setecientos años antes de Cristo, nos dice: «Se han puesto ya la luna y las pléyades. Es media noche. Pasa el tiempo. Y yo sigo durmiendo sola.»

Mientras que Rabelais, allá por el mil quinientos,  nos diera a Gargantúa y Pantagruel, o el mismísimo Cervantes El Quijote, para luego, doscientos años después que ellos, Beethoven haría la Ofrenda de su Novena Sinfonía, cuando ya estaba totalmente sordo, como diciéndonos a gritos, que esa era la música que tenía adentro de sí, para Gloria de Dios y de los Hombres”.

Y nosotros hoy, aquí, en este mundo al que se le han resquebrajado los cimientos, esta civilización incomprensible, doliente,  que camina amortajada hacia su propio funeral, preguntándonos qué es el arte. Y podríamos agregar en el interrogante, para qué sirve el arte en tiempos como este que nos toca existir.

Cuál es el compromiso hoy, o cuál debería ser el compromiso del artista tal como va el mundo.

El compromiso con su obra y con el mundo. Cuál.  

© Helios Buira

lunes, 10 de diciembre de 2012

JOSÉ PEDRONI

20

Cuando con mi hermana Leticia creamos La Calle de los Títeres, (fruto de su visión creadora), en la Avenida Caseros y Baigorri, donde había estado lo que fue El mesón español, convocamos para el día inaugural a quienes considerábamos quizás, los mejores, los más grandes, los verdaderos creadores del arte titiritero.
Estuvieron allí Mané Bernardo, Javier Villafañe, Pepe Ruiz y el Guayra Castilla.
Una multitud de espectadores se apiñó cerca de los retablos para ver y escuchar las obras de quienes a partir de ese día, serían los artistas fundantes de La Calle que para nosotros, era un homenaje a Javier Villafañe.
Fue un día maravilloso
Luego, me llegó desde Pepe Ruiz, este bellísimo fragmento de José Pedroni, vinculado fuertemente al mundo de los títeres.

Una figura hermosa
Se hace con poca cosa.
Se necesita un matecillo,
La luna,
Papel, harina, pelo de cepillo,
Tul de cuna, un pañuelito, un broche
Cuyo brillo se acaba…
Elena usó su cinta aquella noche.
Recuerdo que cantaba.

Belleza y sensibilidad sideral para componer esa maravilla.
José Pedroni pertenece al grupo de poetas que buscan la identidad del pueblo y lo hace con lucidez y leal fraternidad.
Poeta en todo sentido, poeta de la vida. Dijo alguna vez: “Elegir los propios poemas para una selección, es tan difícil y doloroso como escoger entre hijos o nietos para hacerles objeto de un regalo… Cada poema, de los quinientos que he escrito, es para mí como una cosa viva, y esta es la hora en que aquellos que, por uno u otro motivo, he ido dejando de lado, me miran seriamente, como si yo hubiese cometido con ellos una mala acción”
Ese párrafo nos dice quién y cómo era Pedroni.
Su poesía adquiere unidad a lo largo de toda su obra, recorre su propio curso. Su verso es amigo de todo el pueblo, que lo pasa de boca en boca, a veces, acompasado por el sonido de alguna guitarra.
Y hay que marcar enfáticamente, una profunda distancia entre popularidad y vulgaridad, que hace al fondo del problema estético. Desde que el arte es comunicación, el artista busca un destinatario. Y se ha nutrido en la fuente original, que no es otra que el pueblo. Que luego, el mercado, los mercaderes, las revistas especializadas, los marchands, los curadores y demás lo hayan encerrado y aislado, ese, es otro tema a debatir.
Pensemos en el Guernica. ¿A quienes masacraron los alemanes? A un pueblo. ¿Dónde se nutrió Picasso para semejante obra? En esa realidad. Y podría nombrar cientos de obras que hoy son “disfrutadas” solamente por los entendidos, muchos de quienes son incapaces de entender el sentido y el significado de la palabra pueblo.
Pedroni confiere grandeza al tema que propone, lo mismo que al instrumento más humilde. Conquista el mundo en que vive.
El poema es su respiración natural. Llegó a un grado tal de expresión, que paradójicamente, no se siente ni se ve la forma. Claro, así como tampoco pensamos en el momento de respirar. O sea, respiramos.
Pedroni nos brinda en su poesía una ternura del conocimiento. En las palabras más humildes, nos muestra el cosmos.

Dice César López Ocón, Titiritero:
Lo realizado por Pedroni revela que el poeta no tuvo necesidad de que le explicaran qué son los títeres, ni se vio necesitado a seguir un cursillo. El poeta auténtico siempre dialogará con los títeres en su propio lenguaje, como viejos conocidos. Porque, qué petulancia sería querer explicar a un poeta qué es el arco iris, la paz, el amor. En este caso, además, se hace verdad lo que afirma Javier Villafañe: “Se aprende a hacer títeres en 10 segundos. O no se aprende nunca”.

Así fue como en octubre de 1957, José Pedroni funda el Teatro de Títeres de Pedro Pedrito, en cuyo elenco figuraba humildemente como asesor.
Creo que por ello, Pedroni fue el poeta que fue.  Y que es.
Su poesía es un trato familiar por su espíritu amplio, por su alma abierta, y por allí entraron todas las cosas que él, al indagarlas en lo profundo, las elevó al universo sensible donde se encuentra la Belleza.

Invito a leer una versión de cómo se creó La Calle de los Títeres publicada en MI Blog, que, no se corresponde con la veracidad de los hechos, (porque esa nota fue escrita sin recurrir a las fuentes, que somos mi hermana Leticia y yo) pero sirve a modo a acercamiento a esa bella historia. CLIC AQUÍ

© Helios Buira

domingo, 9 de diciembre de 2012

MALLEA

19

En la Rábida
De Cerrito y
Juncal
Madrugada.
Tenue llovizna
de invierno.
Café humeante.
Mirándote
mientras vos
me leías a
Mallea.

Cierta vez, Sábato me contó que luego de haber insistido en distintas editoriales, llevando sus originales que no querían publicarle, volvía caminando por la calle Florida y en la vidriera de una librería de las importantes, había una foto de Eduardo Mallea. Al verla, pensó: “Cuando me tocará a mí estar así, presentado como Mallea”
Digo que le tocó, que fue tocado y Ernesto Sábato es el que es, el que miles y miles sabemos.
Ambos, han escrito a una Argentina sufriente y profunda, a través de la existencia de sus personajes.
Sábato, es uno de mis preferidos.
Mallea, me ha impresionado por su estilo diferente, por una manera de transfigurar personajes y situaciones con la esencia del país que narra. Pero a la vez se universaliza.
Se me hace que él conoce a fondo las palabras que utiliza para sus obras, tanto el misterio, como el significado de cada una de ellas. Podría haber dicho como Borges: “En la palabra rosa, está la rosa” Pero creo que Mallea sabía por qué allí está la rosa.
Por ello siento que lo dicho por él, tuvo que ser dicho de esa manera, siendo imposible hacerlo de otra.
Arte y sentido ritual aunado en su prosa.
Aquel “Yo no busco. Encuentro” de Picasso, en Mallea se da al mismo tiempo. La búsqueda, es un hallazgo en sí. Un hallazgo expresivo, un llegar propio a lo que tiene para decirnos. Una verdad revelada.
Y la poesía que emana de textos maravillosos. La honda belleza que propone su vitalidad expresiva. ¿Es un poema en prosa, su obra?
Él mismo dice: “Pero se trata de un orden interior: lo que se ve de afuera es sus estado eminente poesía. Pues poesía es lo que queda vivo aún después que la muerte ha pasado”
Lo dice en su libro Poderío de la novela.
Y allí también dice, en el capítulo Palabras sobre un arte, mientras le habla a los jóvenes de una universidad: “No le aconsejo a usted ninguna filosofía, y en puridad, no me gustaría mucho que la tuviera. (En rigor, una filosofía no sirve más que para enseñar a buscar otra) Pero me daría satisfacción pensar que en la base de usted mismo, y de su arte, radica primordialmente la idea de conflicto. Casi no valdría la pena escribir si no existiera la idea cenital de la contienda trágica del alma consigo misma”
Así escribía él. No lo que dice en ese párrafo, sino en lo profundo de su obra. Porque si pudo decirle esas palabras a los jóvenes, es porque era su praxis literaria.
El arte de Mallea, fue adquiriendo ese plus que propone el andar de vida de las obras perdurables.
Exaltación severa es lo que hace crecer la obra de este inmenso escritor.
La bahía del silencio, caló hondo en mi existencia. Libro que he leído en varias oportunidades y qué, luego de esto que acabo de escribir, volveré a encontrarme con esa maravilla de obra.

© Helios Buira

sábado, 8 de diciembre de 2012

POR LA MAÑANA

18

El intento.

Iniciar un día. El día. Que es todos los días. Que es la vida en el tiempo que transcurre. Ese otro tiempo no vinculado a cronos.

Despertar, ir abriendo los ojos como para saber dónde me encuentro, no sea que todavía esté deambulando por la noche, en el sueño.

Tocar algo reconocible; tal vez la pava en la cual calentaré agua, luego ir hacia el mate, pasar previamente por el paquete de yerba, verter ésta en ese recipiente pequeño que acepta la forma de mi mano cuando se cierra sobre él para contenerlo, para sentirlo, luego insertar la bombilla y esperar que el agua esté a punto para dar inicio al ritual que abrirá la puerta de este día.

En tránsito. Sin detención. Aún sentado a la mesa sobre la que se apoyan los papeles graficados con tintas al solvente, papeles blancos que ya tienen la marca, el estigma de una línea que cobra forma reconocible y es figura, filigrana en grises y negros, contrastes, esfumados, formas para decir, cuando hay algo que decir; pugna constante que le da sentido a mi existencia.

Mientras en la pava, el nivel del agua desciende; la yerba muestra el desgaste, la transformación a la que es sometida en cada sorbo. Y cavilo.

El silencio se retira cuando enciendo la radio, sintonizando la 103.7 y es Brahms el que saluda, el que me da los Buenos Días con el Primer Movimiento de su Primera Sinfonía y siento, como él dice, que el destino golpea a mi  puerta. La abro en la metáfora, de par en par y entra por esa abertura un aire fresco, agradable, que me hace respirar hondo para que mis pulmones se llenen de aquel bosque que el Gran Músico le describía a Clara Vick en cartas memorables cuando le decía que mientras caminaba, sentía que transitaba sobre sinfonías dada la belleza del lugar.

Ay... si uno pudiera llegar a ese sentir... a esa comprensión del sentimiento para vivir en condición plena, de completud.

Y aparece una imagen: Deola, memoro los Pensamientos de Pavese y escucho la voz de Graciela preguntándome en La Giralda si todavía sigo con Deola y le cuento cuando Walter Santa Ana recorriendo con el ojo de sus manos, tocando, acariciando una figura sentada a la mesa de un bar, mientras me decía: “-Helios, me recuerda a Maillol” y la emoción más intensa, entretanto él recitaba a Rabelais, en Palabras Calientes y en medio del Poema, ante un auditorio que nunca supo porque, Walter, nombrando a todas las putas les dice: "-porque también está la Deola de Helios". Y ahora Graciela te llamás, caminando hacia Plaza Once, sin anteverme a tomarte de la mano porque treinta años pasados es muy fuerte, es tanto en el recuerdo sin saber que vendrías desde un correo electrónico a sacudirme la existencia una vez más.

Aquí estoy ahora intentando despertar del todo, tomando envión como quien dice, acomodándome en el día. A través de la ventana observo que todo está gris, el gris de los bellos días otoñales, salpicados del ocre que el viento desprende de los árboles. Y el arabesco del gorrión que se posa sobre una rama, inquieto, movedizo, mirando a un lado, a otro, moviendo su cabecita en rapidez; de repente un imperceptible impulso y vuela planeando hacia la vereda, pienso que va a detenerse pero no, continúa con un aleteo resuelto y toma altura saliendo del alcance de mi vista. Me quedo pensando en él y en aquellos gorriones que todas las mañanas venían a buscar las miguitas de pan que yo esparcía por el patio y ellos, a saltitos picoteaban aquí, allá, partiendo después seguramente hacia sus nidos a llevar el alimento que necesitaban los pichones. Era en primavera. Pero aquellos gorriones son otros recuerdos. Hoy estoy para futuros. Tengo un día por delante. Y debo ganármelo. Las hojas blancas esperan que la tinta comience a ocupar espacios. Deola está llegando nuevamente. Viene de la mano de Pavese.

© Helios Buira

viernes, 7 de diciembre de 2012

SOBRE BALZAC

17

Nace en junio de 1799.
Creo que Napoleón, para esa fecha, ya había estado en varios lugares y daba comienzo al Imperio con el cual quería apoderarse del mundo. En esa circunstancia crece el Genio de la literatura. Es cuando Balzac comienza a escribir. Tal vez aún no lo sabía, pero no escribe como los demás. No para hacer dinero, o para divertir, ni llenar escaparates con sus libros, sino para dominar el mundo literario, tal cual el emperador quería hacerlo por otros medios. Pero en paradoja, su obra nace en una buhardilla.
Se prueba. Escribe bajo seudónimo. Insatisfecho por lo logrado, abandona la pluma durante cuatro o cinco años. Se dedica a otros menesteres. Pero dado que tenía que ser el más grande de Francia, una fuerza misteriosa lo lleva a escudriñar, no lo trivial, el detalle, la apariencia sino, decididamente, el fabuloso mecanismo de los instintos originarios; los de la Condición Humana.
Y es así que comienza a poetizar la realidad. Y crea otro mundo. Y lucha. Y muestra lo inexorable. Y en ese cuartucho donde inicia la nueva senda, convergen todos sus héroes, que son las formas elementales de la sociedad. Sus héroes, que son sus creaciones. Y lo que allí se agrupa, es la vida entera, la vida misma.
La vida que él mismo padeció, como cuentan que en su juventud, cuando toda su comida era un trozo de pan seco, dibujó con tiza en la mesa de la buhardilla la circunferencia de unos cuantos platos inscribiendo en ellos el nombre de los majares
más apetecidos, para así, encontrar en el pan, por pura sugestión de la voluntad, el sabor deseado.
Tal vez, de esta manera, por el mismo motivo, haya creado esa Comedia Humana tan impresionante, engañando a su pobreza con la riqueza. Eternamente agobiado por las deudas, atormentado por los acreedores: ¿No sentiría algo especial, creando personajes ricos y poderosos?
Y trató de crear también cuestiones en la vida práctica, como la imprenta en la cual fundara un periódico. Pero terminó en bancarrota. Sí, quien conocía en sus novelas todos lo vericuetos de la economía, el que creaba ricos por doquier, el que conocía las artimañas de los usureros, de los conquistadores de fortunas, quedó con una pila de deudas que le hicieron gemir durante toda su vida.
Sólo su demencial voluntad de coloso le permitió sobrevivir y sobrellevar su obra hasta el final. 

© Helios Buira